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El desván / Día 3 y último |
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Donde, poco antes de llegar los padres de Virginia, esta tiene su último
capricho: que su prima le haga una felación, con un pepino como
pene, y Se habían besado hasta saciarse, de todos los modos y humores
posibles. Se habían abrazado hasta temblar de emoción. Habían
probado a cumplir sus fantasías. Habían hecho el amor como
salvajes, como ángeles, como chicas inocentes, y también
como un recién casadas. Ahora no les quedaban fuerzas para nada más. Una hora y adiós.
Simplemente se miraban la una a la otra, tumbadas en el sofá, Estela
sobre Virginia, Virginia acariciando tiernamente sus cejas, viviendo sus
últimos momentos. - ¿Ha estado bien, eh? -musitó Virginia. La casa volvió a quedar en total silencio. - Virgi... Estela se incorporó y se sentó sobre las piernas de su
prima. Se desabrochó la camisa y le mostró sus pechos. Descubrió
uno de ellos de la copa del sujetador: grande, redondo, suave. Tan grande
era que agachó la cabeza y llegó con la boca a su propio
pezón. Hizo succión con fuerza y atrapó su pecho.
Sin usar las manos, quedó colgando de su boca. Virginia observó
la escena, encendida. Estela siguió succionando un rato, contrayendo
hacia adentro las mejillas. Dejó caer el pecho: el pezón
estaba húmedo y duro. - ¿Y eso? ¿Todavía no te inspira? -dijo. Virginia se lanzó sobre aquel pezón. Probó el sabor
y la calidez de la saliva de su prima. Le dio golpecitos con su lengua
dura, lo lamió en círculos, lo chupó como una bebé
de meses, lo mordisqueó y tironeó. Estela ya gemía. Virginia descubrió el otro pecho y le dio el mismo trato, hasta
que los dos estuvieron entre sus manos, duros, brillantes y con los pezones
húmedos y erectos. - Nunca sabrás cuánto me gustan tus tetas, cabrona... Virginia se escapó de debajo de Estela, en dirección a
la cocina. - Creo que comienzo a inspirarme. -dijo- ¡Tienes que esperar un
poco, con los ojos cerrados! Estela obedeció. Escuchó los pasos de su prima por la cocina,
y luego el ruido del frigorífico abriéndose y de rebuscar
entre las cosas. Luego volvió hasta el sofá. - ¡No puedes abrirlos todavía! Oyó el sonido de una cremallera abrirse y luego cerrarse, y por
fin notó a su prima tumbarse junto a ella en el sofá. - Ya puedes... Virginia, apoyada su espalda contra el brazo del sofá, la provocación
en su mirada. En su pantalón, un grueso bulto. Estela sonrió,
imaginaba lo que su prima quería. - Si hay una última cosa que me gustaría -dijo con voz
lacia- es que me hagas una buena mamada. Estela miraba aquella entrepierna abultada, mordiéndose el labio
inferior. Virginia hizo un gesto con la mano, invitándola a comenzar. Se
tumbó cómodamente en el sofá cuando Estela por fin
le bajó la bragueta. Sus finos dedos se introdujeron bajo la tela
y palparon. Estela rió a carcajadas, sorprendida. Con mucho cuidado,
extrajo aquel pene vegetal: un descomunal pepino. Estela hizo cosquillas en el extremo de la polla de su prima, haciendo
traviesos círculos con la puntita de la lengua. Los círculos
la rodearon completamente, la lamió de arriba a abajo. Mientras
tanto, la miraba a los ojos, con sus ojos azules e inocentes. Hasta que
no estuvo totalmente barnizada de saliva, no se la metió en la
boca. Virginia gruñó de satisfacción. - Eso es... Mmmmh... Chúpamela... Es grande, ¿eh? Mmmmh,
qué bien, cariño, tú si que sabes. Uh... Estela era una felatriz nata. Suavemente, fue introduciéndose
el grueso tronco en la boca. Su cabeza fue bajando, bajando, hasta que
no pudo entrar más. Las palabras obscenas de su prima la animaban
en sus movimientos ascendentes y descendentes. Su boca producía
líquidos sonidos de succión. - Chúpamela hasta el fondo... Eso es... No, no, no. Por favor,
cariño, un poco más dentro... Todo lo que puedas, sé
buena... Asíiii... Sujetó la cabeza de Estela y la empujó, obligándola
a tragar un poco más, acompañándola en sus subidas
y bajadas. Virginia introdujo una mano bajo los pantalones para acoplarse
lo mejor posible el pepino contra su coño. Quería correrse
de verdad con la mamada que le estaba dedicando Estela. El efecto fue
perfecto y el frotamiento contra el pepino le proporcionó auténtico
placer. - Vamos, pequeña, ahora quiero que te masturbes por mí...
Venga, quiero ver esos deditos en acción... Mientras chupaba, Estela se bajó la falda y las bragas e introdujo
dos dedos entre sus labios vaginales. Sus pechos pendulaban alante y atrás.
La visión era celestial para Virginia. Hizo un nuevo esfuerzo y
consiguió encajarse el pepino dentro de su rajita. Se desabrochó
los pantalones y los bajó para facilitar la postura. Ahora la felación
era más auténtica que nunca. Cada embestida de la boca de
Estela movía el pepino dentro de su carne -ella aun no sabía
mucho del tema, pero un poco más adentro, sólo un poco más,
y habría perdido la virginidad. Un dedo acariciaba su clítoris.
Otro dedo de su prima, humedecido en sus propios jugos, buscó
su ano. Pero ambos cuerpos se revolvían sin parar en el sofá,
y no consiguió penetrarlo. - ¡Joder...! ¡Joder! ¡Jooooodeeeeeeer! ¡Me corrooooooo!
¡AAAAAAAAAAHNNNNNNNNNN! Los orgasmos le llegaron todos juntos, en racimo, incontables. Gritó
y botó, penetrada por el pepino, mamada por su prima. Estela aun
no había llegado, se masturbaba con empeño. Virginia se
retiró. El pepino salió húmedo de entre los labios.
Estaba muy bien allí dentro, no se lo sacó. Se puso de pie.
De debajo del sofá sacó una sorpresa: un bote de plástico
de mayonesa, de los de apretar. Le quitó la tapa. Puso un pie sobre
el sofá. - Mírame... -le ordenó a Estela. Ésta se sentó, mirando hacia ella. Con una mano se propinaba
tremendos retorcimientos a un pezón, con tres dedos de la otra
se penetraba, temblorosa, ansiosa por llegar al clímax. - Y hora... -dijo Virginia- No hay felación sin eyaculación.
Quiero correrme en tu cara... Vamos, abre esa boquita... Estela la abrió. Virginia, se colocó el bote en la cintura,
como un segundo pene. Con una parsimonia imposible, comenzó a masturbarlo,
pasando las yemas de sus dedos por su suave superficie plástica.
Quería el momento exacto, quería eyacular en su cara justo
cuando llegara al clímax.Los gemidos de Estela se convirtieron
en gritos. Fue la señal. Mientras su cuerpo adolescente temblaba y se tensaba, víctima
de una cadena de orgasmos, su prima apretó el bote. Un chorro de
falso esperma amarillento se estrelló contra su mejilla. No acertó
en la boca. Su orgasmo aun duraba, así que el pene volvió
a ser estrujado y a eyacular. La boca se llenó de líquido
pastoso, tragó con ansia. Mientras el orgasmo se disipaba como
un vapor etílico, su prima sujetó su carita y colocó
el bote sobre sus labios. - Venga, una última corrida más... Quiero ver como te tragas
todo mi semen. Allá voy... - ¡Traga! ¡Tragaaa!
Despedida Los padres de Virginia ayudaban a su sobrina a cargar el macuto en el
autobús. Le dieron un par de besos de despedida y la invitaron
a volver cuando quisiera. Ella les prometió hacerlo. Le dieron
recuerdos para su padre y una bandeja con empanadillas que había
hecho la madre de Virginia. - A partir de hoy -le susurró al oído-, cada vez que vaya
al médico, pensaré en ti. Estela echó un vistazo al exterior del autobús: sus tíos
ya se alejaban y no estaban mirando. Abrazó a su prima y la besó profundamente, en medio del
autobús. Un montón de ojos, que no conocía y que
no le importaban ya lo más mínimo, las examinaron de arriba
abajo, mientras duró el beso, y mientras acabó el beso en
una mirada, y mientras una de las bolleras salía del autobús,
y la otra bollera, vete tú a saber qué educación
había recibido para salir así y qué enfermedades
tendría, seguro que el SIDA, se sentaba tan pancha en su asiento,
como si nunca hubiera hecho nada malo. Este es el... FIN ¿Algo que decir? eslavoragine@hotmail.com Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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