| Hola amigos:
Espero que disfrutéis con este relato, al menos tanto como disfruto
yo desde que sucedió.
Os daré algunos detalles referentes a nosotros, somos una pareja
de unos 40 años, con dos hijos y vida sexual prácticamente
inexistente desde hace cuatro años y hasta hace un par de meses.
Soy bastante resultona y según dice mi marido (y algún que
otro comentario que he escuchado) parece que tengo unas magníficas
tetas, aunque algo caídas para mi gusto, y siempre he sabido sacar
partido de ellas, con buenos escotes y sobre todo en la playa, donde procuro
llevar pequeños bikinis que dejan a la vista casi todo el pecho,
para el deleite de mi marido (y los demás a juzgar por las miradas)
lo cual no parece importarle en absoluto, al contrario es él quién
me anima a comprarme algún que otro bikini que sería incapaz
de ponerme si fuera sola. Por otra parte, desde jovencita he sido una
enamorada de “las cubanas” con las que disfruto y me pongo
cachondísima, simplemente viendo la cara de vicio de quien la recibe.
Digamos que mi punto débil sería el culo, con el que no
estoy nada contenta, y quizá por ello me haya negado sistemática!
mente al sexo anal y aunque mi marido me lo haya solicitado desde que
me acuerdo, lo más que ha conseguido es hacerme unas formidables
pajas mientras me comía el coño con un dedo dentro del culo.
Además no me hace falta, ya que con mi coño disfruto de
lo lindo y nunca he dejado a ningún hombre con ganas de seguir
follando.
Mi marido, que os puedo decir de él? Era el niño guapo de
la pandilla, con un culo increíble. Cuando conseguí enrollarme
con él todas mis amigas me odiaron porque era de los más
solicitados. Por eso mismo me dediqué a que no tuviera que buscar
nada fuera desde el primer momento hasta que quedamos firmemente comprometidos.
La verdad es que fueron unos años maravillosos, follábamos
en cualquier sitio y allí dónde no era posible siempre estaba
dispuesto a hacerme una paja que posteriormente se vería recompensada
por mi parte, me ha llegado a reconocer que nunca le habían hecho
una paja como yo se las hago, así que debe ser que las hago bastante
bien. Tiene una polla normalita, nada del otro mundo, pero tarda una barbaridad
en correrse y me ha dado gusto a base de bien. Recuerdo especialmente
la noche de mi 24 cumpleaños, que la pasamos solos! en casa de
mis padres, metidos en la cama y como regalo tuve ¡24 orgasmos!
durante la mayor y mejor sesión de sexo que he tenido hasta hace
unos días.
Cuando nos casamos, llegó la monotonía y poco a poco la
frecuencia de las relaciones pasó a ser de una vez por semana,
dos a lo sumo. Sin embargo él sigue pidiéndome prácticamente
a diario que necesita sexo aunque muchas veces no me encuentra dispuesta
a ello. Sigo ofreciéndole de vez en cuando una de mis maravillosas
pajas, o una buena cubana cuando tengo más ganas de guerra. Cuando
llegamos a follar, hay días que me cansa, cada vez le cuesta más
correrse y yo ya no aguanto las sesiones de antes, que podían durar
2 o más horas. Hace poco empezó a decirme lo cachondo que
se pone cuando piensa que en mi trabajo estoy follando con otros y que
nada le gustaría más que verme follar con otro, de hecho
cuando me está follando me pide que le cuente como lo hago con
otros, aunque sea mentira y confieso que muchas veces lo he hecho pues
se corre e! nseguida y puedo descansar. Yo no le hago caso, pero reconozco
que alguna que otra vez he fantaseado con que al final de una reunión
me quedo discutiendo con algún compañero y acabo follándomelo
salvajemente, a veces pienso que tendré que acabar haciéndolo
para poder seguir contándole historias a él, porque ya no
sé qué contarle. Desde entonces sé que se masturba
casi a diario (aunque él no sabe que lo sé) imagino que
pensando en mis inexistentes sesiones de sexo fuera de casa.
Bueno vayamos al grano. Hace poco fui a una peluquería nueva que
han abierto cerca de casa. Había una oferta especial por apertura
en la que te hacían el corte de pelo y además te daban un
bono para unos masajes capilares, me corte el pelo y quedé para
los masajes durante cuatro sábados consecutivos, ya que no podía
hacerlo a diario. El primer día llegué y pase a una especie
de trastienda donde se encontraban las cabinas en las que aplicaban los
masajes. En ese momento estaban todas ocupadas y tuve que esperar unos
minutos a que una quedara libre. Mientras pude leer un cartel que colgaba
de la pared con los diferentes servicios que proporcionaban, además
del masaje capilar, hacían depilación integral y peluquería
íntima, entre otros. Cuando me tocó el turno pasé
a la cabina y me recibió una señorita, Gema, que amablemente
me acomodó en un! a camilla muy especial. Parecía el sillón
de un dentista con múltiples ajustes de altura e inclinación
pero a partir de la cintura se dividía al medio. Comenzó
a activar pedales y botones hasta dejarme en la postura que necesitaba
para hacer su trabajo, colocó una música relajante y comenzó
la sesión. Durante la misma, me pareció escuchar gemidos
y gritos provenientes de las cabinas contiguas, pero estaba tan relajada
que no sabía si era un sueño o realidad. Al final de la
sesión le pregunté por los servicios de depilación
integral y peluquería intima, me los explicó y me presentó
a los encargados de ello, Carlos, Nacho y Ana, todos ellos con un aspecto
excelente.
Cuando llegué a casa mi marido me preguntó que tal me había
ido y yo le dije que fenomenal, que debería probarlo y le di uno
de los vales que tenía para mí, le dije llama y concerta
una cita, merece la pena, te dejan como nuevo.
La siguiente sesión, antes de entrar le dije a Gema que estaba
interesada en el servicio de depilación pero que no deseaba una
depilación integral, sino una depilación normal, axilas
piernas e ingles. Me dijo que no había ningún problema y
que si me parecía pasarían mientras ella me estaba dando
el masaje para realizar su trabajo, yo le dije que me parecía bien
y al pasar a la cabina me dijo que me desnudara y me pusiera una bata.
Así lo hice, me coloqué en la camilla y comenzó el
trabajo. Al poco tiempo me encontraba en la misma gloria cuando noté
que abrían la puerta y entraba uno de los chicos que había
conocido con una serie de botes y aparatos que no acertaría a describir,
me invito a quitarme la bata y yo inmediatamente miré a Gema como
asustada, ella me dijo,
-no te preocupes y tapate con esta toalla
Me quite la ropa y me puse la toalla que a duras penas tapaba mis enormes
tetas y por abajo me llegaba justo hasta el inicio del coño. Comenzó
a hacer su trabajo, y antes de empezar con una axila entró otro
compañero, Nacho, que me dijo:
-Mientras Carlos te hace las axilas, si te parece yo empezaré con
las piernas.
Asentí con la cabeza y a los pocos instantes mi situación
era la siguiente, Gema me estaba aplicando un maravilloso masaje capilar
(os lo recomiendo) Carlos me embadurnaba las axilas con una suave crema
que me hacía unas cosquillas muy agradables y Nacho hacía
lo propio con mis piernas. Gema acabó su trabajo y abandonó
la cabina, en ese momento estaba completamente relajada y cualquier cosa
que prolongara esa situación la habría aceptado, ellos parecían
saberlo y me propusieron gratuitamente un corte de pelo íntimo,
inmediatamente les dije, hacer conmigo lo que queráis. Ana entró
en escena manipulando la camilla de manera que mis piernas comenzaron
a abrirse a la vez que se flexionaban, dejando mi coño perfectamente
ofrecido para que pudiera hacer su trabajo. Me retiraron la toalla y Ana
se sentó en un taburete entre mis piernas a escasos centímetros
de mi coño, completamente abierto y ya empapado a esas alturas.
Comenzó la preparación de la zona, aplicándome una
loción tipo gel, para ablandar los pelos, mientras Carlos me aplicaba
una crema calmante en las axilas para después de la depilación,
y descuidadamente sus manos se aventuraban sobre mis grandes tetas cuyos
pezones comenzaban a ponerse duros, le miré a los ojos como dándole
consentimiento, cogió más crema con sus manos y comenzó
a sobarme descaradamente las tetas, a esas alturas mi respiración
entrecortada y mis gemidos, hacían evidente mi estado de excitación,
Nacho acabó su trabajo en las piernas y al ver a Carlos se acercó
a mis tetas para seguir dándome placer. Instintivamente mis manos
buscaron sus pollas que bajo el pantalón parecía que iban
a estallar, en menos de cinco segundos se quedaron completamente desnudos
y sus dos enormes pollas, se balanceaban a escasos centímetros
de mi ! boca invitándome a que las chupara. No había tiempo
que perder, estaba tan caliente que le dije a Ana:
- Ana cariño, si no quieres que me corra en tu cara termina ya,
que estoy chorreando! Me habéis puesto tan cachonda entre
todos que necesito meterme algo por el coño para calmarme.
Acabó su trabajo, me secó y me aplicó una crema refrescante
con un pequeño masaje, que terminó de ponerme como loca.
Recogió sus trastos y se acercó a mi oído diciéndome:
-¡No me importaría nada estar en tu lugar. Que disfrutes!
Y salió de la cabina. En ese momento la estampa era la siguiente:
yo estaba en una cabina cerrada, tumbada en una camilla, en pelotas, completamente
abierta, con el coño rasurado (por cierto el trabajo de Ana fue
sensacional), todo el cuerpo embadurnado con cremas, cachonda perdida
y con dos rabos para mí solita, así que puse cara de vicio
y les dije:
-Quien de vosotros va a ser el primero en meterme el rabo hasta las bolas?
No os preocupéis que tendré para los dos. Os prometo que
me follaréis hasta quedar secos!
Automáticamente, Nacho se colocó entre mis piernas, subió
un poco la altura de la camilla y empezó a meterme su rabo, era
mucho más grande que el de mi marido, empujaba lentamente, se veía
claramente que no era la primera vez que lo hacía, entendí
los gemidos que me pareció escuchar el primer día, estaba
tan caliente que antes de que llegara hasta el fondo de mi coño,
ya me había corrido, a partir de ese momento todo fue maravilloso.
Nacho empezó a bombearme con su rabo, mientras yo le dije a Carlos
que se sentara sobre mis tetas a horcajadas para hacerle una cubana. Una
vez estuvo en el lugar correcto, coloqué su nabo entre mis
grandes tetas y comencé a moverlas arriba y abajo, este otro rabo
no era tan gordo pero si tan largo que en sus envites llegaba hasta mi
boca, momento que yo aprovechab! a para escupirlo y chuparlo poniéndolo
a cien.
En esta situación no tardaron en llegar los orgasmos, perdí
al cuenta, cuatro, cinco, Nacho adoptó un ritmo lento pero constante,
haciéndome disfrutar con cada centímetro de polla que entraba
por mi coño, cuando ya no podía más le pedí
que acelerara su ritmo (parecía que el coño se me iba a
derretir) y me llenó con su leche caliente, casi a la vez Carlos
agarró mis dos tetas con ambas manos y dando fuertes envites descargó
abundantemente sobre ellas. En ese momento me quedé en tal estado
de relajación que no me di cuenta que alguien más entro
a la cabina. Comencé a notar una lengua caliente que lamía
mi coño, limpiando toda la leche que Nacho me habían dejado
dentro. Cuando miré me llevé una grata sorpresa, era mi
marido. Estaba lamiendo como loco la leche que minutos antes había
salido del rabo de Nacho, en mi estado de excitación le solté:
-Esto es lo que querías verdad cabronazo? Cuando acabes de limpiarme
el coño, sube a mis tetas y termina tu trabajo. Quiero que me dejes
limpia para que puedan volver a follarme como a una perra. Como a tu perra,
cornudo de mierda! Verdad que te gusta?
Debo decir que la situación me ponía muy caliente, mi propio
marido estaba limpiando los restos de semen que dos pollas acababan de
desparramar en mi coño y mis tetas, y empezaba a disfrutar de todo
esto. Muy obediente, el cornudo me dejó el coño y las tetas
perfectamente limpias, pero sin quererlo me había vuelto a poner
a cien, y esta vez éramos una más a disfrutar. Una vez terminó
le dije:
-Siéntate ahí y mira como disfruto con dos rabos de verdad.
Vas a ver como soy capaz de tener dos pollas dentro y tú no te
preocupes, puedes sentarte y masturbarte como haces en el baño
de casa, pero esta vez no te hará falta imaginarte nada, esta vez
lo vas a poder vivir de cerca.
En seguida se abalanzaron sobre mí y en poco tiempo volví
a tener dos grandes rabos dispuestos a darme placer a mi y al cornudo
de mi marido. Uno de ellos cogió un bote de crema y empezó
a untarme el culo, metiéndome primero un dedo, luego dos hasta
que mi culo se dilató lo suficiente para lo que me aguardaba. Mientras
el otro me tapaba la boca con su polla que enterró hasta mi garganta
y yo chupaba como podía. Me bajaron de la camilla y se sentó
en ella Carlos, con el rabo apuntando al cielo, y me dijo:
- Ahora vas a gozar
de verdad, te vamos a follar como nunca te lo habrá hecho el cornudo
de tu marido, nos pedirás mas y lo tendrás. Tendrás
todo el rabo que seas capaz de soportar. Ven aquí zorra, que te
va a gustar.
Confieso que me asusté un poco, pero tener a mi marido allí
al lado me tranquilizó. Me agarró por la cintura y me sentó
sobre su vientre, dándole la espalda, me abrió las piernas
y comenzó a sobarme las tetas, pellizcándome los pezones,
que volvían a estar duros nuevamente. Intentó meterme la
polla por el culo, pero entre la postura y la crema no atinaba muy bien,
mirando a mi marido, completamente empalmado viéndolo todo le ordené:
- Tu no has querido
siempre darme por culo? Pues he decidido que en este momento te voy a
conceder ese deseo, pero tendrá que ser con la polla de Carlos
así que cógela y métemela por el culo, cabrón,
quiero que presencies en primer plano como me desvirgan el culo.
No había terminado de decirlo cuando el cornudo ya estaba
agarrando la polla de Carlos e intentaba torpemente introducirla por mi
culito virgen. Esta vez fue diferente, ahora sí. Colocó
el capullo en el sitio correcto y presionó ligeramente hasta que
consiguió que el capullo entrara. Una vez entró la cabeza
grité, pero inmediatamente me dejé caer y me ensartó
toda la verga hasta que los cojones llegaron a mi culo. Me quedé
inmóvil, sin respiración, parecía que algo se me
iba a romper por dentro, pero al cabo de unos segundos, el dolor se transformó
en calor y empecé a subir y bajar por aquel pedazo de carne que
me llegaba hasta las entrañas. Mis tetas comenzaron a moverse arriba
y abajo siguiendo los envites del nabo de Carlos, un placer nuevo para
mí comenzó a surgir y comencé a gritar como
una perra
-Así cabrón. Ahhhhhhhhhh Que rico. Mmmmmmmmmmmm Fóllame
el culo. Me gusta perro, no pares de meterme el nabo, sigue así.
Ves cabronazo lo bien que me están follandoooooooooo, asi, más,
más no pares, llena mi culo de perra con tu leche, Que rico, ahhhhhh.
A la vista de todo esto, Nacho estaba nuevamente empalmado y colocándose
frente a mi coño, apunto con su rabo y empezó un nuevo mete-saca
que me llevó al delirio. Cuando me entraba el rabo de Carlos por
el culo, salía el de Nacho de mi coño y viceversa, estaban
perfectamente sincronizados, (luego supe que era un numerito que hacían
con bastante asiduidad entre las clientas) de manera que los orgasmos
se sucedían indistintamente provenientes de mi culo y de mi coño,
hasta que no pude distinguir el origen y empecé a gritar, arañarles,
morderles, como loca y los dos se corrieron dentro de mi inundando mis
dos agujeros. Fue una sensación muy placentera sentir todo ese
liquido caliente entrando por mis dos agujeros. Al sacarme sus pollas,
la leche goteaba de mis orificios, pero mi marido se apresuró a
lamer ambos y dejarlos perfectamente limpi! os, aunque un poco enrojecidos.
Al terminar se dio la vuelta y comenzó a limpiarles la polla a
Nacho y a Carlos hasta dejársela igualmente limpia, mientras le
cogí la polla y le hice una mamada hasta que me llenó la
boca de su propia leche, que tragué con gran placer. Era lo menos
que se merecía después de todo.
Nos vestimos y nos despedimos. Una vez en casa mi marido me confesó
lo mucho que había disfrutado y me echó otro polvo con más
ganas que nunca. Desde entonces, mi vida a dado un giro considerable,
visto siempre más provocativa, me retoco el pelo (el del coño)
una vez al mes, y aunque le prometí a mi marido que si el no estaba
presente no lo haría con nadie más, reconozco que cada vez
que lo recuerdo mojo mis bragas y si no tengo a mi marido cerca tengo
que hacerme una paja. A mi cornudo le encanta todo esto y me echa unos
polvos de campeonato. Se me ocurrió sugerirle el ir a un club de
intercambio donde pueda tener una buena sesión con varios hombres
y desde entonces no para de follarme y pajearse pensando en ello. Estoy
pensando en darle ese gusto y de paso correrme una buena. Os prometo que
sabréis como acaba……………..
Si queréis contactar con el cornudo de mi marido o conmigo: corneadora@yahoo.es
Para volver a SEXYCUENTOS,
haga click aquí
|