|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Fantasías sexuales con Beatriz |
||||||||||
|
- Te estoy diciendo que no me gusta Beatriz. ¿Estas
loco? Así hablábamos mi mejor amigo y yo; una mujer
que tenía fantasías sexuales con Beatriz, así de
simple. Todo porque nunca podría olvidar ese momento: un instante
en una clase de matemáticas se agachó hacia adelante, con
las nalgas levantadas para recoger su bolsa y a mí me encantó
verla así. Todavía recuerdo hasta los pantalones que ella
traía puestos. Tenía razón Eduardo. De alguna manera las
circunstancias me habían puesto en las manos la oportunidad de
mi vida de ir a trabajar a Madrid y especializarme en administración
de recursos humanos . . . y para colmo, Beatriz iría conmigo. Quería
salir de viaje al extranjero pero sus padres nunca se lo habían
permitido, a mí me conocían de la universidad y con la excusa
de una excelente educación en Madrid, Beatriz convenció
a sus padres y me dijo feliz un día que iría conmigo. A
final de cuentas nos fuimos a Madrid, solas, un año. Yo me olvidé
instantáneamente de todos los reclamos de Eduardo. Beatriz era lo que se conoce como una "niña
bien". Vestía a la última moda, conocía a toda
la gente de "sociedad", hablaba mucho (y muy rápido),
cuidaba su figura y su largo cabello para tenerlos siempre a la perfección,
no tomaba, no fumaba, había tenido el mismo novio desde el liceo
y era obvio que se casaría con él pero jamás en los
cinco años que llevaban de novios, jamás habían pasado
de darse un beso. A mí me parecía indeciblemente hermosa
y nunca me pareció tonta, como otras niñas de su clase. Nos llevábamos bien y nos acoplamos perfectamente
a la nueva vida en Madrid. Yo estudiaba y le pasaba las notas, ella conocía
la ciudad y me llevaba a los mejores lugares de paseo, yo cuidaba el departamento
y hacía de comer, ella conocía gente y conseguía
invitaciones a las fiestas de los chicos más populares. Yo la acompañaba a estas fiestas pero me parecían
aburridas, prefería a la gente de otro tipo, los escritores, los
músicos, la gente de conversaciones de café, libros, cigarros
y buen vino. Aprendí a fumar desde los 14 años y a tomar
desde los 15 y con mi novio tenía sexo increíble. Casi el
completo opuesto de Beatriz pero nos llevábamos bien. Mi novio me llamaba todos los viernes en la noche. Yo me
encerraba en mi habitación para hablar con él. La mayoría
de las veces terminábamos cogiendo por el teléfono, excitándonos
con las palabras y la imaginación. Sería el tercer o cuarto
fin de semana que pasábamos allá, precisamente en uno de
estos viernes, cuando Beatriz irrumpió en mi cuarto sin tocar siquiera
y me encontró tirada en la cama, sosteniendo el teléfono
con una mano y con la otra en mi entrepierna a punto de provocarme un
orgasmo delicioso. Se quedó parada en la puerta un instante mientras
acomodaba sus ideas, yo estaba desnuda y sólo me quedé mirándola
mientras me despedía por el teléfono. Beatriz salió
calladamente y cerró la puerta. Unos minutos después salí
en bata y me metí en la cocina, ella me siguió. - Perdóname, no pensé que . . . ¿te
estabas masturbando verdad? A mí me chocó el tono de reproche con que
lo dijo, y le contesté bruscamente mientras salía... - Si, y deberías intentarlo a ver si se te quita
lo pendeja. No nos hablamos en una semana. El siguiente viernes me invitó a una fiesta un grupo
de amigos míos de la Universidad. Quería hacer las pases
con Beatriz así que la invité a venir pero le advertí
que esta no sería una fiesta del todo parecida a las que ella acostumbraba.
Beatriz contestó emocionada que iría, que quería
aprender cosas nuevas y ver gente diferente. Yo me sentí como espécimen
raro cuando dijo eso y me volví a enojar, decidí dejarla
sola en la fiesta, al fin y al cabo ella era excelente haciendo amistades. Nuestra aportación a la fiesta madrileña fueron
dos botellas de excelente tequila alegremente aceptadas por la concurrencia
en general. El vino fluyó como en las mejores fiestas y Beatriz
por no quedarse atrás empezó a tomar. Yo no la perdía
de vista, tanto por miedo a que se le subieran las copas como porque me
moría de risa escuchando cómo se escandalizaba por palabras
que en nuestro país no es usan con tanta naturalidad como en España.
Alrededor de las dos de la mañana perdí a Beatriz entre
la gente. Una de las muchachas me dijo que había ido al baño
porque se sentía mal. Efectivamente, estaba en el baño .
. . con un tipo amasándole los pechos como si pensara que eran
naranjas a las que había que exprimir. Beatriz estaba completamente
ebria y el hombre este también así que no me fue tan difícil
quitárselo de encima. Entre una amiga y yo la llevamos a la casa,
la metimos a la regadera y Lucía (así se llamaba mi amiga)
se marchó. Yo estaba enfadadísima conmigo misma por haber dejado
a Beatriz sola en la fiesta y entre reproches que me hacía a mi
misma no me daba cuenta que había comenzado a quitarle la ropa
a Beatriz para meterla al agua. La apoyé contra la pared, de espaldas
a mí para comenzar a desabrochar su blusa y quitar sus pantalones,
los zapatos los había dejado en la entrada. Abrí la llave
de la ducha mientras metía mi mano entre sus pantalones y su blusa
para empezar a quitarla, Beatriz usaba la ropa extremadamente apretada
y no podía quitarle los pantalones. Comencé a reírme
al darme cuenta de lo imposible de la situación y la risa me hizo
darme cuenta que estaba en la ducha con una mujer que me excitaba, que
me fascinaba y empecé a ponerme nerviosa. Decidí que iba
a tener que mojarme yo también si iba a quitarle la ropa, Beatriz
no daba indicios de despertar por más helada que estuviera el agua,
la senté en el piso y comencé a sacar sus pantalones como
mejor pude. La piel de sus piernas era mil veces más suave y yo
quedé jadeando sólo de imaginar que tras esa espalda estaban
aquellos pechos deliciosos. Puse mis manos en sus caderas y ella se apoyó
en la pared, metí mis dedos entre su piel y su party y comencé
a deslizarla, de nuevo la piel de sus piernas, suave, blanquísima
y yo imaginando lo que habría del otro lado. Rápidamente
puse la bata sobre sus hombros y la arropé, le dije al oído
"ven, vamos a que te acuestes", ella se terminó de tapar
y se tiró en la cama, hecha un ovillo, temblando. Yo me dirigía
al baño a terminar de ducharme cuando escuché que me dijo
"gracias". Me duché pensando en Beatriz y burlándome
de mí misma por haberme excitado así, estaba mojada, y no
por el agua de la ducha. Salí de la regadera y me fui a leer un
rato a la sala, no tenía mucho sueño. Una hora después
entré a ver si Beatriz necesitaba algo, me quedé clavada
en la puerta, sin poder moverme. Beatriz estaba dormida, boca arriba,
se había estado moviendo y su bata se había abierto dejando
fuera uno de sus pechos. La luz de luna que entraba por la ventana la
iluminaba, iluminaba su pecho, su rostro blanco, sus labios semiabiertos
y parte de su muslo que también había quedado afuera. Suspiré,
tenía ganas de acariciarla, de sentir su piel suave en la palma
de mis manos, en los dedos, en mis labios, apretar esas piernas suaves,
chupar suavemente esos pezones. Me acerqué lentamente, en silencio,
tratando de no despertarla para seguir admirándola. Parecía
una perfecta estatua de mármol, me hinqué a lado de la cama,
sin esperanzas, exhausta, recargué mi cabeza en su mano, besé
su palma y... - ¿Ángela? Beatriz sonrió, abrió su bata y cerró
los ojos. Me senté a su lado en la cama. No lo podía creer,
había fantaseado tantas veces sobre ese momento que estaba en blanco,
no sabía que hacer, nunca había tocado a una mujer, nunca
había acariciado una piel suave, unos pechos, unas piernas y Beatriz
era hermosa. Acerqué mi cara a su cuello, cerré mis ojos
y respiré su aroma. Era dulce. Comencé a tocar su piel con
mis labios, sus hombros, no me atrevía a tocarla con mis manos
todavía. El primer beso que le di fue entre sus pechos, la besé
tiernamente mientras sentía que rozaban mis mejillas y que Beatriz
suspiraba. Me separé, con ternura tomé sus pechos entre
mis manos, moviendo mis pulgares comencé a acariciarla un poco
pero ya no resistía la tentación, tenía que sentir
esos pezones en mi boca. Me acerqué, poniendo mis labios alrededor
de su pezón derecho, sin cerrarlos, quería disfrutar el
momento, acerqué mi lengua lentamente y lo besé. Fue una
sensación deliciosa, empecé a respirar rápidamente
y tenía sus pechos en mi mano, todo a un tiempo metí una
de mis manos entre sus piernas, pellizqué su pezón con mis
dedos y penetré su ombligo con mi lengua. Beatriz gimió,
yo sentí como si hubiera tenido un orgasmo, mi cuerpo tembló
y me sentía excesivamente excitada. "¿Qué vas
a hacer?" Me pregunto Beatriz. Acariciando hacia adentro de sus piernas
lentamente me acerqué a su oído y le dije "No voy a
hacer nada que tu no quieras Beatriz, así que me vas a tener que
decir si te gusta lo que voy a hacer" Beatriz abrió los ojos
asustada, pero sonrió y dejó que me subiera en ella. Terminé
de abrir sus piernas con mis caderas, bajando sobre ella y lamiendo sus
pechos de nuevo, con una de mis manos empecé a acariciar sus piernas,
volví a besar entre sus pechos y de ahí a bajar de nuevo.
Dejé que mis pechos tocaran sus piernas, y seguí bajando.
Llegué a sus caderas y comencé a besarlas, Beatriz respiraba
rápidamente pero no decía nada "¿No te gusta
Beatriz?" Sonreí maliciosamente mientras la veía asentir
rápidamente y empecé a hacer rápidos círculos,
ella empezó a gemir como una loca, de su vagina empezaron a brotar
abundantes líquidos conforme yo seguía chupando, ahora usaba
mis labios también, acerqué mi dedo corazón y lo
empecé a introducir lentamente en su vagina, moviéndolo
al ritmo de mi lengua en su clítoris ella arqueó su espalda
retirándose de mi boca un momento y alcancé a ver cómo
llevaba sus manos hacia sus pechos para acariciarse sola. "Sigue
por favor no pares", baje mi boca hacia ella de nuevo y pasé
mi lengua dura desde el principio de su vagina hasta llegar a su clítoris
en donde empecé a dar pequeños golpecitos con la punta de
mi lengua, volví a meter mi dedo cuando la oí gemir y seguí
haciendo círculos hasta que sentí su orgasmo en mi dedo,
su vagina contraccionándose violentamente y Beatriz jadeando. Cuando
se tranquilizó se quedó dormida. Yo no lo podía creer. Mi mayor fantasía se había hecho realidad. Estuve masturbándome pensando en lo que había sucedido hasta que terminó la noche pocas horas después, no sabía cómo iba a reaccionar Beatriz a la mañana siguiente entre la cruda del alcohol y la cruda moral que probablemente le daría. Me levanté desde temprano y me metí en la cocina, mientras cerraba la puerta del refrigerador sentí una mano en mi hombro, era Beatriz, me dio la vuela y me besó en la boca. "Gracias Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
El
mejor sexo lesbico de internet
Descarga las mejores fotos y videos de la red
|
||||||||||
|
¿Escribes
relatos eroticos? Mándamelos
por mail y los publicaré
|