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-¡Dios mío que sol tan intenso! Mi piel amenazaba con llenarse
de ampollas de seguir un minuto más bajo el ardiente sol de Agosto.
El mar reflejaba sus rayos y el blanco de la cubierta cegaba nuestros
ojos.
-Si no me doy una ducha, se me cuarteará la piel como a un lagarto
Suspiré.
-Exagerada...! - dijo Lucia... Ella podía pasarse horas y horas
bajo el sol sin apenas cambiar de posición. Yo me desesperaba...procuraba
tener un cubo de agua cerca de mi para irme mojando, pero el agua se había
calentado y ni refrescaba ni calmaba ya mi piel.
Me incorporé con cierta prudencia, puesto que estábamos
atracados en el puerto, y aunque tomábamos el sol en la cubierta
superior, a resguardo de miradas indiscretas, íbamos completamente
desnudas. Me puse el bikini, intentando no levantar demasiado el cuerpo.
Al bajar las escalerillas vi de refilón una cabeza de pelo oscuro
que merodeaba por el barco. Me extrañó. Los maridos y el
patrón se habían ido a Khama, un pueblo de al lado a buscar
unos equipos de inmersión. Ella y yo preferimos quedarnos en el
barco tomando tranquilamente el sol.
-Lucia....no estamos solas!
-Que dices?, no puede ser. Nos han dicho que volverían a mediodía
para comer!
-Te juro que he visto una cabeza rondando por abajo- Insistí.
Lucia se incorporó, más descuidada que yo, agarró
un vestido de punto que tenia allí, y se lo puso precipitadamente.
Bajamos las dos por la estrecha escalera. Lucia iba delante, yo la seguía
pegada a sus talones. Allí vimos al intruso, mirando por una de
las ventanas de espaldas a nosotras.
- Oiga!!!! - dijo Lucia muy decidida en un tono brusco e imperativo.
El fisgón se dio la vuelta sobresaltado, poco faltó para
que se le cayera la caja que llevaba. Al darse la vuelta pudimos leer
en la parte izquierda del polo blanco que llevaba, "BAR GOLOSO". De la
caja asomaban unas botellas de vino. El marido de mi amiga lo había
encargado en el bar del pequeño puerto y mandó que lo trajeran
al barco, es lo que nos contó más tarde. El chico, un guapo
italiano de no mas de 25 años, se excusó en su idioma o
eso es lo que supusimos al ver su cara. Ella y yo nos miramos divertidas
por el incidente.
Se quedó con la caja en las manos, mirándonos sin saber
que hacer, Lucia, se acercó a el, y cogiéndole por el brazo
lo llevó hacia el interior para que dejara la caja al lado del
frigorífico. El chico obedeció mansamente. Yo les seguía
y le observé con el detalle que mi mente juguetona me permitía!...
Tenia unas piernas bien formadas, apenas con vello, el culito respingón
y unos buenos hombros. El peso de la caja tensaba los músculos
de sus brazos, y bajo el pelo moreno, negro tizón, unas gotas de
sudor perlaban su nuca...
- Lucia- le dije en voz alta, amparada en la imposibilidad de que el chico
me comprendiera -¿Sabes que este tío está muy bueno?
- Pero que dices! Si es un crío!... Me contestó volviéndose
para echarle una ojeada sin cortarse demasiado.
- Si, si, un crío , pero está buenísimo! Repliqué.
Llegamos al frigorífico, y Lucia le indicó por señas
que dejara la caja al lado. El muchacho levantó la mirada hacia
ella sin saber que decir. Era obvio que no hablaba más que italiano,
puesto que en nuestro pobre ingles intentamos hacernos entender y no lo
conseguimos.
-Pobrecillo, menudo susto se ha llevado! ¿Has visto como suda?...-
Le dije sin dejar de mirar al moreno muchacho -Ofrécele algo para
beber, se lo ha ganado.
- Estas pensando lo mismo que yo?- Me dijo abriendo la puerta del refrigerador...
Con un gesto de ofrecimiento le mostró al chico las bebidas para
que tomara libremente lo que le apeteciera. Para que no se sintiera solo
sacó un par de latas de coca cola, para ella y para mi. El, tímidamente
cogió un botellin de Malvasia, era la cerveza que se bebía
en la zona. Nos obsequió con una amplia sonrisa mientras abría
la botella con el abridor que le tendí. Engullía el liquido
dorado con evidente placer, su nuez subía y bajaba con cada trago
mientras las dos le observábamos, ajeno por completo a nuestras
retorcidas intenciones...
- Oye Joana, tienes razón es un bollicao monísimo...te lo
imaginas sin camiseta? Tendrá buenos pectorales?...- Me dijo en
un tono muy juguetón.
- A que no te atreves a coquetear con el?- Le contesté provocándola.
- Estas loca?, para que luego vaya corriendo a contarlo al bar del puerto.
- Y quien le iba a creer?, dos mujeres casadas respetables y serias, seduciendo
a un jovencito? Pensaran, o que esta borracho, o que le ha afectado el
sol.
Vi esbozar a Lucia una sonrisa llena de muy picaras intenciones. Su rostro
se iluminó, y entornó sus grandes ojos mientras me decía
mirándole a él...
-Y yo con estas pintas!. ¿No me podría haber puesto un pareo
o algo más sexy en vez de este horrible vestido?
- Si, si...- Le contesté yo- Como que se esta fijando mucho en
el vestido. No pierde detalle de la evolución de tus pezones. Se
te han erizado después de tomar el trago de coca cola!.
El chico se había quedado como atrapado mirando las protuberancias
que se marcaban bajo el fino tejido del vestido.
La muy descarada de Lucia, aprovechando esta apreciación, pasó
disimuladamente la lata fría y mojada por encima de ellos. Miré,
divertida, la reacción del muchacho...Se reía tímidamente,
hablaba nervioso aun sabiendo que no le comprendíamos nada. No
sé si nos desafiaba, o simplemente nos llamaba descaradas, por
decirlo suave. Pero nosotras lo estábamos pasando pipa. Lucia no
se cortaba. Desde hacia años sabía que podía ponernos
en situaciones impensables, y aquella mañana prometía ser
una de esas.
El chico parecía un poco incomodo y no podíamos permitir
que se fuera.
- Creo que lo estas asustando- Le dije cautelosamente. Entonces
me dirigí yo a él y en el poquísimo italiano que
conocía e improvisando incluso palabras le dije que "Buenísimo
jorno", "molto calore" restregando mi mano por mi cuello y escote, escenificando
una sensación exagerada de calor. El entendió y asintió
tocándose también su cuello sudoroso. ¡La oportunidad!
Le hice un gesto como para que se quitara el polo, miró a Lucia,
que aprovechó la ocasión para animarle también. El
chico dejó la cerveza en el mostrador del bar y cogiendo el polo
por la parte trasera del cuello, lo estiró sobre la cabeza
descubriendo un torso joven, moreno y bien formado...
Mientras la camiseta le tapaba la visión Lucia y yo nos miramos,
y con un simple gesto nos pusimos de acuerdo de que íbamos a divertirnos
con él.
Eso me excitó muchísimo, hacía tanto tiempo que no
tonteábamos con hombres!. Era una travesura que alguna vez
habíamos practicado en la facultad, pero nunca más, desde
entonces, volvimos a actuar juntas. Eran momentos excitantes, la verdad
es que nunca conseguimos gran cosa. Los chicos se asustaban, o pensaban
que éramos unas crías...Esta vez y después de muchos
años las ganas de divertirnos como entonces nos dieron esa chispa
y la aprovechamos. Giaco, tomó de nuevo la cerveza. Directamente
en castellano, e importándome muy poco que no me entendiera, le
fui hablando tiernamente mientras rozaba su pecho con mi lata fría.
El muy bobo se rió.
- Mira el niño, este....parecía tonto...y se está
dejando seducir....- Dije melosamente sin dejar de mirarle a los ojos.
Lucia me abrazó por detrás, mirándole sin duda. Me
mordisqueaba el hombro y me movía en un ligero vaivén...Giaco
nos miraba...un tanto atónito, pero seguía firme en
su posición, permitiendo que la lata descendiera por el ombligo
y reposara en la cinturilla de su pantalón.
Lucia deslizó su lata goteante sobre mi pecho, mojándome
la piel, erizando los pezones...Giaco, se reía nervioso, su mano
se fue a la entrepierna y las dos miramos lo que nos quería mostrar.
- Este chico se esta poniendo bueno! Uhmmm, y yo también...Noto
como me estoy mojando...- Le dije a mi amiga .
- Como te llamas? Name? - Eso si lo entendió.
- Giaco...Giacomo! - Dijo escuetamente.
- Hola Giaco! - dijimos las dos al mismo tiempo como si fuéramos
miembros de un coro.
Lucia tenia una actitud muy mimosa y cariñosa conmigo, no es que
fuera bisexual, solo era una interpretación que sabíamos
tenia mucho efecto en los hombres. Alguna vez nos habíamos extralimitado,
e incluso nos llegamos a besar en los labios y a magrearnos cual lesbianas,
pero de eso hacia siglos y esa afición se quedó suspendida
en el tiempo.
Nunca más volvimos a las andadas, el fin de los estudios y la aparición
de los novios formales, nos hicieron vivir de una forma mucho mas adulta
y madura (eso se suponía). Nos llamábamos de vez en cuando,
pero yo me trasladé de ciudad y la amistad se fue enfriando, hasta
no hacía mucho que un reencuentro inesperado nos volvió
a unir, esta vez con una vida a nuestras espaldas, con hijos adolescentes
en ambos casos, con penas y glorias, pero con muchas ganas de volvernos
a sentir tan amigas como lo fuéramos entonces. Prometimos no volver
a perdernos el rastro, y organizamos una cena con los respectivos, y de
allí a unas vacaciones juntos los cuatro, costeando Italia. Desde
hacía dos días estábamos atracados en Pantelaria,
un puerto muy pequeño al lado de Silcilia.
El juego había empezado, la tenia detrás de mi, abrazada
a mi cintura, provocando el temple de un pobre chico.
Sus dedos soltaron, el cierre del bikini, y con la mano lo arrastró
por encima de mi cabeza acariciando a su paso mis pechos. Giaco trago
saliva, pero no se cortó, sus toqueteos a la entrepierna
aumentaron y no hacia más que mostrar el abultamiento de su pene...
- La madre que lo parió! ¿Has visto la erección que
tiene? Dijo Lucia, alborotada.
- Le voy a quitar el pantalón....¿Crees que se dejará?
Le dije, sin apartar la vista de aquella mano juguetona.
Alargué el brazo hacia el botón del pantalón, menuda
cara de tonto se le quedó, pero no me lo impidió, le desabroché
el botón, atrevida y envalentonada por las palabras de Lucia que
me animaban y divertían. Luego la cremallera...Él mismo,
hizo un movimiento de cadera y el pantalón cayó al
suelo. Debajo llevaba un simple slip azul marino, sin aberturas, con el
elástico superior en blanco. Apenas podía contener la erección.
Su pene se escapaba por los laterales, por arriba... según él
tocaba y tocaba.
Su mano derecha se dirigió dudosa a mis pechos, los tocó
torpemente, como con prisa, como temiendo que ese divertimento acabara
con un bofetón o algo así. Yo miraba su cara, sus ojos brillaban
y sus dientes mordían el labio inferior mostrando unos bonitos
dientes blanco intenso que contrastaban con su piel tan morena.
- Menudo bombón estás hecho guapo. Dijo Lucia separándose
de mi y colocándose tras él.
Vi como se bajaba los tirantes del vestido y como sus pechos, sus grandes
pechos, redondos y duros, apetecibles hasta para mi, se posaban en la
espalda de Giaco. Yo le veía la cara y de verdad era un autentico
poema! No se atrevía a moverse.
-Si le vieras la cara...! -Verdad Giaco, corazón...! -Le apunté
melosamente a ella.
Al escuchar su nombre sonrió, sin entender lo que le decía.
Las manos de Lucia le rodearon el pecho, y se deslizaron por su cintura,
rozando el slip.
-Bájaselo...- La animé.
-Ostras, es que no me atrevo.....¿Lo hago?...- titubeaba indecisa...
- Venga Lucia, a por todas! ¿Quien se va a enterar? ...
Ni yo misma pensé que lo hiciera, y tampoco sé lo que pensó
Giaco, pero cuando Lucia metió los dedos en el elástico
para deslizarlo por la cadera, Giaco se llevó automáticamente
las dos manos a su abultadísima entrepierna. Lanzó un gemido,
y nos miró con ojos de cordero degollado. En su slip apareció
una mancha pegajosa, mientras sus abdominales se contraían y distendían,
y su respiración agitada se entrecortaba.
-Pero si se ha corrido!....- Dijo Lucia estupefacta - Si apenas le he
tocado!
Nos dio un ataque de risa, nos partíamos las dos, mientras el se
subía a toda prisa el pantalón, cogía el polo y salía
zumbando por la pasarela.
Nos reímos con ganas, como hacía tiempo que no lo hacíamos...recordando
la cara del pobre Giaco y lo gamberras que habíamos sido.
La dos nos quedamos alborotadas como unas crías, sentadas en el
sofá medio desnudas, nos empezamos a mirar los pechos, los de Lucia
eran para admirarlos.
- Sigues teniendo los pechos preciosos - Le dije a mi amiga mirándolos
con una envidia tremenda
- Si? Tu crees? - Contestó asiéndolos con sus dos manos
y elevándolos.
- Se te notan tan duros!
Mi mano se fue hacia ellos. No pude detenerla. Quería apretarlos,
me apetecía succionarlos. Estaba excitada, muy excitada. Lucia
me miró entre sorprendida y complacida. Me detuve avergonzada.
¡Es que me salió del alma!. Los toqué, no para ver
la dureza, creo que el roce era un impulso de deseo, y ella así
lo entendió.
Nos miramos incrédulas....nos separamos. Y nos quedamos mudas sin
saber que decir ni a donde mirar. Me voy a duchar, dije por fin buscando
una escapada a esa situación.
-Voy contigo me dijo Lucia cogiendome de la mano y llevándome
al baño de su camarote. No dije nada más, me deje llevar,
y me metí con ella en la ducha.
De repente la Joana, valiente y decidida, la juguetona y provocadora se
había quedado como un gatita asustada, obediente y sumisa. Sin
pronunciar palabra me quité la braguita del bikini, ella se había
quitado ya el vestido antes de entrar.
La ducha no era muy grande, lo suficiente para caber las dos. Cerró
la mampara y allí nos quedamos juntas, muy juntas separadas solo
por una fina cortina de agua tibia. Me di la vuelta, no sabia que hacer...me
apetecía mucho esa intimidad, pero era torpe con los gestos. Ella
más decidida cogió gel, lo puso en su mano y me frotó
la espalda, lenta y suavemente. Para no impedirle el acceso levante los
brazos y los apoyé en la pared. Le dejaba el campo libre para que
tocara y jabonara todo mi cuerpo. Me estaba excitando de nuevo, la calidez
del agua cayendo entre las dos, y sus manos cuidadosas, temblorosas, pero
decididas, acariciando mi cuerpo con la suavidad de la espuma...Uhmmm.
Noté un beso en la nuca, noté un jadeo en mi oído,
y noté sus esculturales pechos pegados a mi espalda. Luego su pelvis
en mis nalgas, y sus manos cerrándose sobre la cintura subiendo
hacia mis pechos. Juro que me excité mucho, pero mucho, mucho....las
manos de una mujer, de Lucia, mi querida amiga se disponían a hacerme
el amor, así lo sabíamos las dos, así lo deseábamos
en ese momento....Mi postura de sumisión encendía a Lucia
que se sentía la experta, siendo tan novata como yo en esos menesteres,
pero el instinto la guiaba, y yo colaboraba como la mejor. La pasión
fue ganando terreno y mis manos deseaban tocar y acariciar, y mi boca
clamaba por mordisquear sus labios y por lamer y besar aquellas tetas
que me excitaron tanto.
Me di la vuelta, nos miramos desde muy cerca, las dos queríamos
saborearnos. Nos besamos, primero tímidamente, luego nuestras lenguas
se afanaban ávidas por conocer, y nuestras manos se aferraban deseosas
de tocar piel de mujer. La ducha era muy reducida, era evidente que allí
no podíamos echar rienda suelta a todos los deseos. Así
que cerró el grifo a tientas, sin despegar los labios, sin separarnos
un centímetro...Cuando el agua cesó de caer, agarró
una toalla y me dijo, vamos! La echó sobre su cama y las dos nos
tendimos en ella.
-No entiendo lo que nos ocurre- Le dije tan cerca de su boca que respiraba
su mismo aire.
-Yo tampoco- Empezó su frase entrecortada por los besos que nos
dábamos- Pero te deseo - como - hace
tiempo - no he deseado - a - nadie..!
Rodamos sobre la cama, con la piel mojada . Me puse sobre ella, y cogí
sus pechos, lamí sus pezones oscuros que se endurecían al
contacto de mis labios....ufffff..que divino placer! Entendí en
ese instante porque los hombres desean tocar los pechos de una mujer.
Que sensación tan delirante! Mis manos no acaparaban todo el volumen...me
apetecía tanto apretarlos!
- Que hacemos Lucia, sabremos masturbarnos?, lo hacemos a dúo?
O lo hacemos la una a la otra?...-Por suerte la confianza que nos
teníamos nos dio el valor para hablarlo e intentar hacerlo bien.
- Me dejas que lo pruebe? Me dijo apoyando su mano en mi sexo, apretándolo
suavemente, notando como mi clítoris reaccionaba.
- Si, hazlo! Le dije absolutamente excitada.
Estábamos tumbadas de lado, pecho con pecho, su mano entre mis
piernas, las mías agarradas a su cabeza, a su pelo, a su espalda,
a su cadera......Mi clítoris se encendió, ella sabia como
hacerlo, más o menos como una mujer sabe como le gusta, es fácil....
Estalló un orgasmo, estalló pegada a ella....Dejó
que lo disfrutara y me soltó después de besarme mil veces.
Yo estaba tumbada disfrutado de las ultimas contracciones...cuando se
levantó abrió un cajón y saco un vibrador...volvió
a la cama con una sonrisa tremendamente picara!
- Has visto Joana...ya tenemos pene!
Soltamos las dos una carcajada... Esta vez, fui yo quien lo usó
con ella. Lo puse en marcha y dejé que las vibraciones activaran
su clítoris. Dios! Como me excitaba verla jadeando, esperando su
orgasmo!. Nos mirábamos y eso nos ponía a las dos locas
de deseo. De repente sus piernas se tensaron, y su pelvis se contrajo,
el orgasmo había llegado y el vibrador quedó atrapado entre
sus agarrotadas piernas.
- Metemelo ahora, me suplicó entre gritos de placer. Eso hice,
estaba tan mojado que se deslizó con mucha suavidad.
Me puse en su piel, intente simular una penetración a mi gusto,
por suerte coincidía con la suya...lento primero, sin profundizar
demasiado, luego mas rápido, a medida de sus jadeos de sus envites,
luego lo deje casi estático, ella era la que lo buscaba, ella lo
adaptaba a su necesidad. La vi retorcerse de placer, de lujuria ...Dejé
el consolador en sus manos y yo subí a sus pechos a su boca deleitándome
con ellos....
Soltó la maquina diabólica, (digo diabólica, porqué
el placer que nos dio fue de escándalo) cuando el éxtasis
se desvaneció en su interior ....Yo misma, aun con sus jugos, mojada
de su elixir, lo penetre en mi, le ofrecí el espectáculo
tan maravillosamente excitante que había disfrutado yo misma hacia
unos minutos. Lo sujeté entre los muslos de Lucia, y me senté
sobre el, mientras mi amiga jadeaba aun.
Otra vez ese diablo engullido por mi vagina, rozaba y generaba placer
sin pedir nada a cambio. Lucia acariciaba su sexo aun mojado y yo creí
morir de excitación, al sentir como crecía en mí
el orgasmo más intenso de mi vida.
Alguna vez había usado un aparato así, o muy parecido. Pero
nunca me había dado tanto placer como entonces...Después
de analizarlo, ya con tranquilidad, hablándolo incluso con Lucia,
tumbadas bajo el sol...en los últimos días de nuestras vacaciones.
Llegamos a la conclusión de que fue nuestra galopante excitación
la que nos hizo gozar de forma tan salvaje.
No tuvimos ocasión de repetirlo durante esas vacaciones, creo que
tampoco hubiera sido lo mismo...En ese momento Giaco, y nuestras ganas
de jugar lo hicieron posible.
Al llegar a casa, relajada de tanto mar, de tanto descanso y diversión,
sentí de repente un vacío inmenso. Añoré,
sin que hubiera tiempo suficiente para ello, la complicidad y la compañía
de mi amiga... En los días sucesivos a nuestros juegos secretos...o
tal vez no fueran tan simplemente juegos...intentamos mostrarnos como
si nada hubiera ocurrido..Tan solo se nos escapó alguna caricia
descuidada que las dos encajamos de forma especial.
Sumida en mis recuerdos fui deshaciendo el equipaje. En el bolsillo
de una maleta lo encontré, Lucia lo había camuflado allí
con la intención de sorprenderme. Al verlo sonreí y
suspiré recordando aquella mañana soleada en Pantelaria,
nuestros besos secretos y lo mucho que gozamos las dos con el vibrador
que ahora tenia en mis manos. Era el regalo mas intimo que me podía
hacer...
Tanto para ella como para mi, esas vacaciones representaron algo muy importante
en nuestras vidas, y las dos sabíamos que nos había unido
algo realmente personal. Lucia quiso que nunca olvidara nuestro
juego secreto ¡Como lo iba a olvidar! y para recordármelo
me lo regaló. Lo encontré cuidadosamente envuelto en una
servilleta de papel amarillo, en la que escribió ...
"Cuando lo uses acuérdate siempre de mi, de nuestros juegos secretos...
y de que te quiero. Lucia"
Lía
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