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La mejor amiga de mi hermana |
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Yo soy Alberto, mi hermana se llama Estrella y acaba de graduarse de
la preparatoria, al ser una de las más populares de la escuela
en la que estudió, tiene muchas amigas. La escuela es particular,
así que asistían hijas de empresarios, empleados de gobierno
o simplemente con dinero. Al estar entre los 17 y 19 años, la mayoría
de ellas son lindas y con un cuerpo hermoso. Así es mi hermana
y sus amigas, incluyendo a Ana Gabriela, su mejor amiga. En la familia somos los únicos hijos, pero yo desde hace dos años
vivo en otra ciudad por motivos de trabajo. Tengo 25 años, hace
uno terminé mi carrera, tengo un excelente puesto en la empresa
donde trabajo, deportista y con una casa y auto propios (gracias a la
empresa donde trabajo). Eso les encantaba a las amigas de mi hermana,
con quienes siempre me he llevado muy bien. Muchas veces me las encontraba
en casa de mi padres y trataba de convivir con ellas. Ellas me ven como
el hermana perfecto, además de que están en la edad en que
les llama la atención las personas maduras. De Ana Gabriela siempre
he tenido un trato especial, pues por lo general, ella y mi hermana pasan
mucho tiempo juntas y en vacaciones, cuando estoy en casa de mi padres,
bromeamos mucho y la llevamos bien. Hace dos meses, mis padres salieron fuera del país, así
que como era época de vacaciones, me pidieron que me hiciera cargo
de mi hermana. Como yo no podía faltar al trabajo, le pedí
que se fuera conmigo. Ella aceptó, pero me pidió que le
diera permiso de incitar a algunas de sus amigas, así no se aburriría.
Invitó a 3 amigas, entre ellas Ana, quien siempre me había
llamado la atención por su hermoso cuerpo: su largas piernas, pechos
redondos y una carita de ángel. Le dije que no habría ningún
problema, así que partimos al día siguiente. Al llegar a
mi casa, les dije que dormirían en mi cuarto, ya que era el más
grande. Les llevé unas colchonetas que tenía para ese tipo
de casos. En la misma casa vive mi mejor amigo, pero por ser época
de vacaciones, fue a pasarla a casa de sus padres, por eso aproveché
y yo dormía en su cuarto. Varias veces, me tocaba verlas en bata
o pijama, ya que llegaba tarde del trabajo. En una ocasión, me sentí un poco mal, así que preferí
irme temprano a casa. Mi hermana y sus amigas música a todo volumen,
así que no escucharon cuando llegué. Subí las escaleras
para pedirles que le bajaran poco a la música, pero cual sería
mi sorpresa que justo al asomarme al cuarto, todas ellas se estaba vistiendo
y preparando para salir. De inmediato me entró el morbo de ver
como se vestían, pero la mayoría ya lo había hecho.
Fui al baño, que está justo en frente de la recámara
en la que estaban y desde ahí comencé a espiarlas. Veía
a todas, menos a Ana. Las demás ya estaban peinándose o
maquillándose. En ese momento, Ana salió del baño
que está dentro del cuarto empapada solamente con una toalla cubriéndole
su prodigioso cuerpo. Ella es alta, mide 1.60 mts, cabello castaño
y de piel blanca. Quedé pasmado al verla, así que extremé
precauciones y cerré un poco más la puerta del baño.
Mientras las demás seguían con lo suyo, ella se despojó
de la toalla, dejándome ver ese cuerpo desnudo frente a mi. Quería
comérmela en ese momento. Rápidamente y evitando que sus
amigas le vieran comenzó a vestirse. Primero se puso una diminuta
tanga negra que la hacía ver aún más sensual, después
se puso un vestido con un escote increíble, no se puso sujetador.
El vestido era negro y apenas cubría esas hermosas nalguitas. La
verdad se veía deliciosa. Al ver que ya estaba vestida, decidí
hacerme una chaqueta recordando esas imágenes. Después de
eso, bajé las escaleras con la idea de fingir mi llegada y que
no sospecharan nada. Así lo hice, cuidé que vieran cuando
salí del baño y me dirigí a la puerta de entrada,
tratando de hacer un poco más de ruido, subí las escaleras
y mi hermana me interceptó justo frente su cuarto. Ahí estaba
Ana, comenzando a peinarse, todas me saludaron, pero mi mirada estaba
clavada en ella. No podía quitarme de mi mente esas imágenes.
Mi hermana mi dijo que quería ir al cine y a tomar un café,
pidiéndome que las llevara y las acompañara. Le dije que
con gusto las llevaría, pero no podía quedarme con ellas,
ya que al irme temprano, había dejado muchas cosas pendientes en
mi trabajo y quería terminarlas en casa. Quedamos en que pasaría
por ellas al centro comercial a eso de las 12 de la noche. Mientras estaba
tratando de concentrarme en mi trabajo, el recuerdo de Ana se me venía
a la mente con frecuencia. No aguantaba más, tenía que hacer
algo, pero nada se me ocurría. Así pasaron las horas y fui por Estrella, Cinthya, Diana y por
supuesto Ana. Al llegar a la casa, todas coincidieron en que estaban demasiado
cansadas y con sueño. A mi me faltaba mucho por trabajar, así
que les dije que si querían dos de ellas se podían quedar
en el cuarto de Aurelio, yo dormiría abajo, en el sofá,
pues tenía mucho trabajo. Trataba de no pensar en Ana Gabriela.
De inmediato Ana aceptó y dijo que ella se quedaría en el
cuarto, le siguió Diana. Eso me excitó demasiado. Ellas subieron y ahora si me puse a trabajar en serio. Pasaron como dos
horas y escuche pasos en la cocina, fui a ver de quien se trataba y era
Ana. Había bajado por un vaso de agua. Me dijo que no tenía
nada de sueño, así que la invité a que pasara el
estudio, ahí tengo una televisión y video. En ese momento
me olvidé del trabajo y me puse a ver una película con ella,
estábamos sentados en el sillón, pero de repente ella se
acostó poniendo su cabeza en mis piernas. Yo aproveché la
oportunidad y la abracé. Comencé a acariciarle su cabello
y su cara, cada vez con movimientos más bruscos y seductores....
era mi plan. Después de un rato comenzó a acelerarse su
respiración y a responder mis caricias tomando mi brazo y chupando
mis dedos cada vez que pasaba mi mano por su boca. Eso me dio pie a pasar
al siguiente nivel, acariciarle sus muslos, aprovechando que estaba en
bata. Así comencé a subir poco a poco la mano, ella solamente
jadeaba discretamente. Hasta que llegué a su triángulo,
noté que su tanguita estaba húmeda, al querer tocarla, ella
apretó más la piernas. Lo cual me obligó a hacer
otro tipo de maniobra para que accediera. Con mi otra mano comencé
a frotarle sus pechos, le arranqué un gran suspiro. Seguía
viendo o disimulando ver la televisión, así que la volteé
para verla a los ojos. Sus pezones comenzaron a ponerse duros, mientras
acariciaba sus muslos. Volví a subir la mano y poco a poco fue
abriendo sus piernas. Ahora sí la tenía en donde quería.
No hallaba que hacer con sus manos, las movía de un lado a otro,
así que las tomé y las puse en mi increíblemente
erecto pene. Comenzó a masajearlo por arriba del pantalón.
Al meterle un dedo en su coño, se estremeció completamente,
apretando mi miembro. Decidí levantarla y sentarla frente a mi,
quitándome la camisa y el pantalón. A ella la dejé
con su camisón, así le daría más sensualidad.
Comenzamos a besarnos apasionadamente, claro que por su corta edad, no
se animaba a hacerlo, además de que no sabía. Poco a poco
fue entrando en calor hasta al punto en que era ella quien tomaba la iniciativa.
Mientras nuestras lenguas se abrazaban, yo acariciaba sus nalgas y sus
pechos. Ella mismo se quitó el camisón y ahí estaba
al aire esos dos redondos volcanes que no tarde en comenzarlos comer.
Ella acariciaba mi cabello desesperada y comenzaba a moverse en forma
circular. Así que supuse que era el momento... en un sólo
movimiento le quité la tanga y ella mi bóxer. En todo el
rato no habíamos dicho una sola palabra, lo cual era más
excitante. En ese momento susurrándome al oído me dijo "por
favor... que no me duela", a lo que contesté "no te preocupes,
lo haré con cuidado y despacio". Poco a poco la fui acomodando
para penetrarla. Cuando por fin logre introducirle mi pene, dio un tremendo
grito y me jaló del cabello. Le había dolido, pero sin duda
le gustó, ya que mientras le salían algunas lágrimas,
jadeaba fuertemente y se movía cadenciosamente. Mis movimientos
siempre fueron suaves, tratando de no lastimarla y provocando en ella
una mayor excitación. En varias ocasiones intenté sacar
mi miembro, pensando que le estaba doliendo pero ella no me dejaba, por
el contrario, apresuraba un poco más su balanceo. Así nos
pasamos mucho rato, al sentir que me venía la levanté y
ella sin que le dijera una sola palabra se agacho a tomarse toda mi leche.
Eso provocó que me viniera otra vez, pero ahora sobre toda su cara.
Después de eso, la levanté y le comencé a chupar
su coño, ella estaba realmente ardiendo. El sudor de ambos provocó
que la parte del sofá en donde estábamos quedara empapada.
Nadia nos podía parar, hasta que nos fundimos en un abrazo y besos
apasionados. En la mañana siguiente, ella se despertó y se fue al cuarto
en donde se supone debió de haber dormido, yo me vestí y
seguí con el trabajo. A partir de ese día, cada que nos
encontramos buscamos la forma de vernos a escondidas y continuar lo que
esa noche comenzamos. Ella tiene 18 años, es una princesa y ya
es mía. Nadie sabe lo nuestro, perdería ese toque de misterio
cada vez que hacemos el amor. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí
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