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Natalie / 2da parte |
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| Mi primera salida como una chica había sido en mi juventud, estaba emocionada y durante casi toda la noche, estuve recordando cada uno de los minutos que habían trascurrido desde el inicio de mi trasformación. La rutina diaria del instituto y de mis clases de idiomas, se rompía las noches que podía trasformarme en Natalie, ese era el nombre con que me había bautizado. Las noches que salía, procuraba hacerlo siempre un poco mas de tiempo y cada vez mejoraba en mi aspecto y forma de moverme. Un día quise dar una sorpresa a mi mejor amigo. Con él
había tenido alguna conversación sobre el tema de la transexualidad
pero sin decirle que mi intención era en un futuro poder convertirme
en una chica. En las conversaciones le llegue a decir que no podría
reconocer a un chico conocido transformado en una chica. Quede en un bar cercano a mi casa, que cerraba bastante tarde, a las
diez de la noche, mis padres se encontraban fuera de casa en nuestra casa
de campo y no volverían hasta la mañana siguiente. La chica que trabajaba en casa le propuse que saliera esa tarde con su
novio y que no volviera hasta la mañana siguiente antes de la llegada
de mis padres que estaba prevista para las once de la mañana. A las siete de la tarde comencé a arreglarme, lentamente me depile
el poco vello que tenía en el cuerpo, axilas y zona testicular,
dejando la zona que desde muy pequeño me dejaba sin depilar sobre
el pene. A continuación después de ducharme, prepare un
baño relajante de espuma perfumado, al salir mi cuerpo rezumaba
un perfume muy agradable que excitaba a cualquiera. Me esmere en el maquillaje, con tonos algo más fuertes que en
otras ocasiones. Había comprado unas lentillas de colores que cambiaban
el color y la expresión de los ojos, utilice las que mas me gustaban
y mejor me sentaban, unas de color gris. El maquillaje iba cambiando la forma de mi rostro transformándolo en el de una preciosa adolescente, había destacado los ojos con tonos bastante atrevidos, pero muy combinados y nada exagerados. La mascara de las pestañas aumento su volumen y forma.
Los pantis se deslizaron por mis piernas perfectamente depiladas como
un guante, dándolas forma. Utilice un corsé que me había
comprado para disminuir mi cintura y levantar el poco pecho que tenia.
El sujetador se amoldo al contorno de mi pecho y tomo forma al introducir
en su interior dos prótesis de silicona que también había
comprado últimamente discretamente a través de Internet. Al ponerme el vestido sentí una rara sensación, fue como
el principio de una nueva forma de vivir, iba a mi primera cita con un
chico. El vestido se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, los finos tirantes dejaban al descubierto mis hombros y mi silueta era la de una bella adolescente. Me coloque la peluca ajustándola a mi cabeza comenzándola a darle forma y volumen. El color castaño rojizo que tenía destacaba mi rostro perfectamente maquillado, al acabar de peinarme, rocié con un poco de laca el peinado. Sentada en la mesa, comencé a colocarme las uñas postizas que había comprado para este momento, después de limarlas con mucho cuidado, aplique la laca de uñas del mismo color que la barra de labios. Me miraba una y otra vez en el espejo de la habitación de mis padres y no podía dar crédito a lo que en el se reflejaba, una preciosa chica como la que a mí me gustaría ser. Eran ya las nueve cuarenta y cinco y me encontraba totalmente decidida a dar el paso de contar a un gran amigo mis intenciones futuras. Perfile mis labios y los rellene con la barra de labios que también había comprado para esta ocasión, aplique un poco de rubor en mis mejillas y finalice el mejor maquillaje que había hecho hasta la fecha. Metí en el bolso la barra de labios, el maquillaje en polvo, el perfume, un paquete de pañuelos de papel, un monedero, las llaves de casa y mi documentación. Tome del armario una chaqueta, me calce unos preciosos zapatos de tacón que hacían juego con el bolso y después de volver a mirarme de nuevo en el espejo inicie una nueva experiencia como una chica. Baje las escaleras procurando no hacer mucho ruido con los tacones, hasta
llegar al descansillo del portal, tome aire y decididamente me dirigí
al portal bajando las escaleras que lo separaban de la calle. Cuando me
encontraba a la mitad, una persona entraba desde la calle, era uno e los
vecinos de la casa, amigo de mis padres. Estaba tan seguro que no me reconocería
que me dirigí resueltamente hacía la puerta, me dejo pasar
sujetando la puerta y saludándome. Le sonreí contestándole
pausadamente con una voz que ni yo mismo podía entender de donde
salió. Ya en la calle pase por la casa de repuestos, sonreí al muchacho
que siempre salía cuando pasaba por delante de la tienda, me siguió
durante un buen rato regalándome los oídos con bonitas palabras
sobre mi cuerpo. Llegue al bar, mi amigo se encontraba en una de las esquinas del mismo,
había además otra persona y una pareja sentada en una de
las mesas. Abrí la puerta y decidido me senté entre mi amigo
y la otra persona que se encontraba también en la barra, sin ningún
miedo pedí al camarero un refresco, la voz volvió a salirme
como la de una chica. Al sentarme en el taburete, la falda se subió mas de la cuenta
bajándomela como había practicado tantas veces en mi casa. Mi amigo no hacía mas que mirarme, parecía que le gustaba
y no me había reconocido, el otro hombre que se encontraba también
en la barra le sucedía lo mismo. Por fin mi amigo se decidió
a entablar una conversación. Al principio no le hice caso, pero
poco a poco fue acercándose y entablamos una conversación.
No podía entender como había cambiado mi voz tan rápidamente,
era seguramente fruto de la entonación que pretendía fuera
lo mas pausada posible y de las practicas que realizaba en casa. Eran las once de la noche y mi amigo no hacia mas que mirar su reloj,
ante esa insistencia le pregunte si esperaba a alguien, me dijo que a
un amigo, pero que había pasado ya una hora y seguramente no vendría. Intente que me contara sus intenciones sobre su cita, pero solo me dijo que era su mejor amigo y que quería decirle esa noche un secreto que no sabia nadie sobre él. Seguí intentando sonsacarle mas información, cada vez me contaba alguna cosa mas, hasta que en un momento, me miro a los ojos y exclamo, “no me lo puedo creer”, eres tú, mi amigo Carlos, le mire y le indique que no lo dijera muy alto. Me miraba una y otra vez y repetía la frase “no me lo puedo
creer”, eres una preciosa chica con un precioso cuerpo. Me levante de la silla y le pregunte si le apetecía dar una vuelta,
pago las consumiciones y nos fuimos del bar, me abrió la puerta
y en ese momento me considere toda una mujer como me estaba considerando
mi amigo Luis. Ya en la calle le agarre del brazo paseando por la calle como una pareja más. Me confeso que intento ligarme para irse conmigo y dejar a su amigo que tardaba en llegar, cuales eran en ese momento tus intenciones pregunte. Medijo que llevarme a su casa a tomar una copa y lo que se terciase. Me arme de valor y le dije que porque no íbamos a su casa como pretendía, me miro y acepto. Subimos en su coche y nos dirigimos a su casa, era un pequeño apartamento, muy bien decorado. No sabía lo que iba a pasar pero estaba decidida a todo. Nos sentamos
en el salón, me preparo una copa y puso una música muy melodiosa,
colocándose en un sillón frente a mi. Su curiosidad era
cada vez mayor, quería saber como había llegado a convertirme
en la chica que era en ese momento. Todas las preguntas las respondía
con la sinceridad de un amigo que ha contado su secreto a otro. Cada vez
le veía mas excitado, mi presencia mi olor y mi forma de hablar
y expresarme le gustaba. A una de sus preguntas sobre mis manos, le dije que se sentara junto a mí para poder verlas mas de cerca y tocarlas. Tenia unos anillos en dos de los dedos de la mano derecha y otro en la izquierda. Al sentarse a mi lado, me tomo la mano e instintivamente la beso, un escalofrió recorrió mi cuerpo. Hice intención de retirar la mano, pero me la sujeto muy amablemente
pidiéndome perdón. En ese momento hice lo que me estaba
pidiendo el cuerpo, besarle. Se quedo unos instantes paralizado, pero
se acerco un poco mas y me respondió con otro beso, abrí
mi boca y su lengua se introdujo en el interior recorriéndola completamente
buscando la mía con la que se entrelazo. Al soltarme mi mano se deslizó hacía su bragueta, notando
su miembro muy excitado. Con mucha tranquilidad comencé a desabrocharle
el pantalón y sin saber como me encontré acariciando el
miembro de mi amigo Luis. No creía lo que estaba pasando, como
había llegado a ese extremo, pero también sin darme cuenta
estaba introduciendo ese hermoso miembro dentro de mi boca. Notaba como
latía en mi interior y como la lengua se deslizaba por todo él,
sin dejar ningún lugar sin lamer. Era la primera vez que lo hacía pero parecía que lo había hecho en innumerables ocasiones. Cada vez era mayor el ritmo con el que entraba y salía de mi boca, hasta que note que algo iba a pasar, un chorro de semen choco contra mi garganta. Su sabor era algo dulce y viscoso, nada desagradable. El ritmo era cada vez mayor, notaba como disfrutaba y yo me sentía feliz haciendo feliz a mi amigo como una chica. Poco a poco fui pasando mi lengua por cada parte de su pene, limpiándolo totalmente, se encontraba destrozado y no sabia que decir, quería que yo disfrutara como él lo había hecho. Mire el reloj y le dije que otro día volveríamos a hacerlo
mas tranquilos y durante mas tiempo, que tenia que irme a mi casa porque
eran ya casi las tres de la madrugada. Pase al baño para retocarme
el maquillaje, pintarme los labios y arreglarme un poco el pelo. Me acompaño hasta mi casa en su coche, despidiéndonos con un beso en el portal de mi casa, ante la mirada del muchacho del taller de ruedas. Subí las escaleras moviéndome sensualmente y muy feliz por la noche que había pasado, tome el ascensor, pulse el piso de mis padres y espere a que llegara a su destino, mirándome coquetamente en el espejo del ascensor. Sin ningún miedo introduje la llave en la cerradura y de repente se abrió la puerta y me encontré delante de mi madre que me preguntaba quien era yo y que hacía entrando a esas horas en su casa. El mundo se me vino encima y comencé a llorar, y dije que era su hijo, mi madre me metió en el cuarto de baño y me hizo quitarme toda la ropa que llevaba y entrar en la bañera. No hacía mas que decirme que no lo entendía, que era un chico y lo que tenía delante era una chica. Me calme y empecé a contarla que yo quería ser una chica,
que así es como mejor me sentía y que mi mejor regalo sería
poder tener un precioso pecho y una vagina como cualquier chica. Esas
palabras la enfurecieron y empezó a pegarme, pero sus golpes no
llegaron a impactar en mi. No fue posible ningún dialogo, aunque mis intentos fueron en esa
dirección. Pedí que habláramos el día siguiente sobre el tema
y que no se lo contara a mi padre, que fuéramos a algún
medico que pudiera ayudarme a realizar mi sueño. Mis palabras no tuvieron respuesta, los días siguientes fueron
muy duros, ni mi padre ni mi madre me dirigieron la palabra. Por fin al
cabo de una semana mi madre me dijo que iría al medico, creí
ver en esas palabras la solución al problema, pero no fue así. El medico no tenia ninguna intención de solucionar mi problema
sino mas bien lo contrario, no hacía mas que decirme que mis pretensiones
eran imposibles y que debería acudir a un psiquiatra para que me
tratara de mi rara enfermedad. Así fue y durante seis meses acudí
tres días en semana a un psiquiatra que intento convencerme que
estaba enfermo mentalmente. Al principio pretendí que lo que había
leído sobre la transexualidad lo aplicara en mi caso concreto dándole
datos de personas que habían cambiado su aspecto exterior. Al final no tuve mas remedio que seguirle la corriente y conseguir que esas sesiones acabaran, pero sin conseguir ninguna solución. A mis padres sin embargo les hice creer que el psiquiatra había conseguido su propósito. La vida en mi casa comenzaba a ser bastante normal, mis padres empezaban nuevamente a relacionarse conmigo como el chico que era, pero me tenían bastante controlado en cuanto a mis salidas y relaciones. Era totalmente imposible poder acceder a ninguna prenda femenina y mucho menos a cualquier producto de maquillaje. Mi madre controlaba mis pertenencias cada día y hurgaba en mi armario en busca de algo que pudiera delatar mis tendencias. Empecé a estudiar en la universidad la carrera de diseño, me relacionaba con todos mis compañeros normalmente pero en mi cabeza recordaba una y otra vez mi última salida como Natalie, la despedida de mi amigo Luis en el portal de casa de mis padres, nuestro emplazamiento para volver a disfrutar el uno del otro. No había hablado con el sobre el encuentro con mi madre, me entere que a los dos días tuvo que irse al pueblo de sus padres por un problema familiar. Todo esto pasaba por mi cabeza casi todos los días, recordando esos maravillosos recuerdos. Empecé a pensar la manera de independizarme para poder realizar
mis sueños, pero mi intención principal era terminar mi
carrera para poder en un futuro trabajar en lo que me gustaba y posteriormente
desarrollar mis tendencias sexuales con seguridad. Los veranos los pasaba en casa de mi abuela, mis padres no me dejaban solo en casa bajo ningún concepto. El segundo verano, intente poder controlar mi verano lo más posible, para ello conseguí unas llaves de casa de mis padres para poder realizar mis deseos tranquilamente. La chica que trabajaba en casa de mis padres era el ultimo año que estaría con nosotros pues se casaría el otoño siguiente, tenia que aprovechar ese vestuario que tan bien me sentaba. La segunda semana en casa de mi abuela, invente una salida con mis amigos de acampada. La chica de mis padres se encontraba con ellos de vacaciones, por lo que la casa se encontraba totalmente sola. Unos amigos me dejaron todo lo necesario para un fin de semana de acampada y el viernes por la mañana salía de casa de mi abuela presuntamente para pasar el fin de semana en la sierra. La semana anterior había comprado varios productos que sabía
no tenía en casa de mis padres. Eran las doce de la mañana cuando entraba en la casa para pasar
un fin de semana como Natalie. Prepare un baño para empezar a relajarme
antes de comenzar a trasformarme en la chica que siempre había
querido ser. La depilación fue el primer trabajo que realicé.
Las piernas y las axilas tenían algo de pelo ya que llevaba mas
de año y medio sin depilarme, lo mismo que la zona de mi pene.
Poco a poco fui pasando la maquinilla sobre las zonas a depilar. La bañera
estaba preparada para acogerme con el agua bastante caliente, al salir
me aplique después de pasar un buen rato en la bañera, una
crema hidratante perfumada. Delante del espejo depile algo la zona de
las cejas para no tener que utilizar tanto emplaste para cubrirlas. Tome una maquinilla de las utilizadas para depilar para afeitarme algo
de barba que tenía que se había ablandado por el baño
y los paños de agua mucho mas caliente que me aplicaba antes de
pasar la maquinilla, a continuación aplique una crema hidratante
de día en cara y cuello. Recogí el pelo hacía detrás sujetándomelo
con una goma en una pequeña coleta, una cinta definió mi
cara. Busque las prendas que antes había utilizado en mis anteriores
trasformaciones, había bastante ropa interior nueva, escogí
la que mejor me sentaba. Los tangas eran siempre las primeras prendas
que me colocaba e iniciaban mis primeras sensaciones femeninas antes de
trasformarme en la mujer que llevaba dentro. Estaba muy excitado y necesite
masturbarme para poder colocar mi pene escondido en el tanga. Me costo bastante tiempo encontrar el corsé que tenía mi
madre, al ajustármelo mi cintura tomo el tamaño deseado.
Tenía algo de grasa en el pecho y caderas, por lo que el corsé
subió mi pequeño pecho. Las nuevas prótesis que había
comprado eran algo mas grandes que las que había utilizado anteriormente,
al introducirlas en el sujetador y estirar de mi pecho hacía arriba,
la sensación era como si este sobresaliera del sujetador, creando
una pequeña hendidura entre ambos. Con estas sensaciones me coloque una bata y lentamente saque las uñas
postizas que había comprado, realizando anteriormente la manicura
y ajustándolas posteriormente en cada dedo. Con una lima las di
forma procurando que no existiera ninguna que raspara ni se enganchara,
de la misma manera lime las uñas de los pies. Una vez acabada la manicura, aplique dos manos de esmalte en cada uña,
esperando entre una y otra aplicación a que se secaran. Mis pies
que no eran nada grandes, quedaron preciosos con el esmalte y comprobé
como destacarían con los zapatos de tiras que había comprado
con un tacón de nueve centímetros que me hacían altísima. Empecé a peinar la peluca desenredando y cardándola, colocándola
en el soporte de la misma. Comprobé también cuanta gente
había en el bloque de viviendas, para que no existiera ningún
problema en mi nueva salida. Prepare algo de comida y me puse después
de recoger a ver la tele tranquilamente en casa. Las prendas que llevaba
en ese momento se habían ajustado perfectamente a mi cuerpo y parecía
que formaban parte del mismo. A eso de las seis de la tarde, empecé a pensar en comenzar a arreglarme,
saque la ropa y poniendo encima de la cama el pantalón y la blusa
que iba a utilizar. Como no llevaría medias necesitaba algo que
sujetara las hombreras que siempre había utilizado para aumentar
las caderas. Una faja pantalón muy fina que encontré en
el armario de mi madre me ayudo a ello y aproveche también a rellenar
algo más mi trasero. Las formas de mi cuerpo eran ya totalmente las de una chica, solo faltaba
comenzar a maquillarme. Llevaba año y medio sin haberlo hecho,
pero no se me había olvidado nada. La forma de las cejas, fue la primera operación que realice, después
de chocarme las lentillas, poco a poco fui achicándolas y dándolas
forma. El maquillaje se extendió sobre mi cara y cuello, disimulando
los pequeños defectos de la piel, los polvos trasparentes se fueron
aplicando sobre toda la cara, retirando el exceso con una pequeña
esponja humedecida. La sensación de terciopelo de mi cara la hacía
totalmente femenina. Las sombras de los ojos comenzaron a agrandarlos y definirlos, perfilándolos
en su contorno, con un pincel difumine ese contorno hacía el exterior
del ojo. El maquillaje definía la cara de la chica en que me estaba
transformando. La mascara de las pestañas se encargo de alargarlas
y curvarlas. Recordaba perfectamente cada zona de mi cara y como podía
sacar el mejor partido y los ojos eran una de ellas. Busque entre las joyas de mi madre un collar, unas sortijas unas pulseras
y un reloj que fui colocándome después de esparcirme una
crema de manos. Al ver mis manos veía las de una chica, con unos
dedos delgados acabados en unas preciosas uñas arregladas y pintadas,
las sortijas daban elegancia y vestían esas manos. Continuara....... nataliemujer@hotmail.com Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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