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Mi historia sexual |
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Podría distinguir tres etapas en mi vida: la niñez, la
adolescencia y la madurez. ¿Cuándo me masturbe por primera vez? Creo que fue cuando
tenía unos catorce años, todavía lo recuerdo. En
el colegio, uno de los repetidores de curso hizo un movimiento con la
mano que me dio la pista. Cuando llegué a casa por la tarde mis
padres habían salido a dar un paseo, así que me baje los
pantalones y el calzoncillo y de rodillas sobre la moqueta me agarre el
pene con la mano derecha y empecé a mover el pellejo de arriba
abajo. Noté que me gustaba, en realidad, no sabía a dónde
conducía aquello, lo cierto es que parecía que la sangre
me subía a mis mejillas, tenía mucho calor y no podía
parar. De repente, empecé a sentir que la base de mi pene me ardía
y un cosquilleo sumamente placentero. Creo que hasta jadeaba. Inesperadamente,
un líquido blancuzco salió de mi pene y ensució la
moqueta. La experiencia fue tan fuerte que por un momento casi me desmayo.
Me quedé atónito mirando aquellas gotas de color lechoso
y olor perfumado. Estaba asombrado con el placer experimentado, con el
olor del semen, con su color, con la sensación de relajación
posterior, con todo. En cuanto me recuperé del susto, busqué
algo para limpiar aquella mancha que delataba mi pecado. Estaba maravillado. A partir de entonces, en cuanto venía del
colegio no faltaba a mi cita con mi mejor amigo: mi pene. Si mis padres
estaban en casa, no me importaba, me encerraba en el baño y me
masturbaba intentando silenciar mis jadeos. Por las noches, en la cama,
también me masturbaba, pero no eyaculaba, mantenía el placer
hasta que el cosquilleo avisaba que el semen estaba llamando a la puerta.
Descansaba un poco y cuando la excitación había pasado seguía
con la masturbación. Muchas noches me levantaba y terminaba la
faena en el baño, aunque tenía que tener cuidado de no encontrarme
a nadie en el pasillo ya que mi pene estaba en erección. A partir de ese momento me gustaba mostrarme desnudo ante mi hermano,
que era cinco años más joven que yo. Empecé a no
usar pijama para dormir, me gustaba sentir las sábanas sobre mi
cuerpo desnudo. Una tarde que mis padres no estaban, le pregunté a mi hermano
que si se había masturbado alguna vez, era evidente que no, ya
que era mucho más joven que yo, él sólo tenía
diez años. Me preguntó que qué era eso. ¿Quieres
que te enseñe a masturbarte? Me baje los pantalones y empecé
agitar mi pene delante de él. Por unos minutos mostró algún
interés pero pronto se aburrió de verme menearlo. Cuando
estaba a punto de eyacular le llamé y entonces vio como salía
el semen por el agujero de mi pene. Lo más horroroso fue que cuando
llegaron mis padres a casa les contó que yo echaba leche por el
pito, por tanto, ya se imaginaron lo que estaba haciendo. Fue vergonzoso
para mí. Adolescencia: Luego empezó a crecerme el vello en el pubis y a mi no me gustaba
porque escondía mi pene y lo hacía más pequeño,
así que me lo cortaba con unas tijeras. En una ocasión que
me corte los pelos los dejé en un cenicero y luego se me olvidó
tirarlos a la basura. Cuando llegaron mis padres vieron los pelos en el
cenicero del salón y preguntaron que qué era eso. Yo no
sabía que mentira inventar así que les dije que no sabía
nada, pero también me puse muy rojo. Los veranos los pasaba en un pueblo de Logroño y me encantaba
pescar en el río. Es una actividad solitaria, así que cuando
no picaban los peces me entretenía masturbándome. Si hacia
calor, me quedaba desnudo, me bañaba y me masturbaba dentro del
agua. Esto me gustaba ya que el frío del agua retardaba la eyaculación
y además el semen salía como a cámara lenta. Luego me dio por el exhibicionismo. El río pasaba cerca de una
autopista. Yo dejaba la caña y las ropas escondidas entre la hierba
y me paseaba desnudo por el camino que corría paralelo a la autopista
o a las vías del tren. La verdad es creo que era poca gente la
que se fijaba en mí así que terminaba subiéndome
a una piedra muy grande donde era mucho más visible y la excitación
del momento me conducía siempre a masturbarme. Los que mejor me
veían eran los pasajeros de los autobuses, me seguían con
la mirada y parece que no se mostraban excesivamente sorprendidos. En otras ocasiones, cuando salía con mi bicicleta, me paraba en
los puentes sobre la autopista y también me desnudaba. A veces,
les meaba a los coches cuando pasaban a toda velocidad. Más de
una vez tuve que escapar rápido ya que el coche de la policía
me vio, entonces dejaba de hacerlo en esa zona y probaba a varios kilómetros
de allí. Pero estas actividades tienen su riesgo y en una ocasión, cuando
me estaba mostrando desnudo y me masturbaba al lado de la autopista, divisé
sobre la ladera de una montaña el perro de un amigo mío
del pueblo. Si el perro estaba allí era evidente que el dueño
estaba cerca y entonces recordé que me había encontrado
con él hace unos días al lado del río y se dirigía
hacia la montaña con el perro y unos prismáticos. ¿Para
qué eran entonces los prismáticos? Ahora lo entiendo, eran
para ver mis actividades exhibicionistas más de cerca. Posteriormente
me he encontrado con él pero nunca hemos mencionado mis inconfesables
actividades. No sé cuanta gente más lo sabrá pero
me imagino que lo habrá contado a todos sus amigos, estas cosas
no se pueden callar. ¿Qué más cosas hacía? No mucho más,
a veces recuerdo que andaba completamente desnudo sobre la bicicleta por
caminos solitarios, creo que nunca me encontré con ningún
coche. Eso creo. Como se había manchado de barro al subir la pendiente del río,
le propuse bañarnos para que se limpiara. Tampoco entonces se puso
el bañador, se ve que se sentía cómodo desnudo. Yo
me quité el mío para bañarme, algo que él
ya sabía que suele ser habitual en mí. Nadamos durante algunos
minutos y yo le observaba para ver si ya salía del agua y dábamos
por terminado el baño o por el contrario, seguía en el agua
como esperando algo más. Como no salía del río, le
exploré un poco. Le dije, como sin intención, que vaya polla
más buena que tenía. Él me devolvió el cumplido
diciendo que más grande era la mía. Entonces le pregunté si ya le salía leche. Me dijo, sin
mirarme a los ojos y algo colorado que sí. Y yo que no me lo creía,
que me hiciera una demostración. Entonces me dijo que él
se hacía una paja si yo me hacía otra. Por supuesto, acepté.
Nos sentamos como cabalgando sobre un tronco de árbol que estaba
horizontal sobre el suelo y empezamos a menearnos nuestras pollas. La
suya era más larga y delgada que la mía y su visión
me excitaba una barbaridad. Me daban unas ganas tremendas de ser yo quien
guiara su placer, así que se lo propuse. -¿Qué te parece si nos masturbamos mutuamente?- Sin decir nada, ni mirarme, dejo de menear su polla tiesa y agarró
la mía. Estaba en la gloria, me encantaba asir su pene caliente
y juvenil. Masturbar a otra persona es diferente a masturbarse uno mismo,
pero al hacerlo mutuamente, la excitación de uno alimenta la del
otro y los jadeos y el latir del corazón se acompasan y el placer
se funde en uno. Los dos eyaculamos a la vez, no es broma. Volvimos al agua a limpiarnos y estaba claro que nos sentíamos
satisfechos y sin sentimiento de culpa. Desgraciadamente, nunca más
surgió otra oportunidad ni nunca más hablamos sobre ello.
Resultó curioso, parecía que nunca hubiera sucedido. Nunca he tenido sentimiento de culpa por este tipo de experiencias sexuales,
siempre he concebido el sexo como algo divertido y que se debe emplear
siempre que uno quiera y le permitan, claro. ¿Qué más cosas hacía en mi adolescencia?
Ah, sí. Como me parecía que no hay nada malo en la desnudez,
tomé la determinación de tomar el sol desnudo en el jardín
de nuestra casa de Logroño siempre que me apeteciera. En realidad,
el jardín es bastante grande y está alejado del pueblo,
además está rodeado de un seto de metro y medio. No es muy
alto, pero no suele pasar mucha gente por el otro lado. La incógnita era saber como iban a reaccionar mis padres. Así
que un día que terminamos de comer salí a tomar el sol antes
que los demás y me puse boca abajo sobre la tumbona completamente
desnudo. Cuando mis padres salieron apenas dijeron algún comentario, simplemente
tomaron unas revistas para leer y se tumbaron en otras tumbonas a tomar
el sol, aunque un poco alejados de mí. Al darme la vuelta y mostrar
mis genitales, entonces sí que mi madre dijo algo que no recuerdo,
pero el significado era algo así como: ¡Vaya agallas que
tienes para mostrarte así! Sin embargo, su expresión no
era de desaprobación, más bien todo lo contrario. Luego me levanté y entré en la casa desnudo para tomar
un helado de la nevera. Por el rabillo del ojo notaba como me miraban
los dos y seguían mi figura. Cuando ya terminé de tomar
el sol, me eché un balde lleno de agua fría por encima.
Noté como mi madre no me quitaba ojo. Les gustaba verme desnudo,
estaba claro. Incluso mi padre me dijo explícitamente que hacia
bien, que ellos lo habían pasado muy mal con la represión
sexual en tiempos de Franco. Con mi hermano he tenido muy poco sexo, sólo una vez, estando
en el río, se permitió una licencia. Estaba pescando y él
me acompañaba. Entonces los peces no picaban, así que para
entretenerme me saqué el pene y comencé a masturbarme. Él
ya me ha visto otras veces hacerlo, pero esta vez, le pregunté
que si él no se masturbaba. Me dijo que no, entonces le dije que
si me dejaba hacerle una paja. Para mi sorpresa dijo que sí, así
que se tumbó en el suelo y le baje los pantalones y el calzoncillo.
Empecé a agitársela y rápidamente se le puso dura,
seguí durante algún tiempo y la verdad es que no obtuve
ningún resultado. Así que le dije que si me hacia lo mismo
a mí. Me tumbé, me tomo el pene y comenzó a meneármelo.
No aguanto ni un minuto, decía que mi pene olía mal y lo
dejo. Y ya nunca más hemos hecho nada sexual. Una lástima.
Si habéis leído hasta aquí ya tendréis una
idea de si soy o no normal. ¿Domina tanto el sexo en vuestras vidas?
Si queréis echarme un email (tabmusic2003@yahoo.com) y contarme
algo, será bienvenido. Continuará Arnaldo
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