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Maravillas en el país de la delicia / Capítulo 3 |
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| Maravillas buscaba el jardín, buscaba la puerta que
la llevaría fuera de aquel aire caliente y aquel bullicio de mujeres
interminables. Por el camino no hizo caso a nada. Si alguien le habló
puso su cara más amable y pasó pidiendo perdón. Cuando llegó al jardín y se perdió entre la noche
de las palmeras, sudaba. Su ropa ya no parecía suya, quizá
de una mujer más grande. Quizá la excitación la había
hecho encoger. Quizá era un efecto secundario maligno que ejercía
en ella el sexo. Pero, en ese caso, ¡ella nunca podría llegar
a practicar el sexo con su pareja! ¡Iría menguando y menguando,
y con el paso del tiempo llegaría a desaparecer! ¡Sería
una mujer sin sexo para toda la vida! - Pero qué chorradas estás pensando, Maravillas... Céntrate,
es sólo toda esta locura de fiesta... Apoyada contra la palmera, cerró los ojos y respiró profundamente.
- ¡Ven aquí, cabrona! ¡Te voy a matar! -reía.
Sus pechos botaban libres con la carrera. Estaba pensando en irse de aquella fiesta disparatada sin encontrar a
su prima, cuando oyó una voz junto a ella, en la oscuridad. - Hola. ¿Paseando sola? Se le acercó en silencio una mujer de unos cuarenta años.
Sus ojos azules parecían iluminar las palmeras. Quizá era
la luz de la piscina cercana. Llevaba las manos en los bolsillos y una
camisa roja. - Sí. Estaba relajándome un poco. Maravillas sonrió. - Sí. Se hizo un corto silencio. - ¿Sabes? -dijo la mujer- Quizá te parezca una locura,
pero te he estado siguiendo. Maravillas quedó cortocircuitada y luego rió. - ¡Ya, sí! Parece que eso les pasa a muchas esta noche,
porque si yo le contara... Maravillas se miró las manos, como si aquella mujer se refiriese a ellas, como si allí estuviera la belleza que la había enamorado.
Maravillas calló. Aquello era lo más bonito que le habían
dicho nunca, aunque quizá ya lo había oído antes
en otra parte, por ejemplo en una película. - Gracias. Nunca me lo había dicho. Se acercó y besó en la mejilla a su enamorada. - Ahora me siento bastante mejor. Muuucho mejor... - ¡No! -dijo Maravillas, alejándose entre las palmeras-
Pero muchas gracias. Ha sido precioso. Ahora me siento especial. ¡Chao
y suerte! - Hola -dijo ella. Sin duda lo que fallaba era la táctica. Llevaba toda la noche
buscando a Conchi y no había encontrado más que un montón
de pistas que sólo la conducían a participar en delirantes
escenas. Seguro que si dejaba de proponerse encontrar a su prima, ¡puf!,
aparecería ella sola de detrás de un arbusto, o de un par
de chicas besándose. Así que a partir de entonces, nada
de buscar. Se dejaría llevar. - Claro que soy anti-globalización. Tú ya sabes que yo
siempre he estado a la última... "¡Por Dios...!" pensó Maravillas, sufriendo lo
equivalente a una arcada mental. - ¡Maravillas! Tardó poco en reconocer la cara de la chica junto a ella que la
saludaba: se habían conocido al principio de la fiesta, en el abarrotado
recibidor de la casa, yendo en direcciones contrarias. Recordó
también como un detello la mano apoyándose en su hombro
para no perder el equilibrio. - ¡Ah, hola! La chica del pasillo seguía tronchándose de risa. La gente
comenzó a vitorear. Una de las participantes, una escultural rubia,
tenía sus pechos (uno rojo y otro verde) ocupados ya por cinco
manos distintas, y alzaba los brazos, orgullosa. - Oye, ¿quieres ver otra cosa también muy divertida? -le
susurró al oído. La tomó de la mano y la llevó lejos, a un porche trasero
de la mansión. Aquel lugar estaba bastante oscuro. Subieron un
par de escalones y entraron por una puerta. Antes de entrar, le dio tiempo
de ver a dos chicas en el porche. Una sentada en una silla y la otra arrodillada
frente a ella. - ¿Esa le estaba haciendo a la otra... lo que yo creo que le estaba
haciendo? Su nueva amiga la arrastró de la mano al interior. - Te voy a llevar con unas amigas. Hemos organizado un concurso... Entraron en una habitación y cerraron la puerta tras ellas. Era
un cuarto de aspecto anticuado, decorado con cuadros rancios y alicatado
en madera. Parecía un lugar destinado a coleccionar mesillas antiguas,
y sobre ellas, jarrones antiguos, y junto a ellas, sillones y divanes
antiguos. En una estantería, un reloj dorado de péndulo,
también antiguo. - ¿Quién ha entrado? ¡Decídmelo! -dijo, pero
no obtuvo respuesta de ninguna de las presentes. La chica del pasillo le pidió a Maravillas silencio con gesto.
- ¿Qué tipo de concurso es? -le preguntó al oído.
Después de haber examinado a Maravillas de arriba a abajo, las
mujeres siguieron con el juego. - Bueno, Teresa, tú relájate -dijo una de ellas-. Ahora
va el siguiente beso. El número... ¿qué numero tocaba?
Una de las chicas se acercó y se arrodilló ante la vendada.
En su andar podían oírse los tambores de los salvajes que
van a cazar antílopes. - Prefiero guardarme mi opinión para el final... -dijo con una
sonrisa misteriosa-. ¡Siguiente...! Otra chica se arrodilló frente a ella. - ¡El número nueve! -dijo alguien. Este fue un beso mucho más suave. Un beso clásico atrapando
los labios. Sin embargo, al final el labio inferior fue succionado y estirado
sin piedad, hasta ser devuelto a su posición con un húmedo
¡plop! - Vaya, vaya... -fue todo lo que dijo- ¿Siguiente? Todas confabularon con miradas y empujones para que se acercara Maravillas.
- El número diez... -murmuraron. Pensó en aquello, en cómo sería para ella el beso
perfecto. Pensó en ello y se dijo: <<¡¿Qué coño...?!>> Y la besó. Esta vez era ella quien besaba, quien elegía cómo se hacían
las cosas. Esta vez sí le gustó. - ¡Bueno,tía, esto ya está! -dijo una- El trato eran
diez besos. ¡No quieras abusar! Maravillas buscaba a su alrededor alguna pista de quién había
sido la fotógrafa furtiva, pero era evidente que ya había
desaparecido. - Bueno... -dijo la chica de la venda- La verdad es que es muy difícil,
como siempre se dice en estos casos. Todos los besos han sido muy buenos,
y algunos hasta me han puesto cachonda... Imitaron un redoble de tambor, taconearon y golpearon una mesilla con los nudillos. - ¡Diez! No sabía por qué, pero se lo imaginaba. Aquella noche todas
las cosas raras parecían tenerla como centro geométrico.
Como pudo, Maravillas se fue despidiendo de todas. Salió de la
habitación para buscar a la fotógrafa. - ¿A dónde vas? -dijo la chica de los besos- Eres la ganadora,
¿es que no lo sabes? Y las tres, cogidas del brazo, subieron unas anchas escaleras. En el
piso de arriba esperaba un premio privado. 20/9/02 ¿Algo que decir? Escribe a eslavoragine@hotmail.com, mencionando, por favor, el título del relato al que van dirigidos tus comentarios. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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