|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Maravillas en el país de la delicia / Capítulo 2 |
||||||||||
|
12 de abril de 2002 Ameno intermezzo, algo extraño y con cierta reminiscencia cinematográfica En el camino de búsqueda de su prima por la casa, por las manos
de Maravillas fueron pasando gran cantidad y variedad de vasos y bebidas.
Ya que estaba en una fiesta donde todas parecían pasárselo
bien, al menos debía beber todo lo que le pidiera el cuerpo. Aunque
sólo fuera eso. Ya había tenido bastante ración de
emociones con Pony Girl y su paseo. Sin embargo no podía engañarse a sí misma. El encuentro
la había dejado muy excitada. Ahora todo su cuerpo estaba a una
temperatura superior a la que tenía cuando había llegado.
Había dado placer, había satisfecho la fantasía de
una chica, muy hermosa, por cierto, pero ella no había sido satisfecha.
¿Qué pasaba con ella? ¿Debía seguir así
toda la vida, siendo tan educada, manteniéndose en esa impecable
actitud de princesa tímida y llena de secretos, mirando cómo
los demás disfrutaban abiertamente del sexo simple y sincero? En esos pensamientos estaba cuando se bebió de un sólo
trago un cubata que alguien le ofreció al pasar por un corredor
lleno de chicas bailando. Ni siquiera vio la cara de quién la invitaba.
De pronto decidió que un cubata de un sólo trago y sin miramientos
era algo alarmante, y que debía calmarse un poco. Su cerebro mareado
decía lo mismo. También decía "¡Que paren
el barco, que me bajo!". Debía buscar a su prima. No quería estar sola allí.
Todo era muy agradable, una casa llena de mujeres dispuestas a cualquier
cosa, desde una charla sobre pintura hasta una sesión de besos
tras una palmera en el jardín. Gente parecida a ella, sólo
que sin complejos. Pero nunca le había gustado estar sola. Debía
encontrar a Conchi, entonces se sentiría más cómoda.
Llegó a una cocina, una enorme. Todas las habitaciones de aquella
casa, fuera quien fuera el propietario, parecían enormes. Sorprendentemente,
estaba casi deshabitada. Sentada en una silla, una chica dormitaba con
la cara entre los brazos y apoyada en una mesa de madera envejecida. Tenía
el pelo revuelto y -aun sin verle la cara- aspecto de haberse divertido
más de lo que su cuerpo pudo aguantar. Y eso que la noche acababa de empezar. De espaldas a Maravillas, otra chica con minifalda de cuadros escoceses
buscaba en la nevera una botella de leche para tomar un vaso. Perdona... dijo Maravillas Estoy buscando a alguien.
A lo mejor tú puedes ayudarme. La chica se dio la vuelta. Tenía un gracioso bigote blanco de
leche, y no parecía saberlo. ¡Ah, hola! Perdón... tragó y se relamió. El bigote blanco seguía estando allí- Perdona, estaba bebiendo. la chica era deliciosamente risueña Dime... Oh, pero, ¿quieres un poco? dijo, ofreciéndole
la botella blanca. No, muchas gracias. Estoy buscando a mi prima Conchi. Me ha invitado
a esta fiesta, pero no sé dónde está ella. ¿Conchi? Mmmmh... meditó, bebiendo. Sí, creo... Creo que es amiga de la dueña de esta
casa. Se conocieron por un amigo común, un arquitecto, un tal Ventura.
Un tío insoportable, dice ella -Maravillas rió al recordarlo-
pero buena persona. Bueno, no sé si tú... La chica del bigote meditó. Mmmh. Sí, puede que conozca a la hermana de ese arquitecto.
Se llama Alba. ¿La conoces? No. Creo que no. Pues quizá ella sepa dónde está tu prima.
Suele saber dónde está todo el mundo. Es, ya sabes, una
controladora. Y además es muy amiga también de la dueña.
Casi se puede decir que han organizado la fiesta entre ellas. Gracias. Si me dijeras dónde está... Claro, mujer. Mira, ¿siguiendo este pasillo? Pues tuerces
a la izquierda. Por esa zona encontrarás un cuarto de baño.
Por ahí la dejaron hace un rato, creo. ¿Le pasa algo? No bueno, está un poco pedo, ya me entiendes. Hay gente
que no sabe lo que bebe. Por el pasillo a la izquierda, vale, muchas gracias. Por cierto
-dijo, cuando ya estaba a punto de dejar la cocina- ¿Quién
es la dueña de esta casa? La chica tomó otro trago de leche. La verdad... no tengo ni idea. Por el pasillo y luego a la izquierda se iba siguiendo el reguero de
una música débil, como salida de una radio. Un tango, o
quizá otra cosa. Maravillas no era muy buena catalogando aquel
tipo de música. La música salía de detrás de la puerta de madera
del cuarto de baño. Un letrero decía "Señoras".
Se cansó de llamar con los nudillos sin que le respondieran, así
que entró. Dos chicas, sentada una sobre otra en el retrete, se exploraban mutuamente.
Le dedicaron una mirada desconfiada a Maravillas al entrar, como de perras
guardianes, pero parece que la aceptaron como una molestia inofensiva.
Volvieron a los besos y las caricias bajo la tela. Para ellas parecía
que aquella era la última noche del mundo. En la bañera, había otra chica en plan zombie, agarrada
a una botella. Una zombie muy linda, pero una zombie beoda en toda regla.
Tenía los ojos entornados, parecía pensar en algo muy trascendente
para la humanidad, o quizá sólo en si valdría la
pena el gran esfuerzo de llevarse la botella a los labios para dar otro
trago. No había nadie más allí. Ejem... titubeó Maravillas ¿Está
por aquí una tal Alba? La chica de la bañera no reconoció su nombre hasta que
lo pronunciaron por tercera vez. ¡Yo! exclamó de pronto, levantando la mano
¡Yo! ¡Yo me llamo Alba! Estoy buscando a... ¡¿Qué?! Todavía no he dicho nada... joder... -borracha o no, Maravillas
no se atrevió a decir esto último sino por lo bajo. Ella
era así.- Digo que estoy buscando a alguien. Se llama Conchi. Es
mi prima. Me han dicho que tú la conocías... Bueno, sí, oye... ayúdame primero a levantarme,
¿quieres, guapísima? Dejó la botella en la bañera y le tendió la mano.
Maravillas la ayudó a incorporarse fuera de la bañera, pero
no fue tarea fácil. Aquella chica se resbalaba e inclinaba todo
el tiempo como si lo hiciera aposta. Una vez de pie se abalanzó
a abrazarse a Maravillas, buscando un apoyo. Parecía que estaba
muy a gusto de aquella manera, incluso Maravillas estuvo a punto de preguntarle
si se había dormido. La zombie la miró a los ojos. Verdaderamente era una mujer hermosa.
Ridícula en su borrachera, pero hermosa. Sus ojos rasgados rebosaban
amabilidad y deseo. Su nariz también. pequeña, muy fina.
La cogió de la mano y la cintura. ¿Quieres que bailemos...? -le preguntó. Las eses
silbaban entre su dentadura y sus labios cuando las pronunciaba, sonaba
como una serpiente. Yo, la verdad es que no venía aquí a eso. Vale, vamos a bailar. Comenzó a moverse lentamente, llevando a Maravillas al ritmo de
la vieja música de la radio, quizá un bolero. La abrazaba
fuerte contra ella. Maravillas descubrió unos pechos muy pequeños
aplastados contra los suyos, bastante más voluminosos. Aquella
era el tipo de mujer hermosa pero delgadísima con apenas un pecho
de niño, ni siquiera de niña. Era el prototipo de bailarina.
Y la verdad es que bailando perdía toda su ridiculez y torpeza
etílica. Se sentía bastante a gusto entre sus brazos, incluso
caliente y acogida, sin necesidad de tener que aprender a bailar, cosa
que en realidad no hacía muy bien. Mmmmh... ¿qué me querías preguntar? Estaba buscando a Conchi. Mmmmh, sí... Habrase visto par de guarras. Míralas,
ahí, dándose lengua y metiéndose mano hasta en el
carné del paro. Sí, vaya par de... Así no hay quien
pueda meditar tranquila... Bailas muy bien, ¿sabes? Pues qué gracia, porque en realidad no sé bailar
muy bien. Chorradas. Bailas de miedo. Siguieron bailando. La chica le echó una mano al culo. No era la mano que el chico
llevaba disimuladamente, milímetro a milímetro, al trasero
de su chica en el baile del instituto. Le cogió descaradamente
un cachete y se lo apretó. ¡Oye! rió Maravillas, por no llorar ¿Qué
confianzas son esas? Mmmmh... gimió ella ¿El qué?
¿Qué pasa? Bajó la otra mano y le cogió el segundo cachete. Rió
como una sinvergüenza. ¿Es que hago algo malo? Te pasas un poco, ¿no crees? La puerta del baño se abrió. Entró una chica con
mucha prisa, abriendo su bolso. Cerró tras de sí. ¡Nada, nada, seguid con lo vuestro, como si no estuviera! Es que la puta lentilla se me ha vuelto del revés, y necesito... Aaaaaah... Fue ante el espejo y comenzó a hurgarse en el ojo enrojecido y
lacrimoso. No parecía dar con el artilugio. En aquel preciso momento, Maravillas comenzó a pensar que nunca
encontraría a su prima. La puerta se abrió. Entraron dos chicas jovencísimas, Maravillas
les echaba no más de diecisiete. Sus ropas de mujer provocativa
y abiertamente sexual no la engañaban. Reían y decían
tonterías sin parar. ¡Eh, qué buena idea! dijo una de ellas
Vamos a bailar, ¿te parece? Venga. Pero una tiene que hacer de hombre, ¿no? Tú me llevas que eres más alta. Y las dos chiquillas se unieron al salón de baile, agarradas la
una a la otra, muy acarameladas. ¿Te imaginas? Dentro de un tiempo oiremos esta canción
y diremos: "¿Oyes? Está sonando nuestra canción...".
Sí... Mientras tanto, la chica de la lentilla tenía el ojo aun más
rojo y la paciencia aun más alterada; las chicas del retrete no
se daban ni un respiro. Los sonidos de sus succiones y lametones se oían
mezclados con la música. Otras tres mujeres se asomaron al baño y decidieron entrar. Rondaban
la treintena. Iban en busca desesperada de bebida, y encontraron la botella
en la bañera. Ni siquiera pensaron que alguien podía haberla
estado chupeteando y babeando. Comenzaron a llenar sus copas y a brindar,
entrelazando sus brazos. El cuarto estaba abarrotado. No era precisamente un lugar amplio. Maravillas
y su nueva amiga que le amasaba el culo ya como si hiciera pan
bailaban entre la bañera y una mesilla con estanterías y
toallas, rozándose con la chica de la lentilla. Cuando alguien
más entró en el baño, todas se tuvieron que apretar.
Maravillas y la bailarina sintieron sus cuerpos más juntos que
nunca. La chica recién llegada levantó exclamaciones y silbidos.
Por todo atuendo llevaba una mini-cazadora de cuero negro que seguramente
le habría robado a su hermana de diez años, una rocker precoz.
En su cabeza, una gorra negra de motorista, también de cuero. Unas
botas negras altísimas, con tacón metálico, unas
medias y un tanga. Un ejemplar increíble. Traía un pequeño radiocasette. ¡Mariola! comenzó a llamar ¿Alguna
de vosotras es Mariola? ¿Qué? ¡Yo! exclamó la chica de la lentilla. Al volverse mostró un ojo rojo que lloraba como el de una Magdalena ¿Qué pasa? La chica nueva se abrió paso como pudo hasta llegar a ella. Hola cariño. Soy tu streaper. Esto es un regalo de cierta
persona que te quiere mucho. Lo ha pagado todo, así que tú
solo mira y disfruta... Y si eres buena, puede que incluso te deje tocar
un poco. Ooooh, mierda, precisamente ahora tengo el ojo así. Me
voy a perder el cincuenta por ciento... ¿De verdad te han pagado
para que bailes para mí? Eso es, cariño. Sólo para ti. La motorista puso en marcha el radiocassette. Amablemente, alguien había
apagado previamente la radio. La nueva música era muy sensual y potente, un soul lo suficientemente
lento como para que algunas pudieran seguir bailando, mientras otras dejaban
sus brindis para gritar cosas como "¡Eso es, mueve el culo!",
"¡Vaya cuerpazo! ¡A ver si lo manejas igual de bien fuera
del trabajo!" o "Bombonazo, eso es carne y no lo que me dan
en la charcutería!". Todo ello bastante facilitado por el
estado de embriaguez que allí cundía. El cuerpo de la chica en movimiento era un espectáculo para los
ojos y las hormonas. Era toda una profesional. Bailaba, se retorcía,
acariciaba su cuerpo de curvas perfectas, se inclinaba hacia adelante,
y cuando la chica del ojo rojo hacía además de tocarla,
se retiraba y la castigaba con la mirada. Se contoneaba ante ella al ritmo
negro del soul. Sus enormes pechos temblaban insoportablemente a cada
paso. Su preciosa cara destilaba malicia y saber hacer. Maravillas sintió una mano entres sus muslos, tanteando sus bragas.
Miró hacia atrás: la chica sentada en el retrete la acariciaba,
sin dejar por ello de besar a su novia. Le guiñó un ojo.
¡Será posible! ¡Nunca he visto cosa igual...!
Una rubia salida de la nada, se les acercó. ¿Os importa que baile con vosotras...? Con una mirada de la bailarina, como si ella fuera su propietaria, la
compartieron. Ahora Maravillas era la pareja de baile de ambas. Aquella
mano seguía bajo sus muslos, y no podía alejarse de ella.
Apenas tenía espacio para bailar... La recién llegada no dejaba de mirarla. Habría visto algo
especial en ella. Maravillas se sentía halagada, pero no se atrevió
a devolverle la mirada. Se sonrojó, en parte también por
el calor que hacía en aquel cuartucho. Una mano sobre su pecho. Su nueva pareja la acariciaba. La miraba como
esperando una reacción. No podía estar en todo: intentaba
evitar aquella mano que le bajaba las bragas para acariciarla por debajo,
incluso la reprendió, pero en aquel bullicio nadie le hizo caso.
La streaper cogió la cara de la chica de la lentilla y la insertó
entre sus enormes pechos, restregándola contra ellos, dejándola
que disfrutara unos segundos de algo que no iba a probar más que
en sueños, horas más tarde, quizá. "Me encanta mi trabajo", decían sus ojos. En plan exhibicionista, entró una mujer muy elegante con un dogo
enorme sujeto de una correa. Todas estallaron en monerías, caricias
y mimos para el enorme animal. El cuarto estaba a reventar. Ahora eran las dos chicas del retrete las que intentaba alcanzar su vagina,
mientras sus compañeras de baile le propinaban mordiscos en las
tetas por encima de la ropa. Maravillas estaba algo angustiada: tener
tantos cuerpos humanos pendientes de ti, sobándote, comprimiéndote,
manejándote. Aquellas manos habían alcanzado su vagina,
ya húmeda. Estaba muy agobiada, incluso asustada, y aun así
húmeda. Increíble. Una buscaba su clítoris en vano,
mientras la otra jugueteaba con sus labios. Intentó quejarse, por algún motivo, pero no lo hizo. Entraron tres mujeres más, armando jaleo. Una de ella, entre gritos,
agitó una botella de cava. El tapón salió volando
y cayó sobre todas ellas una lluvia de espuma blanca. Unas aplaudieron
y otras se cagaron en su madre por mancharle el traje. Mientras la chica de la lentilla lamía la línea del culo
de la streaper, mientras alguien le acariciaba los labios vaginales, mientras
un par de jovencitas al fondo bailaban y se besaban enamoradas, mientras
una boca le besaba el pecho izquierdo y otra le mordía el derecho,
mientras un montón de manos acariciaban el pelaje corto del dogo,
mientras la streaper le dedicaba una mirada disimulada de vampiresa, mientras
un dedo torpe rondaba su clítoris sin encontrarlo nunca, mientras
le era acariciado el culo, y la espalda, y besado el cuello y los hombros
por un montón de bocas y manos que ya no sabía de dónde
habían salido, mientras sonaba la música soul... Mientras
todo eso ocurría, Maravillas creyó tener el primer orgasmo
compartido de su vida. Ni siquiera la habían penetrado, pero con
todo aquello lo sintió. Al menos eso creía. Fue una sacudida
que le subió de la cintura hasta el cuero cabelludo, un calor que
venía en ráfagas y más ráfagas, que iba y
volvía, que se apagó como el último rescoldo de la
chimenea en invierno. Esperaba que hubiera habido algo penetrándola,
o al menos lamiendo, esperaba un chorro enorme de algún líquido
saliendo de su vagina, quizá por algún concepto erróneo
sacado de alguna película o alguna ilustración de cómic
japonés. Nada de eso sucedió. Y no podía comparar
con ningún otro orgasmo provocado por otra persona (por todo un
tropel de personas), pero estaba casi segura de que lo fue. Estuvo a punto de caer al suelo, pero un montón de manos lo impidieron.
Asustada, desorientada, se libró a la fuerza de aquellas manos
y bocas. Le costó un gran esfuerzo, pero se libró, y se
abrió paso hasta salir por la puerta del cuarto de baño.
Al volver su vista atrás, no vio un vacío donde ella había
estado. Vio chicas besándose y queriéndose, vio cava y fiesta.
Incluso vio algo extraño: un perro que si se pusiera de pie sería
más alto que una persona. ¿Qué hacía allí?
Maravillas se marchó. Sentía que aquel era un momento para estar sola. Continuará... 19 de abril de 2002 Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
El
mejor sexo lesbico de internet
Descarga las mejores fotos y videos de la red
|
||||||||||
|
¿Escribes
relatos eroticos? Mándamelos
por mail y los publicaré
|