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El primer aniversario |
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Aquel 24 de mayo iba a ser un día muy especial. Toda mi vida he
tenido mucha mala suerte con las relaciones de pareja, así que
mi emoción era evidente mientras me dirigía a casa de Mary,
la que desde hacía justamente un año era mi novia. Por suerte
no me puedo quejar de los amigos que tengo, pero desde mi primera relación
a los 17 años, las 3 que he tenido han sido excesivamente cortas,
la más larga me duró sólo 4 meses, y todas acabaron
relativamente mal. Pero todo cambió el 24 de mayo del año pasado, precisamente
el día en que yo cumplía 22 años. Había quedado
con mi grupo de amigos de la uni para salir por la noche y celebrar mi
cumple. Fuimos a cenar a una pizzeria y luego a tomar algo por el centro,
como hacemos normalmente que salimos. Todos nos lo estábamos pasando
bien, y yo ni me podía imaginar lo que pasaría en el siguiente
bar al que iríamos. Cuando estábamos todos sentados en las mesas, les pregunté
qué querían beber y me fui a la barra diciendo que aquella
ronda la pagaba yo. Mary dijo que venía conmigo para ayudarme a
traerlo todo, y mientras el camarero nos iba poniendo las bebidas, me
puse a hablar con ella. La verdad es que es una buena amiga y tengo muy
buena relación con ella, y mentiría si dijera que nunca
he tenido ninguna fantasía con ella. Bueno, en mi opinión
es muy guapa, mide algo más de 1.70, delgada, buen tipo, rubia
con media melena y ojos azules. No es del tipo espectacular, pero tiene
un morbo especial, de los que a mi me gustan. Más de una vez, en
clase, me quedaba mirándola un rato, y últimamente siempre
me pillaba antes de que pudiera apartar la mirada. En fin, que me felicitó
otra vez por mi cumple y me preguntó qué plan había
pensado para luego. Le dije que no tenía nada concreto en mente,
que sólo me había planteado estar un rato con ellos y ya
está, aunque no descartaba ninguna propuesta. Me dijo que quizás
ella tenía una, que ya me la comentaría más tarde.
Entonces cogió las bebidas que el camarero ya había dejado
en la barra y se fue a la mesa, no sin antes dirigirme una mirada de lo
mas enigmática. En la mesa no dejamos de intercambiar miradas y sonrisas, yo al menos
intentando que los demás no notaran nada. Como ya he dicho, tengo
muy buena relación con ella, pero nunca me hubiera imaginado una
situación así con Mary. Me estuve imaginando mil cosas y
teniendo mil fantasías mientras me decía una y otra vez
que no me hiciera ilusiones, que seguramente aquello no era lo que parecía.
Cuando salimos del bar nos quedamos todos un rato en la puerta discutiendo,
como hacemos siempre, de si íbamos a algún otro sitio o
nos íbamos ya a casa. Como vi que en general no había mucho
ambiente de discoteca, y me moría de ganas de estar a solas con
Mary a ver qué pasaba, dije que yo no tenía ganas de ir
a ningún sitio y que prefería irme. Todos estuvieron de
acuerdo conmigo, así que nos despedimos y cada uno se fue por su
camino. Cuando Mary empezó a caminar me hizo un suave gesto con
la cabeza como para que la siguiera, y lógicamente lo hice al momento. Caminamos un rato antes de decir nada, ella porque parecía querer
estar segura de que no había nadie más, y yo porque no sabía
qué decir. Al fin me dijo que la cena había estado muy bien
y que se había divertido bastante. Yo le respondí, tratando
de no mostrar mi nerviosismo, que yo también me lo había
pasado muy bien, y que les agradecía a todos el que hubieran venido.
Entonces ella fue directa al tema. Dijo que se había dado cuenta
de que yo la miraba muy a menudo en clase, y quería saber si era
por alguna razón especial. Bueno, si ella era tan directa y me
había calado de esa manera, no podía hacer otra cosa y me
lancé. Le dije que la miraba tanto porque me parecía muy
guapa y en cierto modo me atraía. Y de todas las respuestas que
me pasaron por la mente en los pocos segundos que tardó en contestar,
la que oí fue la que más deseaba. Dijo que yo también
la atraía a ella, que le gustaba desde hacía un tiempo,
y que desde hacía unas semanas estaba intentando llamar mi atención,
pero como veía que yo no daba el primer paso, había decidido
darlo ella aprovechando mi cumpleaños. Me quedé pensando
si lo que estaba oyendo era lo que parecía, y ella, para romper
el incómodo silencio que se había creado, me dijo que ella
misma nunca se hubiera imaginado estar haciendo eso, pero que creía
que valía la pena intentarlo, a pesar de las posibles consecuencias,
como perder mi amistad. La tranquilicé diciéndole que una
declaración sincera como esa era imposible que me la tomara mal,
y que me encantaba que hubiera sido ella la que hubiera dado ese paso.
Se produjo otro silencio, que ella cortó otra vez, pero esta vez
de una manera más directa: me preguntó si me gustaría
besarla. Me sorprendió de que fuera tan directa, pero evidentemente
no podía negarme, y además yo lo estaba deseando con locura. Así que la cogí de la mano y la arrastré hasta el
portal más cercano, bastante oscuro y escondido de la vista de
la poca gente que pasaba por esa calle. Y nos dimos un beso como hasta
entonces no me había dado con nadie. Ya he dicho al principio que
mis relaciones anteriores habían sido muy cortas, y entonces me
di cuenta de que además habían sido sosas. Ese beso era
diferente a todos los demás, era dulce, suave, tierno, apasionado,
sensual, parecía que éramos amantes de toda la vida y que
nos conociéramos nuestras reacciones a la perfección. Ella
me abrazaba por la cintura y yo le cogía la cara con las dos manos
para asegurarme de que no se separara de mi. Y ella tampoco parecía
querer que el beso acabara. Iba subiendo y bajando las manos por mi espalda,
llegando a acariciarme el culo por encima de los tejanos. Yo no quise
ser menos, y sin separar mis labios de los suyos, le acaricié los
hombros y fui bajando las manos por sus costados hasta su cintura, y luego
otra vez arriba hasta los costados de sus pechos. Me moría de ganas
por tocarlos, pero decidí controlarme porque no sabía hasta
dónde querÌa llegar ella entonces, y además estábamos
en la calle, y si empezaba a acariciarle los pechos no se cómo
hubiéramos acabado. Después de lo que creo que fueron bastantes
minutos, separó sus labios de los míos y nos miramos a los
ojos sin decir nada durante un buen rato. Tenía unas ganas locas
de volver a besarla, pero no quería romper ese momento tan intenso.
Entonces ella dijo que había sido mucho mejor de lo que esperaba,
y yo le respondí que a mi también me había encantado. Después de aquello nos pusimos a hablar con una naturalidad que
incluso a mi me sorprendió. Era la primera vez que me enrollaba
con alguien de esa manera tan directa, lo mío siempre ha sido conocer
bien a la otra persona, ir acercándome poco a poco para que ella
me conozca bien a mi, ir lanzando indirectas hasta que ella responda y
entonces dar un paso. Bueno, de hecho es lo que había pasado aquí,
pero normalmente no doy (ni me dan) esos besos tan de repente, y además
el paso lo había dado ella. Pues nos estuvimos contando nuestras
vidas un buen rato, la parte más personal que nunca nos habíamos
contado antes, y me encantó saber que, aunque ese día fuera
tan lanzada, normalmente es como yo, más tímida y tranquila. A medida que llegábamos a la parada del metro se iba acercando
el momento de separarnos y decidir que iba a pasar a partir de entonces.
Quedamos en vernos otra vez al día siguiente, que era sábado,
pero esta vez sin los demás, para poder hablar tranquilamente.
Nos dimos un rápido beso y nos despedimos. Mientras me dirigía
a la parada del nit-bus iba pensando en todo lo que me había pasado
esa noche, en cómo te puede cambiar la vida en sólo unas
horas. Y me encantó que por una vez esas cosas me pasaran a mi.
Cuando llegué a casa entré en silencio para no despertar
a mis padres, y todo el viaje pensando en ese larguísimo beso me
había excitado tanto que me dirigí directamente al lavabo
y me masturbé con una energía enorme pensando en Mary. Al día siguiente por la tarde volvimos a quedar y estuvimos charlando
durante horas. Lógicamente hablamos de nuestras antiguas relaciones,
y ella me contó que había tenido dos parejas serias, la
primera a los 17 años que le duró casi 1 año y la
segunda a los 18 y sólo le duró 5 meses. Pues parecía
que era como yo, con muy mala suerte con las relaciones de pareja. Quise
aportar un poco de optimismo y le dije que ella me gustaba de verdad y
que quería ir en serio. Ella respondió que también
quería que lo nuestro funcionase, que le encantaba estar conmigo
y no sabía cómo habíamos tardado tanto en dar ese
paso. En fin, que las cosas nos fueron tan bien durante un mes que un fin de
semana que mis padres se fueron los dos días le propuse a Mary
que el sábado viniera a dormir a casa. Aceptó encantada,
dijo que ya tenía ganas de estar conmigo, y me sorprendió
un poco lo emocionada que parecía estar. Ella ya me había
dicho que no era virgen, y ella sabía que yo tampoco lo era, o
sea que sabíamos a lo que íbamos, pero supongo que los malos
recuerdos de mis anteriores novias me hacían un poco pesimista
en ese tema. Y nada más lejos de la realidad. Fue una noche increíble,
la mejor de mi vida hasta entonces. Fue todo tan natural, tan suave e
intenso a la vez, que no se parecía a nada de lo que había
experimentado hasta entonces. Estuvimos haciendo el amor hasta las 3 de
la mañana, y cuando nos despertamos el domingo lo hicimos otra
vez. En mi vida había tenido orgasmos como esos, tan largos e intensos.
Parecía que conocíamos nuestros cuerpos a la perfección
y aún así no parábamos de explorar una y otra vez
todos los rincones de nuestras anatomías. Desde ese fin de semana
aprovechábamos todas las oportunidades que teníamos para
hacer el amor, en su casa o en la mía. Y cada vez parece mejor
que la anterior. Del comienzo de toda esta historia hace justo un año, y de verdad
que ha sido el mejor de mi vida. Y como las cosas sigan como hasta ahora,
creo que será para toda la vida. Porque la quiero, como nunca he
querido a nadie. Y ella también me quiere a mi, lo sé y
lo noto, cada vez que nos besamos o que hacemos el amor. Sé que
esta relación será la definitiva. Todos los recuerdos de este año se amontonan en mi mente mientras
llego a su casa y llamo al interfono. Ya sé que contestará
ella porque sus padres se han ido unos días. - ¿Si? Subo y me está esperando con la puerta de casa un poco abierta,
y a través de la estrecha abertura la veo vestida solo con una
camiseta que deja a la vista parte de unas braguitas rojas que le regalé
por su cumpleaños. Cierro la puerta detrás de mi y mientras
me acerco a ella le digo: - Estas realmente sexy con esa ropa. La verdad es que me he puesto un conjunto que se que a ella le encanta:
botas altas de piel marrón, minifalda tejana y una blusa blanca
que deja los hombros al descubierto. El sujetador que llevo hace que mis
pechos asomen por el escote de manera muy sugerente y provocativa. Nos besamos como si hiciera meses que no nos vemos, y aunque sabemos
que tenemos toda la noche por delante, no podemos esperar más y
nos dirigimos al dormitorio de sus padres casi sin separar nuestros labios
y tocándonos por todas partes. Entramos en la habitación
y yo me dirijo directamente a la cama, me arrodillo en el medio y me quito
la blusa rápidamente. Me he puesto tan cachonda por el camino recordando
ese increíble año con Mary, que necesito correrme lo antes
posible. Le digo que voy a cien y que quiero que me coma el coño,
ella se quita la camiseta dejando sus preciosos pechos al descubierto
y vestida sólo con las braguitas se dirige a mi gateando por la
cama. Lo primero que me quita son las botas, besándome las piernas
mientras lo hace, subiendo poco a poco hasta donde acaba la minifalda.
Yo misma me desabrocho el sujetador, lo tiro al suelo y me tumbo para
dejar que Mary me excite como sólo ella sabe hacerlo. Gatea por
encima mía para darme un profundo y húmedo beso en la boca,
luego va bajando lentamente por el cuello y los hombros. Sabe que soy
muy sensible en esas zonas, y le encanta besarme y lamerme en ellas para
ponerme a mil. Aún ni me ha tocado los pechos y ya noto como se
me humedece el coño de placer. Cuando empieza a besarme las tetas
y los pezones, que tengo duros desde hace rato, tengo que mover las caderas
para intentar frotarme el coño con las piernas intentando masturbarme
yo misma. Ella lo nota enseguida, y después de un lametón
super húmedo en cada pezón, se arrodilla a mi lado y me
quita la minifalda y las braguitas de golpe. Abro las piernas al máximo,
Mary se tumba entre ellas y empieza con suaves lamidas por mis labios
vaginales. Yo me toco las tetas y me pellizco los pezones a un ritmo frenético,
mientras ella va subiendo la velocidad de las lamidas acercándose
al clítoris. Nada más rozarlo noto una oleada de placer
que me hace arquear la espalda y apretar mi coño contra la cara
de Mary. Me mete dos dedos en la vagina y los mueve adentro y afuera mientras
no deja de chupar mi punto más sensible. En menos de un minuto
a ese ritmo me llega un orgasmo tan intenso que me retuerzo de placer
por la cama, y le sujeto la cabeza con las piernas para que no deje de
chuparme mientras me corro como una loca. Jadeante y sudorosa intento
recobrarme mientras Mary gatea por encima mía besándome
por todo el cuerpo hasta llegar a mi boca, donde me da otro profundo beso. - Feliz primer aniversario, preciosa - me dice. Llevamos un año juntas y parece media vida. Con ella me siento
tan a gusto, que tener que separarme de ella cada día me duele
en el alma, pero saber que la voy a volver a ver pronto para disfrutar
de su excitante cuerpo, de sus expertas manos y sus cariñosos labios
hacen que la espera sea aún más emocionante. La quiero con
locura, igual que ella a mi, y eso hace que los problemas que tuve con
mi familia a los 17 años al declararme lesbiana no tengan ya ninguna
importancia. Ahora no lo cambio por nada del mundo. Chicas (y sólo chicas) interesadas en comentar experiencias, me
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