La cuadra de tala

Desde siempre tuve una irremediable atracción por los caballos, desde luego que no en el plano sexual, sin embargo era evidente que me gustaban mientras que yo parecía gustarles a ellos, así que prácticamente obligué a mis padres a pagarme clases de equitación. Aunque al principio se mostraban renuentes y de hecho lo consideraban como un capricho absurdo de mi parte que olvidaría una vez satisfecho, con el paso del tiempo demostré una dedicación y amor incondicional a la carrera ecuestre con lo que aceptaron sin mas que la caballería era lo mío. Tanto que adaptaron una pequeña propiedad en las afueras de la ciudad para albergar a una pequeña cuadra, misma que pasó a ser de mi propiedad al cumplir la mayoría de edad. Desde luego cuando una se convierte en toda una mujer, descubre que los caballos además de ser preciosos animales sorprendentemente inteligentes y nobles, tienen otros atributos que los hacen prácticamente irresistibles. Durante mis años en el instituto ecuestre, había tenido oportunidad de escuchar las conversaciones secretas de las alumnas mas avanzadas sobre "dejarse montar", "tirarle una paja" y otras cosas que por aquella época no tenían ningún sentido para mi, ahora todo era distinto y llevaba un tiempo maquinando lo que sería montárselo con un caballo, literalmente hablando por supuesto. Finalmente arreglé todo para un fin de semana, di un par de días libres a los empleados y así, me quedé por completo sola en la propiedad, no estaba segura de hasta donde llegaría pero si que después de ese fin de semana no sería la misma.

La ansiedad me consumía por completo, deseaba que la noche terminara y apenas pude conciliar el sueño con todas las ideas en mi cabeza revoloteando. A primera hora me di un baño y así, desnuda y libre salí de mi habitación rumbo al establo, nunca hubiese imaginado escenario tan perfecto, cielo azul, nubes aborregadamente blancas, apenas una brisa suave y reconfortante. Todos mis preciosos animales ya estaban despiertos y luego de considerarlo por unos minutos decidí empezar con Terio, un alazán magnífico con el que había ganado una importante competencia el año pasado, nunca le había agradecido todo su desempeño así que era justo que fuera el primero.Lo lleve fuera del establo y por primera vez en la vida lo monte a pelo, el primer contacto de su sedosa piel contra mis labios vaginales me produjo fuertes descargas eléctricas. Me moje por completo tan pronto sujete las riendas en la primera vuelta. No tenía idea si a el le producía efecto alguno sentir la humedad de mi sexo pero a mi, me tenía con los ojos en blanco y mas de una vez tuve que confiar en su apego para continuar. La sensación era exquisita, sentía mi vulva vibrar de mil formas diferentes, en un momento dado no pude mas y estalle en un multiorgasmo que me dejó viendo estrellas por un par de segundos.

Aún jadeante y con la compostura deshecha, noté que le había bañado su lomo de flujo y éste, mas bien su aroma parecía inquietarle pues aspiraba fuertemente, abría descomunalmente sus fosas nasales y se mostraba atento a los movimientos de mis caderas. Estaba decidida a seguir con el juego y lo llevé de regreso al establo pero antes de entrar, resolví atarlo afuera pues día tan magnífico no podía desaprovecharlo. Frente a él me abrí un poco de piernas y le di a oler, desafortunadamente no prestó toda la atención que yo hubiese querido por lo que resuelta fui hasta sus cuartos traseros, recuperé algo de flujo de entre mis piernas a manera de lubricante natural y empecé a masajearle la tranca aún oculta dentro de su bolsa. Bastaron unos minutos para que le saliera un trozo considerable, no sabía si llevármelo a la boca o seguir acariciándolo con la mano porque aun cuando la tentación era mucha, un pene equino en las manos es una sensación muy agradable y distinta a la que se percibe con el pene del hombre y que vale la pena disfrutar ampliamente. Mientras que yo me encontraba extasiada ordeñando el instrumento de Terio, éste se notaba cada vez mas inquieto, dando pasitos atrás y adelante haciendo que su pene se bamboleara de un lado a otro, era muy gracioso y al mismo tiempo excitante, tanto que sin dejar de pajearlo le probé la punta con la lengua. El sabor era muy fuerte nada que pudiera definir en esos momentos. Ya resuelta como estaba, me lo metí de una buena vez y tanto como mi garganta me lo permitía. Creo que ha sido de las pocas veces en que he tenido un orgasmo con apenas tocarme, pues aún dándole brillo con una mano con la otra me acariciaba el clítoris, terminando en un orgasmo sencillo y no tan avasallador como el que experimenté montada minutos antes. A pesar de que todo iba perfecto, me decepcionaba que su miembro no alcanzaba toda la dureza de que la que sabía era potencialmente capaz de dar un caballo. Todos mis esfuerzos no fueron suficientes para hacerlo venir: mamarlo a todo lo largo, pajearlo con las dos manos, suave o con frenesí despiadado, chuparle la punta o lamerle esa carne rosa brillante que me volvía loca. Al final solo conseguí irritarlo y frustrarme por lo que lo conduje al interior del establo.De cualquier manera y como ni todos los orgasmos que hasta el momento había conseguido, parecían extinguir esa ansia en mi interior por probar a toda la cuadra entera, me dirigí a mi siguiente elegido: un azabache y que pese a su majestuoso poderío apenas montaba. Sin mayor preámbulo le di a oler mi sexo que para ese entonces seguía rezumando flujos. Sorprendentemente mi olor parecía agradarle mucho mas que a Terio, tanto que me dió un par de lengüetadas que casi me tiran de la fuerza. Tras un par de minutos de olisquear entre mis piernas, le asomó espontáneamente una tranca, delgadita pero muy larga y esta vez dura como una piedra, la cúspide de todos mis deseos.

Rápidamente me fui en su búsqueda y me di a la tarea de drenarlo, quería verlo correrse de cerca y de una buena vez, sentir su esperma desbordarse de mis manos, salpicando mi cara, mojando mis labios con su blanquecina viscosidad, quizás probarlo... no lo sabía de momento. El azabache relinchaba, todo él era una sinfonía de alocadas quejas que a mi se me antojaban de satisfacción, mi mente volaba tanto o quizás mas rápido que mis manos al pajearlo. De pronto noté que el resto de mis animales relinchaban también, sin duda excitados por el espectáculo, iba a ser un estupendo sin de semana. Mis divagaciones y expectativas fueron sorprendidas por un chorro de esperma, podía sentir vivamente como el fluido caliente, corría a todo lo largo del miembro para salir disparado al suelo con una fuerza impresionante. No pude contener un grito de satisfacción en las ultimas corridas, cuando un flujo filante escurría del miembro rápidamente flácido y colgante. Lo probé con la boca y desistí inmediatamente, el sabor era demasiado fuerte para mi gusto, sin embargo su venida había sido tan fantástica que me olvidé inmediatamente de ello, prácticamente hipnotizada por el charco de esperma en el suelo. Con los brazos molidos de tanto pajear pero con las ganas al tope, di un vistazo al resto de la cuadra, otros dos de mis caballos estaban dispuestos a ser complacidos y no tenía ninguna intención de dejarlos empalmados. Literalmente pegué un brinco al box de Leeloo y este me sorprendió haciéndome una ronda como a la que se le monta a las yeguas en celo. Eso me causó mucha risa pues la idea era por demás persuasiva pero no suponía como iba a ser capaz de montarme un caballo, de todos los contingentes su peso era el mayo problema y ni pensar en tener un accidente, ahí, sola por completo en la propiedad no podía arriesgarme a ese nivel. Como a mis anteriores amantes, le hice una paja de antología sin embargo, eso no parecía satisfacerle gran cosa, en todo momento se mostraba inquieto y muy insistente en la monta. Rápidamente pensé en una solución, descabellada pero que tenía posibilidades de éxito. En un box contiguo apile unas cuantas pacas, las suficientes para darle un punto de apoyo para sus patas delanteras. Al terminar, el cuadro parecía una escalera con un hueco en medio, no sabía si iba a servir de algo o si encontraría una forma para lograr la penetración pero caliente como estaba, era todo lo que se me ocurría y además iba a poner todo mi empeño en que resultara.

Saqué a Leeloo y lo llevé hasta la "cama", colocándome con las piernas separadas, flexionando mi cuerpo descansando el abdomen sobre las pacas de manera que tuviera a su disposición mi trasero. Desde siempre había reconocido la inteligencia de estos animales, pero en definitiva, su instinto natural sobrepasaba cualquier cosa pues de inmediato trato de montarme. Se alzó sobre sus patas traseras, cayendo pesadamente sobre las pacas a mis costados y por un momento quise desistir de la monta al sentir un par de estocadas fortísimas sobre mis muslos que me dijeron lo fuerte con que iba a embestirme de hacer diana. Apenas busqué un punto de apoyo para salir debajo de las pacas cuando prácticamente me alzó en vilo, había acertado quedando empalada con un trozo enorme de miembro en mi vagina.

El dolor era insoportable, estaba segura que me había desgarrado y a cada bombeo era peor. Me sentía como una mariposa clavada por un alfiler, a merced de las arremetidas de Leeloo. El maldito caballo no dejaba de follarme a pesar de mis gritos y cada vez embestía mas fuerte, mis lagrimas corrían como un río por mis mejillas. Era un completo desastre. Apenas habían pasado unos segundos desde la penetración pero para mi, eran como horas de interminable angustia. De pronto, tuve que pegar un grito, aún mas lastimero que los anteriores pues se estaba corriendo en mi interior, podía sentir su corrida caliente fluyendo en mi y sus relinchidos de triunfo en mi cabeza, era una cacofonía tan espantosa que apenas terminó de vaciarse y se desmontó, me desmayé.

Al despertar mi cabeza retumbaba, de mis muslos escurría todo lo que había vertido en mi interior, mis pies estaban en el medio de una laguna de esperma frío. A pesar del dolor, nunca había sentido esa clase de avasallador poder y absoluta supremacía frente a un macho. Me sentía adolorida y por completo desfogada, difícilmente podía pensar en coger sin que me dolieran todos los músculos al unísono. Tras una rápida revisión no encontré muestras de sangre, parecía estar bien sin embrago podía tener daños internos o algo peor, quizás después de una examen medico regresaría para terminar con lo que había empezado, apenas habían sido tres caballos y pese a todo, en mi cabeza seguía fija la idea de ser la amante por lo menos una vez, de todos en la cuadra. Cuando se prueba a un caballo por amante no importa que pase, es una experiencia difícil de olvidar y que siempre mantiene viva la llama.

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