Zoofilia caprina

Hola, me llamo Rodrigo, tengo 17 años y vivo en Valencia, Venezuela. No sé si viene al caso, pero mido 1,75, peso 80 Kg, voy mucho al gimnasio y por eso se me marcan bastante los músculos, soy moreno, ojos marrones y cabello negro.

Las tardes en la finca de mi abuelo son bastante aburridas, en una de esas fastidiosas y calurosas tardes, estaba solo en la casa, porque mi abuelo había ido a Acarigua a comprar unas cosas para el ganado, pues él criaba carneros, ovejas, cabras y vacas, me dejó limpiando el establo de las ovejas, terminé bastante agotado, el sol estaba en pleno mediodía y el calor era insoportable, me quité la camisa, quedando solo con unos ajustados jean y unas botas, me senté en un paquete de paja a fumarme un cigarrillo (lo que hacía clandestinamente).

Mientras limpiaba había encontrado una revista Playboy, sería de uno de los peones o del capataz, que se encontraban de vacaciones, me puse a hojearla, las calientes fotos de esos hembrones y el incesante calor, me tenían el machete mas tieso que un palo, me bajé los jeans hasta las rodillas y me descargué dándome un pajazo brutal.

Quedé semi-insconsciente por el orgasmo, tenía todo el pecho y el abdomen cubierto de leche, me quedé fumándome otro cigarrillo mientras me recuperaba, cuando una extraña sensación me hizo salir de mi relajación soporífera súbitamente, era Baco, el nuevo carnero que mi abuelo había comprado para que fuera el semental del establo, estaba lamiéndose mi leche.

De repente con su áspera lengua, comenzó a lamerme el güevo, las bolas y hasta el culo, la sensación era increíble, ya la paloma se me había puesto tiesa de nuevo, el amable caprino siguió lamiéndome, cuando terminó se volteó y comenzó a comer heno como si nada, casualmente pude ver que estaba muy excitado, su verga aunque grande, no superaba la mía, estaba en todo su esplendor, entendí que le gustaba la situación, alzó su cola, dejando descubierto su rosado y pequeño culito, lo que me puso mas cachondo, sentí que el carnero quería que me lo cojiera.

Lo tomé por las patas traseras y lo traje hacia mí, en otras circunstancias me habría dado asco, recuerdo como tildaba de sádicas las costumbres de los hombres de los campos que solían "pegarse" de vez un cuando a una burra o una vaca; es que se veía tan provocativo, ese culo tan pequeño y rosado, además de un macho, aunque no fuera humano, nunca había tenido nada sexual con algo de mi mismo sexo, lo que me excitaba aún más.

Lo acerqué a mi erecta herramienta de carne, cuando apoyé la cabeza de mi güevo en la entrada de su culo, sentí una oleada de placer que inconscientemente, lo sostuve mas fuerte y empujé con todas mis fuerzas, sólo logré introducirle un poco más que la cabeza,cuando comenzó a berrear y a patalear desesperado, me imagino su dolor al sentir su pequeño ano, penetrado por mi inmensa tranca, pues a pesar de mi edad, estoy muy bien dotado (23 cm), pero no iba a quedarme con esa calentura.

Lo halé por las patas traseras, me puse de rodillas y de un solo empujón se lo había emburrado completamente, que exquisita sensación, su culo era tan cálido, apretado y sentía que me succionaba el güevo cada vez que berreaba desesperada para sacarse esa estaca que profanaba su culito.

Cuando ya se había amoldado su culo al calibre de mi machete, comencé a metérselo y sacárselo lentamente, mientras crecía mi gozo comenzaba a embestirlo mas violentamente, sus quejidos de dolor aumentaban mi excitación, me lo cabalgué un rato, cuando sentí que ya iba a acabar, lo tomé por los enroscados cuernos y comencé a bombearlo con una brutalidad increíble.

Ya su apretado culito cedía a mis empujes sin poner resistencia, por fin toda mi calentura salió de mi cuerpo junto con un impresionante torrente de cálida leche, aún mayor que el anterior, caí sin fuerzas en el montón de paja, el pobre carnero pudo zafarse de mi yugo, con algo de dificultad se levantó, caminó un poco, un delgado hilo de semen salía de su culo a la vez que cojeaba un poco.

Esta vez la eyaculación me dejó casi dormido, no creía lo que acababa de pasar, cuando me recuperé tomé un pedazo de saco y me limpié, me puse los pantalones y me decidía a irme para la casa, me voltee, en el umbral de la puerta estaba mi abuelo viéndome con unsonrisa de complicidad y me dijo:

- ¿Caramba Rodrigo, como que ya le estás encontrando la parte divertida al llano?

Continuará...

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