| Tengo la suerte de ser tan linda como caliente. Pero
en verdad hace unas noches llegué muy lejos. Es un caso real. Me
calenté muchísimo viendo un concurso de vergas grandes en
un club de la zona roja. Los ganadores tenían unas tuberías
bestiales. Al salir me metí en el bar de junto y parece que me
pasé de tragos. Escuché una canción súper
estimulante y antes de lo controlable me subí a la barra del bar
y empecé a moverme tocándome toda.
El lugar estaba lleno de hombres, que al verme empezaron a aplaudir y
gritar. Me entusiasme tanto con la fantasía del show que me agachaba
mucho para que se me subiera la minifalda. Desabotoné mi blusa,
la lancé y empecé a bailar en sostén. Luego me agaché
de espaldas al público, me saqué el panti y lo lancé
también. Cuando me rompí el sostén con una cuchilla
mis pechos saltaron y se movían con furia al ritmo de la canción.
Eso descontroló a los hombres. El bar tender y otro tipo me derribaron
rápidamente acostándome en la barra.
En ese momento vi más de una docena de tipos venir hacia mi. Traté
de resistirme, pero alguien me sujetó las manos hacia atrás
y enseguida empezaron a sobarme las tetas, eran muchas manos peleándose
el lugar. Al rato dos tipos se pegaron a amamantarse uno de cada seno.
Me mordían y lamían los pezones con locura y otros me sobaban
la concha. Yo pataleaba, pero enseguida el pataleo se convirtió
en una seña de invitación. „Aaaah, aaaah‰ -empecé
a jadear con tono de gatita dulce mientas abría mucho mis piernas
con unas ganas terribles de tragar por la vagina.
Me acostaron en una mesa más baja, obviamente para culearme. „Culeénme
todos, Dénme verga, dénme verga‰ ˆgritaba como
endemoniada cuando me llevaban en el aire.
Tenía la concha toda babosa y para mi sorpresa uno de los ganadores
del concurso de vergas estaba frente a mi. Era un trigueño guapísimo
de cabello ondulado y ligeramente fornido. Me haló por los muslos
hasta la orilla de la mesa mientras otros dos me chupaban las tetas. Yo
les sobaba la cabeza animándolos a seguir porque siempre me ha
enloquecido a morir que me chupen los pezones.
El guapo sacó su vergota y me la puso en la entrada de la concha.
No me cabía. Yo gritaba y él empezaba a empujar. Aún
así no entraba. Era harto gruesa como una gran boa. Otros dos tipos
me sujetaron uno cada pierna abriéndomelas mucho para estirar mis
labios vaginales. El tipo ya impaciente me aferró por la cintura
y empujó con todo. Me la encajó a la fuerza. Sentí
que me rasgaba los labios vaginales. Los otros me levantaron la cabeza
para que viera como me entraba y salía semejante boa que me maltrataba
hasta el vientre.
Me dolía mucho. „Noooo por favor‰ ˆexclamé.
Pero me silenciaron con otra pinga dura y gorda en la boca. „Chupa
puta, chupa verga‰ ˆgritaba uno mientras me la metía
con furia hasta la garganta. Poco a poco todo empezó a gustarme,
aún cuando me dolía. Tuve que estirar mucho mi boca también
para empezar a mamar esa verga que me ahogaba. Yo soy muy buena mamando
como una salvaje, así que el tipo se me vino rápido en la
boca y me llenó la cara y las tetas de leche. Mis terneritos me
las lavaron con whisky, mientras el otro todavía me daba por la
vagina.
„Más duro, más duro, más duro‰ ˆpedía
yo, a pesar de que no aguantaba ese garrote sacudiéndome las entrañas.
Otros dos tipos empezaron a mamarme las tetas riquísimo. En ese
momento me solté en leche pegajosa gritando como una desquiciada:
„Dénme verga, dénme verga todos! Cójanme todos
que soy su perra culiona∑.Así, verga, así, así!‰
En ese momento se me corrió el guapo adentro, sentí su chorro
hirviendo correr por mis entrañas. „Ya te preñé
puta‰ me dijo dándome un beso y sacándome su monstruo
pegajoso.
Los tipos enloquecían al escucharme y vitoreaban todos a la vez.
Luego, me ataron las manos a la espalda y me sentaron encima de un negro
de verga morada muy larga y dura como espada. Cerré mis ojos casi
al desmayo cuando me lo encajaron. Empezaron a turnarse para mamarme las
tetas. Me ardía pero al rato de menearme en círculos me
gustó el asunto. El negro me sacudía hacia de abajo hacia
arriba con violencia. Cada vez que me cansaba me ayudaban a sacudirme
hacia arriba y abajo y me daban a beber algo de whisky. Mis pezones estaban
hinchadísimos y crecidos al máximo, pero mis tetas duras
e inflamadas pedían más lengua. Así soy yo.
De pronto una voz gritó „Por el culo, dénle por el
culo a esa perra mamona. Mira que nalgotas más buenas tienes perra‰.
Y me pusieron en cuatro, acostada encima de un rubio de verga extrema
también. Aún con mis manos atadas atrás tuve que
culearmelo bien rico, mientras otro negro empezó a meterme el dedo
por el culo, y en menos de lo que creí me tumbo sobre el tipo que
yo estaba cabalgando y me empezó a clavar su polla también.
No me entraba tampoco.
Yo nunca había cogido por atrás, y este tipo me hizo ver
las estrellas cuando me la dejó entrar hasta la mitad y después
toda. Casi lo sentía en mi estómago. Sentí que me
moría con ese negro dándome por el culo en unos mete y saca
alternados conel que me daba por delante. Empecé a chillar. Me
daban durísimo en esa penetración doble. Me corrían
las lágrimas. “Chilla perra, chilla” decía el
negro que me daba por el culo. Yo tenía algo de asco pero no podía
parar. Cada vez que me dejaban la boca libre pedía más polla.
Era de muerte lenta. Se turnaron y me voltearon boca arriba y así
me seguían dando entre los dos. Luego cambiaron dos más,
dos más y así sucesivamente. A veces me cansaba acostada
y me culeaban de pie, a veces de dos en dos. A veces tres, cuando uno
me daba por la boca. A veces llegaban a ser cinco, cuando dos me chupaban
los pezones.
Después de catorce culeadas distintas perdí la cuenta de
todos los que me daban por el culo, por la chucha y por la boca. Me desataron
las manos pero casi no me podía sostener con ellas. Ellos se encargaban
del resto. Llevaba más de una veintena de hombres sacudiéndome
toda con sus vergas. Me marcaron todo el cuerpo y las tetas a chupetadas.
Las tenía rojas a punto de sangrar. El culo y la vagina me sangraron
un poco, y aún así cuando tenía aliento yo todavía
gritaba: “Más duro, más duro. Dénme más”.
Lo que más me encantaba era sentir todas esas vergas golpeándome
dentro del culo y sacudiéndose dentro de mí como culebras.
No puedo creer que fui tan puta de culearme con 30 desconocidos. Toda
la noche montando y tragando verga de la buena y recibiendo las mejores
mamadas de tetas que me han dado.
Al último que me monté era un joven medio chino precioso.
Lo monté con ganas. Tenía un pecho lindísimo y cogimos
como cuarenta minutos sin parar. El me apretaba el cuello casi a grado
de asfixia y me lamía los pezones mientras yo cabalgaba con velocidad
eléctrica. Juntos soltamos nuestros líquidos calentísimos
y caí sobre su pecho rendida, mientras los otros se alejaban del
lugar. Me besó los labios en el momento que entraban los primeros
rayos de sol. Eres grandiosa -me dijo-, lo que tienes de puta lo tienes
de linda‰ y me sacó de allí a toda prisa en su auto.
Saludos,
Putabella
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