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Viaje de egresadas |
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La mayoría de las chicas del Instituto venían de familias de plata. Por eso no tuvieron inconvenientes para pagarles el viaje de egresadas, ni los correspondientes profesores particulares para que alcanzaran realmente esa condición. Sin embargo, las familias de Lau, Pau, Caro y Romi no se encontraban en la misma situación. En la cafetería del colegio, las cuatro alumnas intentaban sobrellevar sus amarguras: Che, ¿los viejos de ustedes saben las notas que se sacaron?
Dijo Laura. Las chicas al principio no aceptaron la propuesta pero al salir del café la huida ya estaba planificada. El día elegido Laura iría al colegio con el coche del hermano, lo estacionaría a la vuelta de la escuela y así lo hizo. A la salida las amigas se encontraron ahí y zarparon con destino incierto. Cuando oscureció ya hacía varias horas que estaban viajando y sus estómagos empezaron a quejarse, entonces pararon en un Mac. Donals. Estaban sentadas charlando cuando de pronto se quedaron heladas. Una imagen de las cuatro en el televisor denunciaba acerca de unas estudiantes desaparecidas buscadas por sus padres. Tomaron sus bolsos y tratando de pasar lo más desapercibidas posible abandonaron el lugar. Todas llevaban aún sus uniformes y eso las delataba pero, con el apuro, no se habían podido cambiar. Laura maniobraba tratando de encontrar un baño donde hacerlo, pero sin éxito. ¡Hay!, chicas balbució Carolina mestoy
haciendo pis Las vejigas de sus compañeras también
estaban llegando a su limite. ¡Dale Lau! apurate le decía mientras retorcía
hasta el último músculo de su cuerpo tratando de evitar
un accidente. Instantes después corrían tras sus compañeras.
Cuando llegaron encontraron con horror que todos los gabinetes estaban
ocupados. Al rato se habían subido al vehículo de nuevo y emprendido el viaje. Romina había tomado el volante y cuando la luna le mostró la ruta sintió mucho sueño. Paró la marcha y adoptó el camino empezado por las otras pasajeras que roncaban hacía largo rato. El sol entró por la ventana iluminando los muslos dormidos de
Laura. Trató de mejorar inútilmente su posición pero
el coche era demasiado chico. Los rayos descubrieron el pedacito de género
celeste que apenas cubría sus apetecibles glúteos. Afuera,
el roció humedecía la inmensidad del campo y el cantar de
los pájaros despertó a Carolina. Despacio trató de
incorporarse mientras trataba de entender como se encontraba en ese lugar.
Antes de lograrlo, notó que sus necesidades fisiológicas
la reclamaban nuevamente. Estiró el brazo, que la obedecía
a duras penas, y tratando de no molestar abrió la puerta y salió.
Se detuvo un instante pero no pudo evitar distraerse. Hola, chicas. Los cigarrillos se fueron consumiendo y las chicas no habían desayunado,
entonces emprendieron la marcha guiadas por Fausto que conocía
un lugar en la ruta para tomar algo. Finalmente llegaron y se sentaron
los cinco delante del televisor. Mientras tomaban el café con leche
Laura observaba la pantalla cuidadosamente. Romi tomó nuevamente el volante, Lau se ubicó a su lado y atrás entraron Caro, Fausto y Pau. Con el correr del tiempo el viaje se torno aburrido y las chicas se empezaron a adormecer. Caro acomodo la cabeza en el hombro de su compañero, que también dormía. Luego le pasó un brazo por la espalda y el muchacho pasó el suyo por la cirtura de la chica. La escena era vigilada por Laura a través del espejo pero pronto fue vencida también por el sueño. Al poco tiempo Caro y el pasajero se habían enredado entre besos, caricias y atrevimiento. Por la noche, Fausto en agradecimiento, pagó la pizza y las cervezas. Pero pronto se quebró la armonía debido a que Lau empezó a objetar la cantidad de cerveza bebida por Caro. No seas hincha Lau, no tomé tanto. Mientras sentía como su vejiga volvía a su tamaño
normal miraba como la luna hacía resplandecer la bombacha blanca
de Romina que recuperaba su sonrisa lentamente. Hicieron unos pasos fuera del coche abrazados y besándose apasionadamente.
Él condujo a su amada hasta un árbol y la colocó
de espaldas al tronco. Ella cruzaba las piernas con fuerza. Fausto mientras
la seguía besando le desabrochó el cinturón, luego
los botones del jeen. La adolescente, entonces descruzó las piernas
con la respiración contenida y él le bajó los pantalones
y la ropa intima. Aferrándola con fuerza la sostuvo mientras ella
agachada fluía interminablemente. Una vez que el fluir se hubo
detenido, Fausto desabrochó su propio cinto, luego el cierre relámpago.
De inmediato sintió la mano de la muchacha que se internaba buscando
su sexo. Para evitar excesiva humedad alzó a su pareja y la llevó
al otro lado del árbol, la acostó sobre la tierra y la lanzó
profundamente. Jadearon al mismo ritmo y esta vez fue él quien
fluyó incontenible. Ghito Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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