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Primeriza a domicilio |
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Lo que voy a contar me sucedió a la edad de 18 años, es
decir hace 4 años. Fue mi primera experiencia de sexo lésbico
y les aseguro que ha sido la experiencia sexual más enriquecedora,
intensa y deliciosa que he tenido en mi vida. Hola, mi nombre es Adriana, soy venezolana, de 22 años y estudiante
universitaria. Soy trigueña, muy bonita, delgadita, de estatura
media, cabello negro lacio largo, con tetas grandes y con muy buen cuerpo
(modestia aparte). Siempre había tenido una actitud sexual totalmente
heterosexual, jamás me habían interesado las mujeres, ni
había fantaseado con ellas. Ese año, por las vacaciones y para mantenerme ocupada y ganar
algo de dinero, acepté trabajar como encargada en la pizzería
de un tío. Debía encargarme de la caja y de vigilar que
todo funcionara correctamente en el área de atención al
público. En ese trabajo conocía y veía a muchas personas,
muchas de las cuales olvidaba a los pocos minutos. Pero no me ocurrió
así con Corina, una mujer de 38 años, rubia, de ojos verdes
espectaculares, de estatura media, muy voluptuosa y preciosa. Por donde
pasaba levantaba comentarios de admiración de todos los hombres.
No había momento en que no le dijeran piropos. Corina era cliente fija de la pizzería, por lo que la veía
muy a menudo. Entre nosotras solo había amabilidad, pero yo sentía
algo muy extraño cada vez que la veía y sentía que
sus hermosos ojos verdes se posaban en mí. Era algo tan fuerte
y raro que me descomponía toda, me sacaba de concentración
y control, me erizaba la piel y hasta me hacía sudar. Pero no era
algo malo, solo era extraño, parecido a cuando me gustaba un chico.
Decidí no darle importancia y logré estar tranquila durante
varias semanas en las que, además, casi ni la vi. Una tarde en la que salía temprano había que hacer una
entrega a domicilio, a nombre de una Sra. Valdivieso, y no se encontraba
ninguno de los repartidores por estar ocupados en otras entregas, por
lo que me ofrecí a entregarla yo, ya que la dirección me
quedaba en el camino. Al llegar al edificio indicado, toqué el
intercomunicador y una voz de mujer me indicó que subiera, lo que
no me agradó mucho pues estaba un poco apurada. Mi sorpresa fue
grandísima cuando al llamar a la puerta del departamento, quién
abrió fue la Sra. Corina, la bella mujer que había visto
en la pizzería. El corazón empezó a latirme rápidamente
y comencé a sudar como una fuente, lo que me perturbaba ya que
no entendía que me pasaba. Ella también se sorprendió,
pero inmediatamente se compuso y volvió a ser la misma mujer segura
y de aspecto dominante que tanto me perturbaba. Me saludó con la misma cordialidad de siempre. Nerviosamente le
expliqué que me había tocado hacer la entrega porque no
había ningún repartidor, a lo que ella respondió
con una sonrisa (mezcla de picardía con complacencia) que me descompuso
aún más. Me invitó a entrar mientras buscaba el dinero,
a lo que le respondí que estaba apurada, pero inconscientemente
entré y no sabía por qué. Fue en ese momento que
me di cuenta que Corina llevaba puesta una pequeña bata de seda
y sin nada de ropa interior. Eso me puso mucho peor de lo que estaba,
e hizo que me asustara y empezara a desear salir de allí, pero
algo extraño y desconocido me hacía permanecer en el sitio. El departamento estaba un poco desordenado, con mucha ropa nueva de mujer
sobre la mesa y algunos muebles. Me explicó que era parte de la
ropa que vendía en su tienda y que si deseaba podía probarme
alguna pieza. Iba a negarme cuando de pronto apareció, proveniente
de una de las habitaciones, una mujer realmente preciosa, de unos 30 años,
con un cuerpo escultural y un rostro angelical, también vestida
solo con una diminuta bata de seda. Se llamaba Michelle y como dije, era
tan hermosa como Corina. Me dijo que era una cliente y amiga suya, que
había ido a ver la ropa nueva que había llegado. Se pusieron
a hablar conmigo de la ropa que había en el lugar, mientras Corina
seguía buscando el dinero. Me mostraron todo y les confieso que
me sentía bastante a gusto hablando con ellas y viendo aquella
ropa tan bonita. De pronto me di cuenta de la hora y vi que ya tenía
bastante rato en ese lugar, por lo que le pedí que buscara el dinero
para poder irme. Corina se disculpó y se mostró apenada
y para compensarme mi tiempo me ofreció una prenda de ropa como
regalo, la que rechacé inmediatamente diciéndole que no
hacía falta. Ella insistió diciendo: - Tienes razón dijo Michelle A ella se le debe ver
muy bien todo lo que hay aquí. Insistieron tanto que no tuve más remedio que aceptar, además
de que era una oferta que no podía rehusar ya que de verdad toda
esa ropa me fascinaba. Lo que escogí fue una blusa espectacular
que había visto desde mi llegada. Cuando les pedí el baño
para probármela me dijeron que dejara la pena y me la probara allí
mismo, que a ellas eso no les importaba. En eso, y sin previo aviso, Michelle
se quitó la bata quedándose completamente desnuda. Les juro
que el corazón me empezó a latir a millón otra vez,
cuando vi aquel cuerpo escultural totalmente desnudo. Sus tetas eran preciosas,
grandes y firmes, y ni hablar de su trasero. Cualquier hombre daría
lo que fuera por poseerla. Empezó a probarse parte de la ropa mientras
yo no hacía otra cosa que verla. Cuando voltee hacia Corina me di cuenta que ella tenía la bata
totalmente abierta y también podía ver sus tetas y su cuca,
lo que hizo que me sintiera aún más perdida. Me miró
y me dijo que no perdiera más tiempo, que me midiera la blusa.
Con bastante miedo y pudor me quité mi camisa, luego el sostén
(ya que la blusa era para ser usada sin sostén), dejando al descubierto
mi pecho. En ese momento sentí que Corina y Michelle me devoraban
con la mirada y que me dejaban totalmente desnuda. Instintivamente me
tapé con la ropa, aunque sinceramente una extraña sensación
de placer estaba recorriendo todo mi cuerpo. Me puse la blusa nueva y ambas chicas se desbordaron en halagos hacia
mí. Le dije a Corina que me gustaba como se me veía y que
me quedaría con ella. Ella dijo que estaba de acuerdo, pero que
eso no era lo único que me podía llevar, que eligiera algo
más. Casi inconscientemente respondí que no podía,
pero ella volvió a insistir diciendo que si hacía que me
sintiera mejor, lo otro me lo dejaba a mitad de precio. Era una oferta
tan tentadora que nuevamente no me pude resistir, así que escogí
un bikini espectacular que estaba segura me serviría. Otra vez
les pedí el baño prestado para probármelo, ya que
tenía pena, miedo y vergüenza de que ellas me vieran totalmente
desnuda, y nuevamente me dijeron que no hacía falta, pero insistí
tanto que accedieron. Cuando me encerré en el baño no podía dejar de pensar
en todo lo que había sentido. No paraba de preguntarme con cierta
angustia qué me había y estaba pasando. ¿Por qué
sentía lo qué sentía? Mientras meditaba inconscientemente
me desnudé y me puse el bikini. Con la misma inconsciencia y distraída
por mis pensamientos salí nuevamente al salón donde estaban
Corina y Michelle. Mi sorpresa fue gigantesca cuando vi a Corina sentada
en un mueble, sin la bata y totalmente desnuda, y a Michelle bailando
frente a ella, quitándose lentamente la poca ropa que tenía
puesta. ¡Le estaba haciendo un streep tease! Yo no podía
ni hablar. Estaba tan sorprendida que no atinaba a reaccionar. En eso Michelle me vio, se sonrió y me hizo señas para
que me acercara. Me di la media vuelta para regresar al baño y
oí a Corina decirme "Quédate Adriana. Quédate
y disfruta lo que vas a ver". El morbo y la curiosidad eran mucho
mayores que el deseo de salir corriendo de allí. Michelle ya estaba
totalmente desnuda también. Se sentó al lado de Corina y
ambas se fundieron en un grande y apasionado beso. Pude ver como sus lenguas
se entrelazaban mientras que con sus manos se acariciaban el cuerpo. Me
volví a dar la vuelta y logré avanzar un poco hacia el baño,
pero, como dije antes, era tanta la curiosidad y el morbo, acompañado
por una gran excitación que se acrecentó cuando las vi besarse,
que volví hacia donde estaban ellas y me quedé parada observándolas
tímidamente. Ahora Michelle estaba chupándole y mamándole las tetas
a Corina. Su mengua pasaba por los pezones duros, los empapaba y después
se ponía a mordisquearlos o a chuparlos. Se separó y entonces
fue Corina quién empezó a comerle los senos a Michelle.
Parecía querer devorarlos, pues aplicaba completamente la boca
sobre ellos. Michelle se agachó frente a Corina, que abrió
completamente las piernas, y en ese momento sentí que el corazón
se me iba a salir, pues se puso a comerle la cuca. Pero lo que más
me asustaba era que toda esa escena de lesbianismo, junto con los gemidos
de placer que emitían las dos chicas, me había excitado
muchísimo. Me encontraba mojadísima y muy excitada, lo que
me impulsaba a seguir viéndolo todo. Corina se veía más hermosa que nunca. Me miraba, sonreía
y gemía mientras Michelle le comía la concha. Su cara era
de total placer, el mismo que yo sentía que me estaba transmitiendo,
como si yo estuviese hipnotizada. Michelle se levantó me miró y me lanzó un beso junto
con un guiño de ojo. Corina la sentó en el mueble y ahora
fue ella quién se puso a comerle la almeja a Michelle. Ella agarraba
a Corina por el cabello y la oprimía contra su cuca, a la vez que
lanzaba pequeños gritos y gemidos de bastante placer. Levantó
las piernas, abriéndolas más y pude ver perfectamente su
cuca afeitada, rosada y húmeda, algo que nunca creí me causaría
excitación. Corina estaba masturbándola a la vez que se
la comía y chupaba toda. Sus dedos entraban y salían de
aquella almeja que parecía llamarme a gritos. Mi grado de inconsciencia y excitación era tal, que sin darme
cuenta me había ido acercando hacia las dos, hasta estar prácticamente
al lado de ellas. Al estar así, tan cerca, viendo todo mucho mejor,
oyéndolas muy bien, oliendo el exquisito aroma del sexo, fue que
comprendí que me había sentido tan extraña porque
me sentía atraída por ellas dos. ¿Por qué
era eso? No lo se. ¿Cómo podía estar sucediéndome
y qué me estaba sucediendo? Tampoco lo podía decir. Lo cierto
es que me convencí que me gustaba lo que sucedía y deseaba
locamente ser parte de ello. Cuando volví a reaccionar me encontré sentada junto a Michelle,
observando con ansias como Corina le devoraba la almeja. Por la posición
en que me encontraba, el pecho de Michelle quedaba a la altura de mi cara,
por lo que me quedé contemplando el pezón erecto que me
invitaba a comerlo. Se inició una guerra dentro de mi, debido al
impulso que sentía por chuparlo, por saber que se sentía
tenerlo en mi boca. Me alejé un poco, tratando de controlarme,
con la respiración entrecortada y cerrando los ojos. Cuando volví
a abrirlos Michelle se tocaba el precioso pezón, lo que hizo que
me excitara aún más, por lo que sin pensarlo más
me precipité sobre él. Abrí la boca lo más
que pude, tratando de tragarme el seno completamente, buscando que entrara
completamente en ella. Con la lengua podía sentir el duro pezón
que tanto había deseado saborear. Lo lamía, mordisqueaba,
chupaba y mamaba deleitándome en la embriagadora sensación
que estaba experimentando. De pronto caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba cachapeando
por primer vez y eso me asustó muchísimo. Me separé
rápidamente, pero cuando quise levantarme Michelle me tomó
por el brazo y Corina por una pierna. Corina se levantó, acercó
su cara a la mía y dijo casi susurrando: "No te asustes. Relájate,
entrégate y disfruta esta experiencia que va a ser la mejor de
tu vida".Ya las lágrimas brotaban de mis ojos cuando Corina
me besó en la boca dulce y apasionadamente. Jamás me habían
besado tan bien y mientras lo hacíamos Michelle me quitaba el bikini.
Solo cuando quedé totalmente desnudita fue que las dos mujeres
entraron completamente en acción, quedándome a merced de
la lujuria de ambas. Con una delicadeza increíble Corina separó mis piernas
y se puso a besarme en los muslos. Vi que devoraba con la mirada mi almeja,
que gracias a Dios yo tenía por costumbre depilarla por considerarlo
más higiénico, pero ya ambas estábamos deseando que
me la comiera con la boca. Con la misma delicadeza colocó sus dedos
en mi concha, lo que hizo que me estremeciera, separó la piel y
la dejó completamente abierta a su disposición. Me la besó
como si me besara en la boca y luego empezó a pasarle la lengua,
lamiéndola completamente. El corazón me latía a mil,
pero aumentó su velocidad cuando sentí y vi que Corina ya
no solo me la lamía, si no que me la estaba mamando e introducía
sus dedos en mi rajita. Era muy diestra con su lengua y sus dedos. Subía,
bajaba, entraba y salía de mi hueco a placer. Con Corina comiéndome
la concha y Michelle, que seguía mamándome las tetas, creí
que me iba a correr casi inmediatamente. En eso Corina se levantó
y me volvió a besar en la boca. Su lengua tenía el sabor
a mi sexo, lo que me gustó tanto que cuando trato de separarse,
la detuve y nos seguimos besando a boca llena. Ahora era Michelle la que ocupaba el puesto de Corina. No me chupaba
la cuca, si no que me masturbaba. Corina se puso a besarme y mordisquearme
las orejas, el cuello, los labios, hasta que llegó a mis senos
y nuevamente se puso a chupármelos. Michelle hizo que subiera las
piernas al mueble y me recostara un poco más, para también
poder jugar con mi culo. Lo primero que hizo fue besármelo, lo
que me sorprendió muchísimo, además aún era
virgen por ahí. Cuando metió uno de sus dedos en él,
automáticamente arquee el cuerpo. Me había dolido un poco,
pero el placer había sido mucho mayor. Con su lengua iba de mi
cuca al culo y viceversa. Entre tanto Corina siguió bajando besándome
y lamiéndome toda, me excité muchísimo cuando empezó
a besarme y lamerme el pie, hasta que llegó a mi cuca y volvió
a comérsela. Michelle se le unió y el verlas hacerlo me
ponía cada vez más caliente. Todo se aceleró cuando se hicieron con mi clítoris. En
ese momento mis gemidos fueron más fuertes. Michelle lo tocaba
con la lengua y lo succionaba como si de un pene se tratara y las dos
se turnaban para comérselo y jugar con él. Llegué
a un punto en el que ya no gemía si no que gritaba "¡Más!,
¡más! ¡Ahhjjj! ¡Sí, así! ¡Ahhjjj!".
Las dos mujeres aceleraron su trabajo lo que provocó que me corriera
en la boca de ambas. Sentí que un río caudaloso brotaba
de mi almeja y pude ver como las dos se bebían todos mis jugos.
Cuando se incorporaron vi que tenían las caras empapadas en mis
fluidos. Se acercaron y empezamos a besarnos las tres y a jugar con nuestras
lenguas al mismo tiempo y yo trataba de lamerles toda la cara, para poder
saborear otra vez todos mis jugos. Me encontraba exhausta y jadeante y con una guerra mental entre lo que
acababa de hacer y lo que siempre había creído correcto,
pero mis dos amantes no dejaron que cayera en la duda, ni que descansara
un poco. Michelle me levantó e hizo que me pusiera de rodillas
sobre el mueble, quedándome en cuatro patas e inmediatamente se
pusieron a comerme nuevamente mi coñito. Otra vez empecé
a sentir lo mismo que antes. Corina empezó nuevamente a recorrer
muy dulce y suavemente todo mi cuerpo desnudo, con besos, lengüetazos
y caricias. Cuando llegó a mi boca empezamos a jugar con nuestras lenguas,
entrelazándolas, chupándonoslas y dándoles pequeños
mordiscos. Ella se sentó frente a mi, en uno de lo brazos del mueble,
quedando sus tetas a la altura de mi boca. Tenía tanta curiosidad
y deseo por probar sus pezones que inmediatamente me dediqué a
ello. Traté de meterme todo un seno en mi boca, pero era tan grande
que no cabía. Con mi lengua empecé a sentirlo, duro, erecto,
algo realmente fascinante. Le chupé, lamí y mordisquee las
tetas a placer, mientras ella gemía y me acariciaba el cabello
con una mano y con la otra me pellizcaba los pezones. Abrió las
piernas dejando ante mi un manjar afeitadito que se me hacía muy
apetitoso, pero que no me atrevía a probar. Michelle se acercó
a mi oído y dijo: - Anda mi dulce niña. No te rajes. Cómele la cuca como
la buena lesbianita que estás demostrando ser. Con una mano Corina separó los pliegues de piel de su cuca dejando
la descubierto todo el manjar rojo y húmedo que tanto miedo tenía
de probar. Acerqué la cara poco a poco, dudando entre hacerlo o
no, pero convencida de que tenía mucha curiosidad por averiguar
que se sentía y a que sabía. Cuando estuve muy cerca pude
percibir su olor, que me pareció tan excitante que terminó
de animarme a comérmela. Lo primero que hice fue besarle la cuca
como ella lo había hecho con la mía. Mi primer impulso fue
retroceder, pero Corina me tenía tomada por la cabeza, por lo que
me atrajo fuertemente hacia su sexo. Nuevamente pegué mi boca a
su concha, pero esta vez sí apliqué la lengua. En mi cabeza
había una mezcla de rechazo, curiosidad, morbo por lo prohibido
y aceptación, pero todo cambió cuando empecé a saborear
realmente la cuca de Corina. Era un sabor extraño, pero sumamente
agradable, que hizo que la aceptación y el morbo se impusieran
a los demás pensamientos. Además por un momento pensé
que era absurdo rajarme, pues ya había cachapeado con todo lo que
había hecho. Ya no tenía sentido pensar que no era correcto
y echarme para atrás. Estaba completamente entretenida devorando la cuca de Corina, cuando
sentí algo fuerte que me desgarraba la carne de mi concha. Cuando
voltee vi a Michelle detrás de mi, con una especie de correa moviéndose
al mismo ritmo de lo que me estaba penetrando. Mi sorpresa fue enorme...
¡Era un pene de goma y con él me estaba cogiendo por detrás!
Por mucho que hubiese querido oponerme, ya era tarde para ello. Empecé
a jadear y gemir muy fuertemente, tanto que estoy segura que todos los
vecinos debieron oírme. En eso Michelle me dio una nalgada diciendo
"Vamos mi pequeña cachapera. ¡Sigue mamándole
la cuca!". Corina me tomó nuevamente por la cabeza y me volvió
a pegar a su concha. Seguí comiéndomela mientras gemía
de puro placer. Empecé a chuparle el clítoris lo que hizo
que Corina empezara a moverse y a gemir más fuerte por lo que no
tardó en correrse en mi boca. Cuando sentí que se venía
apliqué toda la boca para poder beberme todo su néctar.
Sentía que un líquido espeso descendía por mi garganta
y me saciaba por completo. Era un jugo tan exquisito que hizo que yo también
me corriera en el pene de Michelle. Ahora estaba más exhausta que antes, pero con hambre y deseo de
mucho más. No entendía por completo que me estaba ocurriendo,
pero sí estaba totalmente segura que me estaba gustando y lo estaba
disfrutando a plenitud. Por eso estuve de acuerdo con mis dos chicas en
que debíamos seguir. Ahora era Corina quién tenía
puesto el pene. Al verlo un impulso incontenible de darle una mamada se
apoderó de mí. Mientras lo hacía Michelle se puso
a chuparme nuevamente las tetas y Corina se sonreía sorprendida
por mi iniciativa. - ¡Eres una golosa! decía riendo. Hicieron que me acostara boca arriba en la alfombra y que abriera y levantara
las piernas. Michelle me besaba y Corina me chupaba la cuca. Otra vez
era el centro de la orgía de sexo y placer que habíamos
montado las tres. Michelle se sentó nuevamente en el mueble y Corina
me dijo en tono imperativo que le chupara los pies a Michelle, y aunque
me sorprendió la petición, no dudé en hacerlo. Eran
unos pies bellos (modestia aparte, como los míos), que de verdad
provocaba besarlos. Mientras se los lamía, chupaba y besaba, Corina me penetró
dulce y suavemente. Empezó a moverse a un ritmo suave y pausado,
mientras que yo gemía de placer y seguía entretenida con
Michelle, que en eso se movió y se puso de rodillas sobre mi cara,
mirando hacia Corina, quedándome su cuca a disposición para
comérmela. Las tres nos fundimos nuevamente en una atmósfera
de pasión, lujuria, deseo y sexo que iba aumentando paulatinamente.
Corina me cogía mejor que lo que lo haría un hombre, Michelle
y ella se besaban y chupaban las tetas, y de vez en cuando me lamían
los pies (ya que los tenía levantados), mientras que yo me encargaba
de devorar todo el coñito de Michelle. Era un momento perfecto
y maravilloso que deseaba que jamás terminara. Las tres nos corrimos
juntas en el orgasmo más intenso de mi vida. Estuve un buen rato
bebiendo, sorbiendo y lamiendo todos los jugos de Michelle, mientras ellas
me daban las últimas caricias. Cuando nos incorporamos nos quedamos sentadas totalmente rendidas por
el cansancio. Nos besábamos tierna y dulcemente, cuando entre las
dos me abrazaron y quedé recostada contra ellas, con la cabeza
a la altura del pecho de Corina. Corina me trataba como a una hija, acariciando
mi cabeza y dándome pequeños besos en la frente. Ambas me
estaban consintiendo y mimando como a una niña pequeña,
y eso era una sensación sumamente agradable que me hacía
sentir muy feliz. - ¿Qué piensas Adriana? preguntó Michelle. Dicho eso, las tres nos pusimos a jugar nuevamente con nuestras lenguas.
Me contaron que se conocieron en la tienda de Corina hacía un año
y que desde ese momento se había hecho pareja. Michelle me contó
que antes de Corina ella tampoco había tenido relaciones lésbicas,
que Corina la había seducido. También Corina me confesó
que desde que me había visto por primera vez, le había gustado
y que hasta había pensado en seducirme. Me contaron como se sorprendieron
cuando vieron que era yo la que había llevado la pizza, que parecía
un sueño hecho realidad, algo enviado por el cielo, y que habían
decidido no perder la oportunidad de poseerme. Al nombrar la pizza, reaccioné como impulsada por un rayo. Me
levanté y les dije que me tenía que vestir para irme, que
ya se estarían preguntando dónde estaba. Corina se levantó
y me pidió que no me fuera. Les dije que no podía quedarme,
que ya era tarde, pero Michelle tenía un plan. Hizo que llamara
a mi madre diciéndole que pasaría la noche en casa de mi
mejor amiga, a lo que no se opuso. Luego llamé a mi amiga y le
dije que pasaría la noche con mi novio y que ella me tenía
que ayudar. Todo salió de acuerdo al plan. Mi deseo de que ese
momento no terminara se hizo realidad. Esa noche la pasé haciendo
el amor con mis con mis amantes, aprendiendo cosas que jamás soñé
con aprender. Fue una noche salvaje de puro sexo y placer lésbico,
que hizo que definitivamente aceptara que era lesbiana. Me hice amante de esas dos mujeres. Muchas veces, al salir de la universidad,
me iba a casa de ellas y hasta tenía la condición y obligación
de desnudarme completamente apenas cruzara la puerta del departamento,
para que así ellas pudieran disfrutarme completamente. Con el tiempo
me mudé con ellas y prácticamente todos los días
hacíamos el amor a placer. En ocasiones organizábamos fiestas
y reuniones con otras chicas, que siempre terminaban en unas tremendas
orgías. Hasta logré llevar a la bisexualidad a mi mejor
amiga y al lesbianismo a otras chicas que eran mis amigas. Desde entonces vivo a plenitud cada día de mi vida. Hace ya un tiempo que vivo con una chica que es mi pareja, pero de vez en cuando nos juntamos con Michelle y Corina, compro una pizza y hago nuevamente la entrega a domicilio, para revivir aquella tarde tan especial. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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