Me coji a mi madrastra porque odio a mi padre

Cuando me quede huérfano de madre, deseaba morir como ella. A Julián mi padre, no lo quería, porque el había destrozado la vida de mi mama. No obstante, quería seguir estudiando y el me mantenía.
 
Decidí aguantarlo, hasta que pudiera independizarme. El día en que mi padre, un año después del entierro de mama, me comunico que iba a casarse con Sonia, sentí una gran indignación. No quise ir a la boda y entonces acepte una beca para estudiar en Monterrey y por lo menos durante los primeros 6 meses estuve alejado de mi padre y de su nueva esposa.
 
Llegaron las vacaciones de verano y mi padre me pidió que fuera a pasarlas a su casa situada en Ixtapa, delante de Acapulco. Como el mar me encanta, acepte su invitación junto con un sustancioso aumento de dinero que me daba para mis gastos y que no pude rechazar.
 
Sonia era una mujer impresionante, tenia 28 años, todos los encantos y curvas que una señora puede desear y había sido actriz de televisión, hasta que mi papa la retiro. Yo ya la había visto en la pantalla y desde entonces quede prendado de su rostro perfecto, de facciones armoniosas, unos ojos grandes y muy expresivos y una boquita de melaza, con dientes perfectos y blanquísimos que mostraba al sonreír, con muchísima frecuencia, porque era muy simpática y cordial.
 
Una tarde regrese a la casa antes de la hora prevista, porque tenia un dolor muy fuerte en la rodilla, después de jugar fútbol en la playa. No encontré a nadie en la casa, por lo que opte por asomarse al frondoso jardín. Me quede atónito al escuchar unas voces y gemidos de placer.
 
Quien estaba cogiendo en el jardín de mi padre?
 
Al principio imagine que mi joven y guapísima madre estaba portándose mal con algún amante, más guapo y ardiente que mi viejo de 57 años.
 
Pero lo que vi escondido tras un arbusto, me excito enormemente, Sonia estaba completamente desnuda encima de mi padre, subiendo y bajando sobre su pene, mi viejo le acariciaba sus enorme senos con las dos manos, y la hermosa cara de mi madrastra, estaba colorada y desconocida por la lujuria que se reflejaba en ella, mientras cogían delicioso, como unos locos, Julián la llamaba:
 
— Puta!!
 
Mientras que ella le pedía más y más verga, moviéndose voluptuosamente sin control, despertando mi lujuria hasta limites insoportables, por lo que decidí masturbarme, viéndolos gozar, ajenos a mi presencia. Estaba asombrado, de cómo una mujer podía tener unos senos tan grandes y preciosos bronceados por el sol, con unos deliciosos pezones marrones que deseaba comerme.
 
Me volví loco de pasión al admirar el balanceo sensual y obsceno de esas tetas, que se movían de arriba abajo, de un lado a otro, al mismo ritmo que la cogida de mi padre.
 
Ahora ya se por que lo tenia hecho un pendejo, que manera de coger, me dije.
 
Mi padre le pidió de repente que se arrodillara delante de el y se apoyara en el suelo con las palmas  y los pies, como una yegua sumisa y excitada, y ella le pidió que la penetrara y el la insulto diciéndole:
 
— Perra! Putisima. Y mas insultos un tanto impropios, indignos a nuestra clase social.
 
Cuando la penetro vaginalmente por atrás y ella se agito convulsionándose por el goce que experimentaba durante el coito, tuve una eyaculación y mi semen se malgasto al caer al suelo, mezclándose con la tierra seca, mientras mi viejo era más afortunado al regar las entrañas de una mujer tan rica como la suya.
 
Mi oportunidad con esa mujer se presento una mañana, cuando los oí discutir luego de una llamada que recibió mi padre, ya que tenia que ausentarse durante 3 o 4 semanas, dejándome a ella a solas conmigo. En vano trato de consolarla y pese a su disgusto al medio día se marcho y nos prometió que llamaría desde Nueva York. A donde se dirigía para atender un importante proyecto.
 
Sonia y yo comimos solos, y trate de convertirme en su amigo y confidente. La acompañe a hacer unas compras de ropa para ella, en las que no se si fue a propósito, pero me dejo ver atractivas zonas de su cuerpo en el interior del probador, al cambiarse delante de mi: pantalones, vestidos, aparentemente sin darse cuenta que era un hombre y que la deseaba con todas mis fuerzas.
 
Al día siguiente, me pidió que la acompañara a la playa, acepte encantado. Se puso un minibikini, que se transformo en una tanguita negra en el momento en que se quito el brasier, haciendo un maravilloso y excitante topless, después me pidió que le pusiera crema bronceadora en la espalda, me quede como un bobo contemplando sus espléndidas nalgas expuestas al sol y temblé de emoción, cuando se volteo y me rogó que le untara un poco en sus senos! Casi me desmaye de la impresión cuando le puse una mano en un pezón, que creció excitado por mi caricia.
 
No deje de frotar deliciosamente ese globo de carne suave y sensual, siguiendo sus instrucciones le frote la espalda y las nalgas, sintiendo que me venia mientras ella se dejaba tocar, sin prohibirme nada, lo que me envalentono y me hizo acariciarla con más confianza. Tras los roces que nos dimos en forma casual y que me pusieron el pito a punto de reventar, agarrados de la mano (algo lógico entre una madrastra y su hijo) regresamos a la casa.
 
De inmediato me fui a dar un regaderazo y recordando su cuerpo con el que tantas veces me había chaqueteado viéndola actuar en televisión, me empecé a acariciar y estuve a punto de masturbarme de nueva cuenta en su honor, pero lo pensé mejor y espere a que por algún capricho del destino, ella accediera a ser la amazona que cabalgase sobre el miembro que yo tenia paradísimo, dejándose penetrar hasta los testículos.
 
Cuando estaba a punto de secarme, ella entro encuerada al baño, estaba sin toalla, y contemplo con cara viciosa mi erección bestial:
 
— Pareces pinocho!
 
Exclamo, y después me pidió que le untase crema hidratante por todo su cuerpo, como un autómata la seguí hasta la salita ubicada en la habitación de mi padre.
 
Se tumbo boca abajo sobre el sofá y yo tuve que untarle esa crema blanca por todo su trasero y espalda, jugando con sus nalgas y piernas, después se dio la vuelta y quedo tumbada boca arriba, mostrándome sus pechos y su pubis cubierto por unos pelos rubios que parecían muy suaves al tacto, al abrir los muslos me mostró una vagina depilada y algo húmeda, limpia de vello, sentí de nuevo el calor de sus tetas y me puse a temblar de deseo.
 
Proseguí frotando su vientre suavemente y mas tarde su entrepierna, cuando me ofreció su abertura rozada, no dude en meterle uno y hasta dos dedos, mientras que ella me lanzaba besitos. Continué mi masaje, puse mi mano en su panochita y comencé a pasársela de arriba abajo, pensé que iba a eyacular de gusto, pues note que sus manos me agarraban la verga jalándola, de repente se acomodo y se la metió a la boca, yo notaba la humedad de su saliva y el roce con sus dientes blancos y la suavidad de sus labios, mientras mi herramienta crecía en su boca y tras mordisquear con malicia el glande, me escurrí! Dejando que emanara de mi cuerpo un rió de semen que ella bebió hambrienta.
 
No pude imaginar que mi madrastra tuviera el atrevimiento de subirse sobre mi pene, pero lo hizo, poco a poco se clavaba mi vergota en su vulva abierta y mojada, hasta que sus nalgas chocaron con mis testículos, lo que significaba que mi pene estaba totalmente incrustado dentro de su cuerpo. Me empezó a cabalgar lento, mientras se lo sacaba y se lo volvía a meter hasta el fondo, me agito el corazón sumiéndome en un estado de excitación bárbaro:
 
— Eres una golfa, muévete perra!
 
A lo que ella me respondió:
 
— Cogería contigo aun delante de tu padre!
 
Sudábamos de tan encarnizada lucha cuerpo a cuerpo, mientras le chupaba las tetas o la besaba en la boca, al eyacular dentro de ella Sonia arrecio sus movimientos pélvicos y siguió un buen rato cabalgándome sin detenerse, hasta que tuvo su ansiado orgasmo y ambos nos desplomamos sobre la cama abrazados y besándonos con pasión.
 
Días después regreso mi padre de Nueva York y se sorprendió gratamente al ver lo amigos que éramos Sonia y yo.
 
El pobre viejo no sabia que ella no tendría que buscarse un amante fuera de casa, ya que me tenia a mí como su semental, dispuesto a satisfacer sus necesidades sexuales.
 
Mi madrastra y yo hemos decidió tener un hijo, que perpetué nuestro amor, nuestra ardiente relación que mantenemos a espaldas de mi padre.
 
Mi relación con mi viejo es inmejorable y me he mudado a su casa para vivir durante un tiempo con ellos, ya que en definitiva, son mi única familia.

 

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