|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Fantasías de Mujer |
||||||||||
|
I Lisa se sentó en la mesa del bar, un poco nerviosa. Había
demorado bastante en decidir qué estilo de ropa debía ponerse
para esa ocasión, ya que éste no era un encuentro cualquiera.
Por fin, eligió una blusa roja que dejaba ver sus hombros y resaltaba
su elegante y largo cuello, y la combinó con una pollera negra,
corta y ajustada, que había comprado para lucir sólo en
la cómoda intimidad de su dormitorio, con su fantasioso marido.
Unos zapatos rojos de tacones altos, maquillaje y perfume, resaltaban
la sensualidad de esta mujer que por fin se había decidido a cumplir
sus fantasías más ocultas. De tanto en tanto, miraba disimuladamente la puerta principal de aquel
bar, mientras revolvía monótonamente y por enésima
vez su taza de café. A pesar de sus 36 años le había
costado tanto decidirse, había postergado tanto esta cita ( ni
ella entendía por qué secreta razón) que no podía
concebir la idea de que su amiga le fallara, después de haber invertido
tantas horas y días y meses en el chat. Cuando Lisa vio a la adolescente atravesar la puerta como un huracán
y dirigirse directamente hacia ella, el corazón parecía
salírsele del pecho; tal vez de alegría, o tal vez de excitación....Por
primera vez vio el cuerpo atlético de esa pendeja atrevida con
la que se había ratoneado tantas veces..... y le gustó lo
que vio. Luzmar había llegado apurada porque se había retrasado
por su clase de gimnasia, y todavía llevaba puesta su ropa deportiva:
su diminuto short de lycra color verde parecía adherirse gustoso
a ese pubis y a esas nalgas fibrosas y redondeadas. La remera blanca,
húmeda todavía por la transpiración, dejaba traslucir
un corpiño de encaje también verde sobre unos pechos deliciosamente
contorneados. Todavía llevaba su mochila al hombro, tal vez por
venir directamente del gimnasio. Hola, Lisa.¿Cómo estás?Le dio un beso
en la mejilla y se dejó caer en la silla, mientras acomodaba su
mochila en el espaldar con una mano y, con la otra, tomaba un sorbo de
la soda que Lisa había dejado sin probar. Luego, respiró
profundamente para calmar su agitación, esperó unos segundos,
y mirando a Lisa a los ojos, le dijo: -Eres una mujer muy interesante,
quisiera que me enseñes lo que sabes.....y ya tengo el lugar adecuado
para eso. Lisa no lo podía creer. Se sentía exitada y desconcertada
al mismo tiempo. Tal vez la fantasías con su marido habían
llegado demasiado lejos, y la inhibía el hecho que él las
estuviera mirando desde una de las mesas de al lado, mientras saboreaba
lentamente su cigarrillo y su café cargado con los codos apoyados
en la mesa. Él las veía mirarse y desearse secretamente
mientras dejaban rozar sus manos accidentalmente. Observaba con detalle
cada movimiento, cada gesto, cada mirada con la lascividad de un animal
en celo. Luzmar no lo sabía. Mientras ambas mantenían una conversación sin trascendencia, (quizás por miedo o por pudor) Lisa comenzaba a sentir que toda su vagina se convertía en un nido esponjoso, húmedo y tibio, deseoso de ser mimado por esa adolescente ardiente e inexperta. No pudo soportar la tentación y con disimulo, acarició su pierna por debajo de la mesa subiendo hasta su vulva y le dijo:-Vamos, acuérdate que tienes que regresar en tres horas.-Luzmar fingió acomodarle la blusa para acariciar por unos segundos esos pezones que ya comenzaban a asomar tímidamente a través de la tela.-Sí, vamos.- dijo ella, mientras Lisa pagaba la cuenta apresuradamente.
II La habitación que Luzmar había reservado en el hotel estaba
finamente decorada, y las tenues luces y la música funcional daban
el marco perfecto para esta ocasión tan especial. Estar con un hombre al menos me sirvió para conocer este
lugar dijo Luzmar Me doy una ducha y enseguida estoy con vos
Comenzó a desnudarse desprejuiciadamente mientras dejaba caer el
agua caliente para acumular un poco de vapor. Pronto el agua comenzó
a correr por sus curvas, sometiéndose a cada rincón de su
sudoroso cuerpo, mientras ella lo jabonaba meticulosamente imaginándose
quién sabe qué audacias. Lisa ya estaba demasiado caliente
como para esperar pasivamente, y miraba extasiada cómo ese cuerpo
pulposo se dejaba abrazar por el calor de la lluvia; mientras tanto, jugueteaba
con sus pezones como una púber, y frotaba su vulva contra el borde
de la puerta entreabierta. De lo único que tenía conciencia
en esos momentos era de que deseaba esos pechos.... esa piel.... esa boca....esa
concha.....la deseaba toda con la desesperación de un sediento
en el desierto. Sin pensarlo siquiera, y sin dejar de mirarla, comenzó
a desnudarse apresuradamente para poder unirse a ese cuerpo que tantas
noches había imaginado y que ahora podía poseer. Al correr la cortina, Luzmar no se asombró, como si la hubiera
estado esperando. Lisa se tomó tiempo para acariciar suavemente
con las yemas de sus dedos cada rincón de su piel: rostro... cuello...
hombros... brazos... espalda... nalgas... muslos... vientre... pechos.
Jugó con ellos insistentemente sin tocar siquiera sus pezones,
y fue Luzmar la que le llevó su boca hacia ellos, y le suplicó
que se los lamiera y mordiera y chupara, ordeñándola y comiéndoselos
con hambrienta desesperación. En un arrebato de locura, Lisa la
tiró contra los azulejos, abriéndole las piernas con ambas
manos, como buscando ese dulce néctar que ya a esta altura corría
y se confundía con el agua. Al tiempo que Luzmar la miraba y gemía
de placer, Lisa le abrió con suavidad la vulva delicadamente depilada,
y recorrió toda esa concha ardiente con la punta de su lengua,
deteniéndose finalmente en el pimpollo de su clítoris, que
frotó empecinadamente hasta que pudo sentir cómo la pendeja
se quejaba como una ramera y le rogaba que le metiese sus dedos en la
concha dilatada y jugosa. Para acceder a su pedido, la sacó del
baño mientras la besaba y así, mojadas, se tiraron sobre
la cama para comenzar a revolcarse y refregarse y tocarse y lamerse y
babearse y morderse y chuparse todos los rincones de sus cuerpos. El juego
erótico las había desbordado y la conciencia fue totalmente
desplazada por el instinto y el placer. Luzmar abrió sus piernas y no hicieron falta las palabras: Lisa
ya sabía lo que tenía que hacer; con suavidad metió
sus dedos hasta el fondo en esa hermosa concha, y disfrutaba de ver cómo
esa pendeja inocente se convertía de pronto en la puta más
grande que había conocido, retorciéndose como una víbora
y lamiéndose las tetas y los labios de placer. En ese punto estaban cuando alguien tocó a la puerta, pero Lisa
no se sobresaltó. Luzmar no lo sabía, pero todo era parte
del juego que alguna vez Lisa y su esposo desearon vivir. Sin dudar giró
el picaporte y dejó pasar a su marido, que las había seguido
y aguardaba, esperando el momento oportuno. Sin perder tiempo, Luis se
sentó a mirar y a disfrutar de la escena, mientras se desnudaba
casi como al descuido. Lisa retornó con su amante y a Luzmar, quizás
por haberse convertido ya en una perra en celo, ni siquiera le importó.
La treintañera se puso a cuatro pies encima de la nena y le ofreció
generosa su concha viciosa y sedienta de lenguas femeninas, al tiempo
que volvía a meter sus cuatro dedos friccionándolos hacia
fuera y adentro cada vez más enérgicamente. Anhelaba sentir
en sus dedos los espasmos de esa concha joven. Y después meter
su lengua para extraer la leche de su interior, como las abejas liban
el néctar de las flores. Luzmar también comenzó a
cogerla con los dedos, y comenzaron a jadear y a gemir chupándose
las conchas y cogiéndose hasta que se estremecieron en dos salvajes
orgasmos, dignos de las hembras más latinas y calientes. Sin pedir permiso, al instante Luis se acercó a las dos enarbolando
su bien dotada verga, las puso a cuatro patas, y antes de que terminen
de gozar, comenzó a cogerlas sobre la cama golpeando su pubis contra
sus nalgas abiertas con la fuerza de un toro. Y las putas pedían
más. Como lobas comenzaron a lamerlo, a chuparle, una los testículos,
otra las tetillas. Lo pajeaban con las manos y con la boca, hasta que
le hicieron saltar la leche que cayó sobre sus caras, que lamían
con avidez. Después de la pasión y por unos segundos, todo fue silencio,
placer y lasitud, hasta que indiscretamente comenzó a escucharse,
como perdida, la alarma de un reloj. Era el de Luzmar, que había
quedado traspapelado entre las ropas y que le anunciaba que era tiempo
de volver a la realidad; debía regresar a casa, y mentir que había
estado estudiando en la casa de una amiga. Aunque esto, en realidad, no
era del todo mentira: estuvo con una amiga, y si es por aprender......aprendió
muchas cosas......... Y mientras tanto, la ducha seguía cayendo insistentemente, arrullando con su sonido las fantasías ahora adormecidas de estas dos mujeres que se aventuraron a vivir sus sueños y seguramente...............van por más. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
El mejor sexo lesbico de internet Descarga las mejores fotos y videos de la red
|
||||||||||
|
¿Escribes
relatos eroticos? Mándamelos
por mail y los publicaré
|