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Sofía tomaba el sol |
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Sofía tomaba el sol como si tal cosa, pero su mente no paraba... Desde que había llegado aquel hombre a su paraíso privado,
estaba un poco alterada. Al principio, se molestó y se preguntó
porqué diablos había llegado hasta allí. La verdad
es que la calita en cuestión no solo era difícil de localizar
por no ser excesivamente conocida, sino que además para acceder
a ella por tierra se requería un gran esfuerzo físico incluso
sin hacer calor, así que con la que estaba cayendo (35 grados a
la sombra), exigía mucho espíritu de sacrificio. No solo
había que subir una colina desértica, sino que después
había que bajar por una pared de rocas que era prácticamente
vertical en algunos tramos. Sin embargo, después se obtenía una grata recompensa. Era
un sitio recóndito y pintoresco, poco conocido y perfecto para
tomar el sol a solas en un entorno precioso. La época también
era idónea para ese fin: Junio, calor, pero sin gente de vacaciones
que irrumpiera para romper la armonía...salvo por aquel extraño. El hombre se había colocado a unos quince metros de ella, es decir,
casi en el extremo opuesto de la calita y se había desnudado completamente.
A Sofía después de la incomodidad inicial, la verdad es
que le gustó verlo desnudo, y sus sentimientos para con ese desconocido
empezaron a cambiar paulatinamente. Era un tipo atlético, como
ella, bastante alto, con una media melena morena y ondulada, y lo único
que llevaba puesto era varias pulseras en la muñeca derecha, un
colgante y algunos tatuajes. Además, por lo que se veía,
no estaba mal en ningún aspecto..... Descansaba después de un baño, sentado sobre la arena blanca
de la orilla, disfrutando del frescor del agua, que se colaba entre sus
piernas, y de la ligera brisa que agitaba sus cabellos mojados. La imagen excitaba la imaginación de Sofía, que ya llevaba
un rato largo observando al extraño a hurtadillas. Alguna vez le
había pillado a él mirando también en su dirección,
lo que la excitaba aún más. Pero porqué no iba él
a mirarla, se decía a sí misma, solo llevaba un tanguita
y sabía que estaba de muy buen ver; con su rizada melena pelirroja,
los ojos de un azul casi eléctrico, los pechos naturales muy bien
formados y firmes, que no se podía decir que fueran pequeños,
si bien estaban lejos de la hinchada tendencia actual. Tenía unos
pezones rosados preciosos y muy sexys, un vientre casi plano (con esa
ligera curvita que tanto excitaba a los hombres), y un culo que quitaba
el hipo, según le decían todos sus amigos. Tras mucho pensárselo se quitó el tanga, quedándose
completamente desnuda.... Sabía que eso llamaría la atención del desconocido.
En realidad, aunque habitualmente hacía top-less, nunca antes había
practicado nudismo. Pensó que sería una sutil invitación
que fomentaría nuevas miradas de aquel del extraño, que
sin duda se sentiría atraído por su ligero triangulito de
vello púvico, tan pelirrojo como su cabello, y por la piel blanca
que lo rodeaba, que delataba que en realidad se había desnudado
para él. Cuando llevaba un rato tumbada, dándole vueltas a su mente lujuriosa,
decidió ir a darse un baño tratando de aparentar en sus
movimientos toda la naturalidad del mundo, pero lo cierto es que ya estaba
muy húmeda y excitada. En realidad anhelaba provocar al extraño
las mismas sensaciones que ella estaba teniendo. La táctica funcionó
porque el hombre la siguió con la mirada, según pudo observar
por el rabillo del ojo. Sin embargo mientras salía del agua, observó con sorpresa
y bastante vergüenza, que el desconocido se acercaba hacia donde
ella estaba. Una cosa era imaginar y otra distinta ... Los pezones se
le endurecieron aun más y no precisamente por efecto del frío,
y a duras penas podía desviar la mirada del cuerpo de aquel hombre,
una de cuyas partes también parecía que comenzaba a cambiar
de textura. El extraño, le mostró la palma de su mano derecha,
y sonriendo le dijo: - Hola perdona, me llamo Héctor, no quiero molestarte pero es
que antes mientras buceaba entre las rocas, me he ido a apoyar justo encima
de un erizo, que sospecho que me ha clavado todas las púas que
ha podido el muy......!!. He conseguido sacarme unas pocas, pero tengo
las uñas muy cortas y hay algunas que no salen. He pensado que
a lo mejor a ti se te da algo mejor.... Sofía ya no sabía donde mirar. De cerca parecía
aún más apetecible, tendría treinta y pocos años,
y un aspecto de surfista bohemio, que le volvía loca. Un tatuaje
tribal le cubría gran parte del hombro izquierdo y le llegaba casi
al antebrazo. Nunca había visto uno así, era como un conjunto
de hojas que formaban una intrincada enredadera. Lo cierto es que, a pesar
de lo grande que era, le quedaba muy bien. Además, tenía
otro cerca del pubis en la parte derecha, que le pareció algo más
heavy pero muy sexy; eran unas llamas de vivos colores que
le subían por el costado. Sin embargo, todo eso lo observó en apenas un segundo, pues le
daba vergüenza mirarle detenidamente, ya que estaba enfrente de ella
completamente desnudo... Pero ella..... ella también estaba como
Dios la trajo al mundo!!!, pensó azorada. Él notando su
incomodidad, la miró con aire compungido: - No quería molestarte,..... pensé que tal vez podrías....
Bueno es igual, perdona...- y comenzó a darse la vuelta. Sofía le agarró del brazo del tatuaje, pero de pronto le
soltó, al encontrarse con la mirada perpleja del desconocido, sorprendida
por su propia reacción. Mirando al suelo, tímidamente le
dijo: - Venga, enséñame esa mano.- La voz le salió en
un hilillo. Héctor se la mostró, y Sofía vio que tenía
como de diez a quince púas clavadas. - En fin, mejor será que nos sentemos- Sentenció la muchacha,
cogiendo la mano sana del hombre y dirigiéndolo hacia su toalla. Se sentaron, y se miraron a los ojos por un momento. Sofía sonrió
pero inmediatamente desvió la mirada, al encontrarse de nuevo con
unos ojos de color marrón verdoso que le recordaron a los ojos
de un tigre o algo así; una mirada felina muy expresiva que denotaba
deseo. Héctor pensó que había sido una suerte haberse
encontrado con aquel erizo, para tener una excusa para acercarse a aquella
chica. Ella estaba roja como un tomate, su corazón se le salía
del pecho, lo que hacía que respirase con cierta dificultad, de
un modo casi jadeante, pero el tono de su piel y el color de su pelo contribuían
a disimular ese sonrojo, por lo que confiaba que él no notase su
excitación. Gracias a Dios!!!, pensó. Intentando mostrarse confiada le miró directamente a los ojos
otra vez y sonriendo le dijo: - Has tenido suerte chaval, me he traído mis pinzas... Héctor se moría de deseo, tenía que besarla... La
volvió a mirar a los ojos ladeando ligeramente la cabeza hacía
el hombro derecho, un gesto que ella ya había detectado que era
natural en él, y que le confería mayor intensidad a aquella
mirada felina. Ella se giró con la excusa de buscar las pinzas en su bolsa, pero
en realidad intentaba que él no notase su excitación. En
ese momento, Héctor le puso la mano en el vientre y girándola
suavemente la besó en los labios. - Todavía no me has dicho como te llamas pelirroja... - Sofía....- Prácticamente no podía articular palabra,
a causa de su respiración entrecortada... Él la atrajo hacia sí con fuerza. Ya no podía más.
Sus bocas volvieron a juntarse, y ella le concedió su lengua sin
poner reparos, es más tenía la acuciante necesidad de dársela,
y de buscar ávidamente la de él. Héctor saboreó los carnosos labios de Sofía, tomó
con su mano izquierda uno de sus preciosos pechos, y comenzó a
jugar con su pezón rosa que se puso duro como una roca. Ella comenzó
a jadear. Él bajó besando el cuello de aquella belleza,
comiéndosela toda hasta el otro pezón, que mordió
muy ligeramente. Su piel sabía a sal. A Sofía se le escapó
un grito. Por su mente pasó como un relámpago la posibilidad
de que alguien llegara y les viera, pero eso también lo hacía
más excitante... casi lo deseaba. Decidió buscar a tientas la verga del aquel formidable ejemplar
de hombre-felino. Lo ansiaba ya dentro. Se esforzó por verla. Al
tocarla, se mojo aún más, estaba dura como una piedra y
pensó que era de un buen tamaño. Hija mía, se dijo,
cada día eres más guarra!. Comenzó a pajearle, y
él se arqueó un poco suspirando. Al fin lo encontró, durísimo y orgullosamente erguido.
Lo chupó un poco, amorosamente, paseando la lengua en círculos
por el glande, bajando por el tronco, y finalmente subiendo de nuevo,
hasta llegar al pequeño orificio justo a tiempo de beberse una
gotita de líquido preseminal que le salía en ese momento,
lo que le pareció delicioso y excitante. Se la metió en la boca, y comenzó a hacerle una mamada
que no olvidase fácilmente. La chupaba delicadamente al principio,
pero su propia excitación era tal, que enseguida empezó
a hacerlo con más fuerza, arriba y abajo, sin parar, masajeándola
con la mano, que resbalaba por ese gran pene, y mirándole a la
cara de vez en cuando. Él permanecía tumbado completamente
estirado en la toalla, en tensión, extático, extasiado mientras
esa espectacular belleza pelirroja le devoraba. Le pidió entre suspiros, que por favor parase, que no podía
más, pero ella quería bebérselo entero, y no estaba
dispuesta a acceder a esa petición, aunque eso supusiese que después
tendría que esperar un poco a la recuperación de ese formidable
desconocido. Comenzó a acariciarle los testículos, y a chuparlos con
la misma devoción que hacía con el enhiesto miembro, alternando
los lametazos que le suministraba con pasión. Utilizó sus
dientes para rozar levemente el glande que estaba a punto de estallar,
para después cogiéndole de los huevos tragarse amorosamente
toda aquel nabo que le ponía a mil. Pero qué pedazo de tío!.
Quiero ser su esclava- pensaba. Así sintió como llegaba el orgasmo de aquel hombre, al
que - aun sorprendida de si misma - estaba subyugando en el sexo. Él al principio intentó separarla, preocupado por si ella
tenía reparos en que se corriese en su boca, pero ella se negó
en rotundo resistiéndose denodadamente, y así presa del
delirio la tomó por el pelo, para atraerla más hacia sí,
viniéndose entre espasmos, a lo que ella respondió succionando
y besando con pasión la cabeza púrpura, mientras se bebía
mares de una leche, que como la cálida promesa anterior, le supo
a gloria. Sofía siguió limpiando con su boca aquel magnífico
miembro, embriagada con la experiencia que acababa de vivir, y tan cachonda
que prácticamente no se reconocía a sí misma, mientras
besaba con deleite la el nabo de aquel desconocido, y se extasiaba con
el sabor de su semen. Nunca había hecho algo así antes. Todas sus relaciones
sexuales habían tenido lugar tras conocer, aunque fuera superficialmente
a sus elegidos, y aunque era ardiente y desinhibida nunca lo había
demostrado con tanta libertad. Desde luego jamás se había
comido tan ferozmente una polla, y menos aún la de un completo
extraño con el que apenas había cruzado un par de palabras.
De todas formas estaba contenta, aunque ansiosa por sentir dentro de sus
entrañas toda la potencia del tal Héctor, pero también
de darle placer absoluto e incondicional, atendiendo cualquier petición
que pudiera hacerle. Estaba embriagada de su sexo y quería más,
aunque por el momento tenía que dejarlo descansar. - ¿ Tú no estabas mal herido? preguntó jocosa,
mientras acariciaba el pene de Héctor. Desde luego no tenía
ya sentido mostrarse tímida. Él pareció desorientado y confuso. Nada que ver - pensó
ella divertida - con el despliegue de seguridad en si mismo del que había
hecho gala unos minutos antes, cuando se había acercado desnudo
a una completa desconocida con la excusa de las púas del erizo,
o cuando sin mediar palabra le cogió por sorpresa y le besó
en los labios. - Lo siento, no he podido... - No te preocupes.- Le cortó ella.- Ha estado bien.... De todas
formas, no creerás realmente que te voy a dejar escapar tan pronto. Héctor sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos
y perfectamente alineados. Sofía pensó, que el tío
era un cañón. La verdad es que estaba cachondísima.
Mientras, Héctor se había perdido en la mirada azul eléctrica
de ella... - ¿Eres de la isla? Preguntó Héctor. - No, he venido a pasar una semana, que me he tomado de vacaciones... - ¿Merecidas?. - Eso creo. - ¿ A qué te dedicas?. - Soy publicista. - ¿Trabajas para una agencia ? - Yo soy mi propia agencia.... - ¿Y te va bien ?. - Pues no va mal... aunque siempre podría ir mejor. - ¿Siempre preguntas tanto?. dijo ella sonriendo. - Perdona. Ella, se acercó y sin más, comenzó a comerle la
boca lujuriosamente. La erección de él, que prácticamente
no había menguado después del orgasmo, se hizo sin embargo
más patente, y ella la vio. Fue Sofía quien tomó la iniciativa, y acariciándole
la polla mientras le seguía besando con pasión consiguió
que él estuviera nuevamente preparado a pesar de lo breve del descanso.
Héctor se puso a Sofía a horcajadas sobre él, de
manera que su verga rozase su entrada, sin llegar a penetrarla, para frotarle
el clítoris con su glande. Ella le tomó la polla con la
mano, y empezó a masajear con ella su clítoris. Estaba mojadísima
y gemía de placer. Tenía un coñito precioso, rasurado, hinchado y húmedo
por la excitación y con el clítoris de rojo intenso totalmente
erecto. Héctor quiso probarlo de inmediato, y así tumbó
boca arriba a Sofía, que abrió las piernas totalmente. Estaba
flotando.... Comenzó a besar su pubis, con la ligerísima mata rojiza,
hasta llegar a su húmeda raja, que se abría ante él
por efecto del deseo. Sofía gemía como nunca lo había
hecho. Se corría y corría, no podía parar, ni quería
que parase. Héctor puso su boca justo sobre la raja, y empezó
a besarla como si de otra boca se tratase. Ella deliraba. Le metió
suavemente un par de dedos, mientras chupaba y mordisqueaba el clítoris
de la preciosa pelirroja que se debatía en éxtasis. Cuando la marea pasó un poco, ella se incorporó y entre
jadeos le dijo: - ¿ Puedo pedirte algo?. Él la miró y asintió expectante. - Me gustaría ver como te masturbas, mientras me lo haces con
la boca... Él enarcó un poco las cejas y sonrió. Sofía
casi no daba crédito a lo que acababa de decir. Estaba avergonzada.
Parecía que había sido completamente poseída por
su yo más morboso, y le había pedido a ese desconocido que
hiciese realidad una de sus secretas fantasías. Héctor incorporó un poco a aquella preciosa ninfa, poniéndola
a horcajadas, y se coló por debajo de sus piernas, para seguir
chupándola jugando con aquel precioso clítoris con sus labios
y su lengua, mientras con la mano derecha cogía su enorme y durísima
polla, y comenzaba a pajearse al principio despacio, porque pensó
que así le gustaría más a ella, y después
con el salvajismo con el que lo hacía habitualmente. Sofía
enardeció al verlo y sentir aquella boca en su coñito, y
empezó a correrse nuevamente entre combulsiones y gritos: - Sí...oh sí, sí, oh....... cariño, oh sí
cómetela toda.... pajéate bien oh....siiiiií.... Ése orgasmo de Sofía fue el más largo e intenso
que podía recordar, creyó que había concatenado varios.
Después de recuperar un poco el ritmo de su respiración,
se tumbó junto a Héctor y le dijo con devoción: - Haz conmigo lo que quieras... - Concedido... dijo él. Héctor, dejó que permaneciese tumbada pero le dio suavemente
la vuelta hasta ponerla de lado, para meter cuidadosamente su hinchado
miembro en esa preciosa conchita desde atrás. Cuando entró,
no podía creer lo maravillosamente cálida y húmeda
que estaba. Empezó a penetrarla despacio, mientras ella gemía
de placer. - Sí, por favor dámela.....Venga cariño.... No había nada que le diese más morbo que una mujer como
aquella le hablase de ese modo, así que la incorporó para
ponerla en cuatro, y comenzó a darle poco a poco más fuerte,
lo que a ella le enardeció aun más. Justo en ese momento comenzó a bajar por la pendiente rocosa,
otra joven pareja del otro lado de la cala, a unos veinte metros. Sofía
y Héctor los podían ver porque estaban colocados justo de
cara a ellos. Era evidente que estaban fornicando, pero ninguno de los
dos quería parar, y aunque hubieran querido difícilmente
habrían podido. Estaban demasiado excitados. Lo cierto es que a Sofía la presencia de los nuevos le ponía
aún más cachonda, y no se cortaba en disimular sus gemidos.
De hecho, cuando vio que se desnudaban completamente y que miraban en
su dirección, comenzó a correrse de nuevo, sollozando: - Vamos....vamos...oh.....oh sí......ah, ah, ah.........fóllame
Héctor, fóllame bien, clávamela toda!!!!. Héctor incrementó exponencialmente la potencia de sus embestidas,
mientras Sofía fuera de sí, miraba a los jóvenes
que ahora tenían a unos quince metros de distancia, y entraban
en la orilla. Entre sus espasmos de placer pudo ver sin ningún
género de dudas que el chico de enfrente se estaba empalmando.
La chica que iba con él también miraba en su dirección.... ---------------------- - Has visto a esos, no chavalín? - Preguntó Marta a Alex,
divertida. Él contestó afirmando con la cabeza, y dijo: - No te lo vas a creer, pero creo que el tío es el guitarrista
de Usurpadores, el grupo de rock. - Ah sí?.- dijo ella.- pues parece que se lo monta muy bien.-
y mientras decía esto, cogió la polla de su compañero,
acariciándola suavemente con lo que consiguió una total
erección. Marta era una morena escultural de curvas generosas y pubis rasurado,
con unos ojos verdes impresionantes, y una boca de las que hacen soñar
a los hombres. Tenía 33 años, aunque era tan lozana que
parecía más joven, con sus enormes pechos totalmente erguidos.
Tenía un bonito "tatoo" con motivos tribales, que le
enmarcaba las lumbares, lo que hacía destacar su orgulloso, enhiesto
y precioso culo. Otro pequeño tatuaje enmarcaba la zona superior
de su pubis rasurado. Alex, era un chico de 24 años no muy alto, pero sí fibroso,
rubio y con los ojos azules que solía tener bastante éxito
con las mujeres, por no decir que siempre lo tenía. Marta se arrodilló dentro del agua y empezó chupar la durísima
polla de de su joven compañero con deleite. Sofía y Héctor
seguían en lo suyo, pero él al ver lo que sucedía
en frente, quiso que su pareja le hiciese otra felación, de rodillas
como estaba Marta, mientras él veía como lo hacía
ésta que lo estaba poniendo cachondísimo, con las miraditas
que le dedicaba mientras se comía el pene a su compañero.
Así se lo pidió a Sofía, quien al oír la petición
se sacó el miembro del coñito, y dándose la vuelta
empezó a darle placer oral. Alex, le dijo a Marta que parase un momento, y le preguntó que
si alguna vez había probado el sexo en grupo. Ella contestó
que no, pero que no le importaría probar con aquellos dos. Así
comenzaron a acercarse a la otra pareja. Sofía seguía chupando la polla a Héctor con total
abnegación sin saber que se acercaban, pues estaba de espaldas
y muy concentrada en lo que hacía. Mientras con la mano izquierda
se masturbaba, lo que excitaba aun más a Héctor que no sabía
cuanto podría aguantar. Ello unido al hecho de ver acercarse a la otra pareja provocó
que Héctor, a pesar de sus denodados esfuerzos por aguantar, al
ver a la espectacular morena que ya tenía delante, se corriese
abundantemente en la cara de su preciosa pelirroja. Pero Sofía
estaba excitadísima, con el coño hinchadísimo y le
encantó jugar con el semen de él en su cara restregándose
aquel estupendo pene, y metiéndose hasta tres dedos en su almejita. Marta y Alex, ya habían llegado. Saludaron, y tras unos segundos
de desconcierto Marta besó sin ningún recato a Héctor
en la boca, que tras la sorpresa inicial, la cogió por la cintura
y devolvió con total soltura ese cariñoso saludo. Sofía,
entró en el agua y se lavó la cara. Por un momento se quedó
Alex empalmado y solo, pensando que su invasión había molestado
a la pelirroja. Sin embargo, ella volvió inmediatamente, echó una mirada
a la apasionada presentación entre Marta y Héctor, el cual
volvía a estar completamente empalmado, lo que le hizo pensar que
aquel hombre no era de este mundo, y mirando al nuevo compañero,
decidió que convenía darle igual bienvenida. Dejaría
que la morena disfrutase un poco de aquel semental, mientras ella probaba
al chico rubio, ¡que demonios!. Sofía cogió suavemtente a Alex, lo tumbó en la arena,
y empezó a morrearle, para un momento después, mientras
le mordía el lóbulo de la oreja, susurrarle: - Soy Sofía. ¿ Quien eres tú ?. Me gusta saber a
quien me follo. - Soy Alex- suspiro él, con una notable excitación. A Sofía ya no le sorprendía nada de lo que estaba siendo
capaz de hacer ese día, así que sin cortarse un pelo, se
sentó sobre la verga de Alex y empezó a cabalgar. Miró
a Héctor y a la morena, que ya estaba arrodilla frente al él
comiéndole la polla, y dijo entre suspiros: - ¿Te gusta que te la chupen, eh hombretón!?. Pues ven
si quieres que te la chupemos las dos.... Marta sonrió y se acercó a Sofía, cogiendo a Héctor
de la polla, como si lo llevase de la mano. El chico rubio estaba alucinado,
le excitaba muchísimo la fiera pelirroja que tenía encima,
pero ver a Marta comérsela a otro hombre casi le ponía más
aún. Así empezaron las dos mujeres una felación a dúo
de la dolorida e hinchada polla de Héctor, que no podía
disimular el gusto que sentía a pesar de los dos orgasmos que ya
llevaba. Sofía gemía con la boca llena, puesto que además
cabalgaba a Alex, quien, desde abajo, la embestía con la misma
pasión con la que ella recibía su miembro. Marta nunca había tenido una experiencia bisexual, pero le estaba
apeteciendo muchísimo probar. Así que aprovechando la felación
en equipo, no solo chupaba la polla y los huevos de Héctor, sino
que además de vez en cuando metía la lengua en la boca de
Sofía. La pelirroja al principio se sorprendió un poco, pensaba que había
sido accidental, pero no le había desagradado en absoluto, y a
pesar del torbellino de sensaciones que en ese momento la arrastraba,
en su mente también se estaba empezando a forjar la idea de probar
a otra mujer. Marta fue la primera que se decidió a ir más allá.
Dejó por un momento toda la polla de Héctor a su compañera
y mientras Sofía se la comía, comenzó a acariciarle
los pechos, para empezar después a besarle los pezones con fruición.
En ese momento Sofía se sacó la polla de Héctor de
la boca manteniéndola en la mano, y al ver lo que estaba pasando
su excitación fue tal que empezó a correrse otra vez, mientras
cabalgaba furiosamente a Alex, y suplicaba a Marta que siguiese. Alex
a duras penas podía aguantar más pero quería correrse
en la boca de una de las chicas, preferiblemente en la de Sofía,
pues eso realmente le estaba volviendo loco y se lo estaba imaginando
desde que llegó a la playa y vió como ella se la comía
a Héctor. Héctor estaba de pie expectante, con su polla en la mano de Sofía,
alucinado con el espectáculo, y deseando clavársela a Marta,
a quien miraba desde arriba y que le parecía una diosa. Sofía
fue frenando paulatinamente a medida que descendía de las nubes
del climax, de manera que Alex se la pudo sacar y saliendo del abrazo
de sus piernas, le pidió que favor se la chupara que quería
llenarle la boca de semen. Una petición así probablemente hubiera estado fuera de
lugar en cualquier otra parte y en cualquier otro momento, pero allí
y entonces a Sofía le pareció encantadora, y deseó
darle placer a ese chico, que a pesar de lo que le excitaba, curiosamente
le recordaba a su hermano pequeño. Así, comenzó a lamer el miembro considerablemente duro
de Alex, que en un segundo se estaba corriendo abundantemente en su boca
y su cara. Mientras tanto Marta se puso a cuatro patas, y miró
hacia atrás invitando con la mirada a Héctor para que la
penetrara. Él no se hizo esperar, y acercándose por detrás
se la clavó a la impresionante morena con tal fuerza, que ésta
no pudo reprimir un grito al sentir entrar toda esa verga. Sofía que había terminado con Alex, se giró para
ver a como Héctor se la metía a Marta. Tenía aun
la cara cubierta por el semen de Alex. Se le ocurrió que ni siquiera
sabía el nombre de la otra chica, pero quería que le limpiase
la cara con la boca y la lengua. - ¿Y tú como te llamas preciosa?. - Marta....- respondió ésta entre jadeos. - Yo me llamo Sofía, y mira como me ha puesto tu chico... Así se acercó poco a poco a la espectacular morena, a la
que comenzó besar con pasión, mientras Héctor la
taladraba. Marta bebió los restos de semen de Alex que tenía
Sofía en la cara y siguió besándola, mientras ésta
última le acariciaba sus enormes tetas. Entonces mientras Marta disfrutaba de las potentes embestidas de Héctor,
Sofía se coló debajo de ella para probar sus pezones, y
acariciar su clítoris que se veía perfectamente, en su coñito
rasurado. Un segundo después Marta estaba corriéndose por
primera vez, y aullaba su placer - ¡¡¡ Sí, sí, sí, fóllame!!!,
oh, oh, oh, oh!, ah!. Chúpamelo Sofía, por favor, ah, ah!!....
cómeme el clítoris. Sofía, no podía creer lo que le excitaba esa petición,
así que, desde abajo, buscó sitio, y se apresuró
a cumplirla. Su lengua se movía alrededor del clítoris de
la espectacular morena, de pubis completamente rasurado, cuyas generosas
tetas, rozaban su vientre. - Sí, ah, ah, ah. Dame, dame más Héctor. Chúpame...chúpame,
cómemelo todo Sofía!!!. La pelirroja estaba mojadísima, y realmente se sentía como
una guarra, pero una guarra feliz. Empezó entonces a masturbarse,
pero Alex que estaba delante, le hizo el favor de comerle el coño,
que en ese momento era lo que más le apetecía que le hicieran.
- Sí Alex.... Ah, ah, ah.... Es todo tu tuyo. Sí, sí,
muérdelo!!!. Solo oír los gemidos y gritos que las chicas
emitían hubiera provocado el orgasmo de cualquiera. Pero Alex y
Héctor ya habían descargado y podían aguantar un
poco más. Marta no podía más: - Sí, sí...Vamos tío clávamela... ah, ah,
ah sí, soy tuya, soy tu putita...ah, ah, ah.... me corro otra vez,
ah, ah, ah.... Oh Dios!!! - Córrete!- ordenó Héctor y susurrándole
al oído le dijo Quiero metértela por detrás.
Tienes un culo increíble!. Y así siguió bombeando, hasta que Marta alcanzó
el cenit de su tercer orgasmo. Después sacó su poderosa
verga del coñito rasurado de la morena, completamente empapada
por sus flujos y lo puso delicadamente en la entrada de su ano. Suavemente
lo restregó y frotó para humedecer, ese precioso culito
limpio de vello. Lo vió tan limpio y bonito, que por primera vez
en su vida le apeteció comerse un culo. Dicho y hecho, Héctor
empezó a chupar con pasión el culo de la preciosa morena,
que por sus gemidos parecía que fuera a correrse otra vez. Antes
de que ello sucediera, Héctor volvió a poner la punta de
su polla en el culito de aquella ninfa, y con un leve empujoncito entró
toda su cabeza. Mientras, Sofía seguía repartiendo amorosos
lenguetazos por su clítoris. - Sí, sí, ah, ah, ah, seguid, por favor. Oh, oh, oh, Sofía
.... Métemela bien hijo puta. Clávamela toda!!. Oh, oh,
oh, oh, ah, ah
. Fóllame el culo!!!! Héctor empujó más fuerte y metió toda su
polla en aquel culo tan espectacular. Entonces Sofía metiendo tres
dedos en el coño de Marta y acariciando su clítoris con
el pulgar, empezó a chuparle los huevos a Héctor, que ya
estaba a punto de correrse. Marta ya lo estaba haciendo de nuevo. Alex estaba que otra vez durísimo quiso follarse el culito de
Sofía, pero su posición actual no era la más adecuada
para ese fin si no quería fastidiar a los demás, así
que, pensó que ya le daría luego y se conformó a
penetrar su preciosa conchita pelirroja mientras besaba a Marta en la
boca. Al notar como el pene de Alex volvía a taladrarla, comenzaron
nuevamente los espasmos de Sofía, pero a pesar de ello no quería
renunciar a los trabajos en el coñito de la morena y los huevos
de Héctor. Héctor no podía más. Era demasiado sentir en su
polla el apretado culito de la morena, y la humeda boca de la pelirroja
recorriendo sus testículos. gimió: - ¿Quieres mi leche Marta?. Repentinamente sacó su miembro del ano de la chica , y una sorprendentemente
copiosa lluvia de lefa, mojó la cara de Sofía, tan abundante
fue, que incluso dio tiempo a que Marta se girase, y pudiese metérselo
en la boca para seguir bebiendo la esencia de ese semental. Héctor cayó hacia atrás, no había forma de
aguantar más. Marta siguió limpiándole bien la polla
con abnegación, como si fuera su dios, mientras éste descansaba
exhausto tumbado en el suelo. Era la oportunidad que Alex estaba esperando... (Continuará) Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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