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Una deliciosa experiencia |
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Nunca me pude imaginar que tendría esta experiencia con mi amiga
Lourdes hace cuatro años. Es cierto que cuando estamos madurando
siempre nos surge alguna experiencia lésbica, sobre todo con alguna
de tus amigas. Yo no iba a ser la excepción. Ya sabes, se habla
de chicos, nos desnudamos juntas, observas el cuerpo de tu amiga, nos
contamos experiencias con chicas e incluso, tenemos alguna masturbación
ambas, llegando incluso a acariciar el cuerpo de tu amiga para darle más
placer si te lo pide. Nunca le presté mayor importancia, aunque
debo decir que me gustaba ese tipo de juegos. Después me casé
y nunca tuve otra relación con una mujer hasta lo pasado con Lourdes.
Tenía 47 años por aquel entonces, morena, ojos marrones
y aún conservo bastante bien mis lineas. Mido sobre 1,68 mtrs.
peso sobre 70 kgs. Tengo unos senos aceptables (100) y el resto del cuerpo
tampoco ha perdido sus encantos, sobre todo estoy muy contenta con mi
trasero. Pero bueno, vamos a relatar mi experiencia que es lo que importa. Era verano. Los niños estaban fuera y nuestros maridos en su trabajo.
Habíamos venido de la playa y como casi siempre, nos fuimos a casa
de Lourdes para ducharnos y ponernos ropa más adecuada. Teníamos
mucha confianza y eso nos permitía ducharnos juntas sin ningún
pudor y en más de una ocasión me fijaba en el cuerpo de
Lourdes. La verdad, es que a sus 38 años conservaba un tipo muy,
pero que muy atractivo. Tenia una boca no muy grande, pero sensual, pero
sobre todo, me llamaba la atención su cuerpo, pero nunca se me
había pasado por la cabeza llegar a algo más con ella que
las bromas o el mutuo enjabonado. Alguna vez me rozó mi pecho,
e incluso me enjabonaba con las manos. Nunca pasamos de eso hasta que llegó aquélla ocasión. Salimos del baño con un simple albornoz, debido al calor que hacia.
Nos sentamos en el salón, y, como tantas veces, nos preparamos
unas copas y algo de picar. No recuerdo muy bien como y porqué se inició una conversación
acerca del sexo y de las actitudes de los hombres. Me acuerdo que empezamos
a hablar sobre el placer que sentíamos cuando un hombre nos acariciaba
y besaba los pechos. Comentamos si ellos sentrían el mismo placer
y sin esperármelo, Lourdes me dijo algo así: - Pués a mí me gustaría saberlo. Me quedé mirándola con cierta sorpresa y desconcierto, ya que no esperaba esa respuesta. - Seguro que para ellos es algo especial. Acariciar y besar los pechos de una mujer debe de excitarles mucho. Los ojos de Lourdes trasmitian una expresión diferente a lo que había visto hasta ese momento. Grandes y brillantes. Me desconcertaron e hicieron que me sintiera un
punto incómoda que traté de superar sirviéndome otra
copa y dándole un buen trago. - Gloria, me dijo. A otra mujer a lo mejor no se lo diría, pero
somos amigas desde hace tiempo y ese deseo me gustaría realizarlo.... - ¡Estas pasada¡ le interrumpí. Deben ser las dos
copas que te has tomado. - Bueno, es posible, me dijo sin darle mayor improtancia. Pero me gustaría
probarlo. No supe que contestarle, quizás las copas, quizás el morbo,
no sé... pero no me dió opción y antes de que pudiera
contestarle me abrió el albornoz para posar un beso en mi pezón
derecho. Lo primero que sentí fué un latigazo electrizante.
Sin quererlo noté que mis pezones se endurecian. - Lourdes, ¡por favor¡ atiné a decir Pero ella continuaba. Ahora, no solamente me besaba, sino que su lengua
empezaba a recorrer todo el pecho. Sentí en ese momento que mi
respiración se entrecortaba, aunque en ese momento solo era yo
quien sentia esa sensación. Quería apartar su cabeza de
mi pecho, pero una extraña fuerza me lo no me lo permitía. La situación era tensa, el silencio se apoderó de nostras dos. Lourdes continuaba su exploración y yo asistia entre un no querer y desear. En ese momento noté que su mano se posaba en mi otro pecho para
acariciarlo. Notaba la suavidad de sus manos y el roce de sus uñas
contra mi pezón. ¡Dios¡ que sensaciones estaban atravesando,
mientras que mi cerebro estaba como narcotizado. Mis brazos no eran capaz
de apartar de mis pechos ni su boca, ni sus manos. El placer estaba acabando
con mi resistencia - ¡Lourdes¡ por favor... Mis palabras no sonaban amenazantes
y menos mi mano resultó suficiente cuando la tomé por la
muñeca intentando separarla de mi pecho. Al contrario, fué
tan débil que Lourdes lo interpretó como una aprobación. - Me gusta, me susurró, me gustan tus pechos y siguió acariciándolos,
ahora abiertamente y sin ningún reparo, si es que antes tenía
alguno. A esas alturas mi voluntad era de entrega y la respiración
dejó de seer silenciosa para hacerse más agitada. Fué entonces cuando Lourdes, sin dejar de acariciarme los pechos, comenzó a subir sus besos por el hombro, el cuello, la oreja... Yo ya no hacia otra cosa que recibirlos con placer. Estaba excitada. Notaba la explosión de los flujos de mi sexo sin que pudiera remediarlo
ni desearlo. Mi boca se abria para tomar aire y sentí sus labios posarse en
los míos suavemente. Un torrente de placer me recorrió todo
el cuerpo, desde mi cabeza hasta la punta de los piés. Ahora era
su lengua la que penetraba en mi boca buscando la respuesta de la mía
que no se hizo tardar. Mientras el beso era largo y profundo, noté
como me desataba el cinturón del albornoz y su mano comenzaba a
acariciar mi cueva. Primero los labios, luego me penetraba suavemente hasta comenzar con
mi clítoris. No pude reprimir un suspiro de placer, para soltar
a continuación otro y luego otro. Me acostó en el sofá,
se quitó el albornoz y se echó encima de mí. Aquél
cuerpo y aquéllos pechos que tan sensuales me parecían ahora
esa sensación se multiplicaba y provocaba en mi cuerpo oleadas
de placer. Su boca en mi boca, sus pechos en los míos y su sexo
en el mío. La tomé por sus hombros, la acariciaba, mientras nuestros cuerpos
se movian la unísono. Notaba su respiración acelerada, como
la mía y los gritos de placer de las dos se oian en todo el salón. Me estás destrozando de placer. Siento que voy a llegar me dijo.
Yo también le conteste. Yo también, no pares por favor.
Fueron como palabras mágicas ya que en ese momento explotamos las
dos en un orgasmo como jamás había sentido. Mis brazos apretaban
su culo para apurar hasta el límite el contacto y así prolongarlo
lo máximo posible. Quedamos extenuadas, tal y como estábamos, mientras Lourdes me
daba pequeños besos cariñosos por toda la cara. - Siempre te deseé, me dijo, y hoy he podido por fin cumplir mi
fantasia. Le devolví una sonrisa acompañada de un tierno
beso. Os escribiré en otra ocasión para deciros como continuó
esta verídica historia. Espero vuestros comentarios. Sólo
mujeres, por favor. laila9542000@yahoo.es Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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