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Playa liberada |
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Durante los dos años que concurrimos al mismo balneario en Uruguay,
había escuchado hablar sobre una playa nudista alejada del centro
y de los ojos curiosos. Yo ya había practicado el nudismo en diferentes lugares pero nunca
con mi mujer, Pía, y no sabía si ella lo había hecho
antes. El primer año le propuse ir y cuando logré convencerla
la tarde en que fuimos era un asco de viento y frio así que cuando
llegamos encontramos unas parejas gay que caminaba por la playa y obviamente
estaban vestidos; luego de tamaña desazón y ya sobre el
final de nuestras vacaciones no volví a insistir con el tema y
como a Pia no le gustaba la intensidad de las olas de esa playa, los pocos
días que nos quedaban lo pasamos en la Playa Mansa... desde donde
podía ver, lejos en el horizonte, ese lupanar que descubriría
el próximo año. Pia es una mujer de 31 años, con una bonita y bien conservada
figura, muy pudorosa y como muchas tantas, disconforme erroneamente, con
su cuerpo y por lo tanto muy propensa a ocultarlo lo más que pueda.
Esto condiciona también su actitud frente al sexo, que si bien
se permite gozar y se comporta algo putita en la cama me cuesta mucho
sacarla del terreno de mis fantasías para poder cumplirlas. Yo tengo 34 y como Pia también soy profesional, tengo buena figura
y es estos últimos años mi cabeza ha dado un giro hacia
lo permisivo, algo que fui toda mi vida y que ahora pude concretar rompiendo
con el mandato social sobre el comportamiento de un hombre. Así
pues, estoy viviendo actualmente intentando llevar adelante mis fantasías,
tanto en solitario como no. Al llegar nuevamente a Punta del Este y pasar por la entrada a aquella
playa comprendí que este año no iba a dejar pasar la oportunidad,
así empecé mi embestida bien temprano y ya el tercer día
Pía accedió a acompañarme -"... solo para ver
de que se trata y si no me siento cómoda nos vamos". Muy bien...
primera batalla ganada pensé. Estupendo día de sol, caluroso sin viento, excelente para la ocasión,
hoy no hay excusas. Llegamos a la entrada de la playa, estacionamos el
auto y caminamos bajo el sol con el bolso y las sillas, en silencio, espectantes...
mi corazón latía tan fuerte como la primera vez que fui
a un hotel alojamiento siendo aún menor de edad, Pía no
modulaba palabra; no se si estaba nerviosa o le daba lo mismo una cosa
que la otra, aunque creo en lo más profundo que prefería
no tener que vivir estas situaciones. Al entrar descubrimos que había
poca gente, algunas familias con sus hijos -obviamente todos desnudos-
algunas parejas aisladas y algún que otro solitario, así
que la cosa se simplificó muchísimo. Nos acomodamos, mi
mujer se sacó el corpiño y yo los pantalones de baño
quedando completamente desnudo y Pía sólo con su bombacha
que no accedió a sacarse ni con la orden de un juez. Me invadió un placer tan grande al sentir el sol acariciándome
los genitales, al ver todo mi cuerpo desnudo, con mi bello pubiano recortado
y mis testículos bien depilados que comencé a excitarme,
sentía como mi miembro despertaba lentamente, comenzaban los primeros
latidos en la base del tronco donde se junta con los huevos y decidí
que era un buen momento para la primera ducha fría en el mar. Así transcurrió el primer día, entre principio de
excitaciones al ver tantos cuerpos desnudos dorándose al sol y
mi curiosidad insasiable. Yo feliz y mi pudorosa mujer al menos no sintiéndose
tan incómoda. Los días se repetían uno tras otro bajo ese libido sol
Estenio hasta que cierta tarde una pareja de chicos se sentaron frente
a nosotros. Estaba claro que eran gays, pues por allí abundaban
las parejas homosexuales - tanto de hombres como de mujeres - que preferían
alejarse a una zona menos concurrida y aunque allí no había
demostraciones exageradas, podía verse a alguna de ellas besándose
o abrazándose pero eso si, al igual que los chicos sentados cerca
nuestro no escondían sus miradas más provocativa, tanto,
que me parece que le fascinaba verme rasurado y a mi me gustaba provocarlo,
lo hacía abriendo y cerrando las piernas para que se me mueva el
pene que ya estaba tomando forma nuevamente. No comprendía que
me pasaba, me estaba excitando frente a un chico... entonces, decidí
mecerme al mar para enfriarme y se lo comenté a mi distraída
mujer que creo que prefería hacerse la tonta como muchas otras
veces, así que me levanté, nos miramos fijamente los tres
y comencé a caminar hacia el agua, previo paseo por la orilla con
el sol de frente, lo que me hacia transpirar y ponía todo mi cuerpo
brilloso y resbaladizo, percibía el olor de mi excitación
y no podía controlarme. Me alejé más y más, me di vuelta y vi que caminaban
cerca mío, me respiración se agitaba, mis manos recorrían
mi cola sudada, estaba nervioso y decidí meterme al agua. Cuando
salí estaban sentados mirándome y me acerqué... "-¿Cómo está el agua?" preguntó
el morocho lampiño de cuerpo bien formado, con una cola redonda
y una cara de nena pícara. -Muy buena. Respondí tímidamente. -¿Querés sentarte? -Bueno. No podía más que emitir monosílabos. Me
superaban los nervios. Así que me acomodé entre los dos. -Sería bueno que te pongas protector. Dijo Mariano, el más
delgado e introvertido pero directo. -Es que no tengo aquí. -Nosotros sí te paso en la espalda. Mariano nuevamente sin vueltas -Dale. Y me puse boca abajo entregándome a dos desconocidos para
que me pasen protector solar por mi cuerpo mientras mi mujer estaba a
unos 300 metros de allí. Mariano empezó con una mano por lo alto de la espalda y Ricardo,
el morocho lampiño, intervino de manera cómplice sondeando
el camino que deseaba recorrer. -Tenés la cola algo blanca todavía querés pasarte
allí o preferís que te ayude. -Estoy muy cómodo así, pasame vos. Sentía las manos de Mariano sobre mi espalda cuando Ricardo posa
la suya fría por el protector sobre mis glúteos, me sobresalté
pero lo dejé hacer, los acariciaba suavemente mientras se fue atreviendo
a pasar su mano entre ellos introduciéndolos en mi virgen zanja.
Esparcía suavemente la crema por mi cola transpirada y pasó
rozando sutilmente mi ano y lancé un suspiro mientras Mariano me
masajeaba la espalda, podía sentir la proximidad de sus cuerpos
así que como pude estiré mis brazos para tocarlos a ambos
que estaban sentados uno a cada lado. Busque sus penes y los encontré,
empecé a acaricialos a ambos y Mariano se tumbó sobre mi
espalda y comenzó a besarme la nuca y las orejas, escuchaba sus
bocanadas de placer a mis caricias mientras Ricardo había sacado
hacia atrás mi pija erecta a más no poder y la acariciaba
como nunca antes lo habían hecho. Intento darme vuelta y cuando
abro los ojos extasiado veo cerca una parejita (hetero) que nos miraban
y se masturbaban mutuamente. -No quieren jugar con nosotros? les dije mientras Ricardo se ponía
en el camino de mi boca la que besé frenéticamente. Sin respuesta los vi levantarse y traer su lona hacia nosotros. La morocha tenía la conchita toda pelada y el novio un pendejito rubio y delgado tenía una pija blanca con la cabeza y los huevos rozados, cuando lo tuve cerca me abalancé sobre el y comencé a mamarla como loco, era la más puta... Ricardo acercó su boca y la compartimos mientras nos besábamos
cuando nos encontrábamos en la punta, Mariano me masajeaba el culo
y empezó a meterme uno y luego dos dedos para dilatarme ya que
se había dado cuenta que era virgen y con mi mano libre pajeaba
a la morocha de pechos infartantes sin soltar la divina poronga del novio. Yo gemía quería cojer y que me cojan y en eso siento una
boca en mi pija, era Mariano que la estaba lubricando, me puso boca arriba
y se llenó el culo de saliva mientras Ricardo me ponía un
forro y el pendejo no me dejaba respirar con su pija hasta mi garganta.
Mariano se sentó sobre mi pija y empezó a metérsela
lentamente la Morocha hizo lo propio sobre mi boca y comencé a
chuparme esa conchita que estaba ya por acabar y Ricardo le mamaba la
pija al novio. Eran todos gemidos de placer veía como Ricardo en cuatro se dejaba
cojer por ese pendejo divino al que tenía cerca y le metí
un dedo en el culo pero ahora era yo el que quería recibir y cuando
esa puta desenfrenada que tenía en mi boca acabo por tercera vez
en mi boca y se hecho a un lado lo miré a Mariano y le pedí
que me entre así que como estaba levanté mis piernas y le
entregué mi cola fue suave, estábamos bien lubricados y
yo muy excitado así que luego del fuego del primer instante empecé
a sentir puro placer, Ricardo con acercó su boca a mi pija y comenzó
a mamarla yo le agarré la poronga blanda al rubiecito y empecé
a chupar para que se le pare cosa que no tardó mucho y la putita
de su novia al ver la escena ya estaba cachonda otra vez y empezó
a chuparle la pija a Ricardo que soltó la mía porque Mariano
me estaba bombeando fuerte y me sacudía con todo porque se venía...
fue hermoso sentir como su pija latía dentro de mi culo para expulsar
toda la leche, me la sacó despacio yo seguía al palo y me
tenté con la pendeja que estaba en cuatro con la pija de Ricardo
en la boca le empecé a bombear la conchita cuando siento que el
novio empieza a empalarme el orto a mi, me encantaba así que le
pedí a Ricardo que se pare y me de su pija en la boca. Desesperado
la acabe a la pendeja en la conchita estrecha y lubricada y ella en un
frenesí de gritos, gemidos y meneos me dio un polvito, cuando salió
Ricardo se acostó frente a mi y le chupé el culo y los huevos
mientras lo pajeaba, era hermoso me sentía la más puta con
el pendejito rubio atrás fascinado con mi cola y con Ricardo pidiéndome
que se la chupe que estaba por acabar. Me moría por sentir su leche desparramada en mi boca y me la dio
toda, tanta tenía que me desbordaba de la boca y vino Karina -tal
el nombre de esa hembra- y me limpió lo que desbordaba y nos besamos
y compartí con ella algo de la leche de mi boca y el resto me la
tragué cuando sentí que el pendejo gritaba que acababa.
Y me tiró el también toda la leche en mi ya dilatado culo
receptor de leche caliente masculina. Mariano se había excitado con la escena y me chupaba la pija que
se me estaba parando nuevamente y Ricardo se la chupaba a él otra
vez los tres envueltos en una ronda de sexo gay con leche y flujo por
todo nuestro cuerpos y caras de libido irreprimida cuando con mis ojos
cerrado percibo que algo me cubría del sol, Pía que miraba
anonadada como yo pajeaba a Karina otra vez como cuando empezamos y como
Mariano me engullía toda la pija y Ricardo se lo hacía a
el... no podía pensar así que la acerqué la besé
con toda la calentura que tenía y se la entregué al novio
de Karina para que se la coja pues esa era una de mis fantasías. Pero eso es otra historia que les contaré más adelante.
Pues hoy ya cumplí con relatarles mi primera orgía gay. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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