| Me llamo David, y ya he tenido varias veces sexo gay
porque lo soy. Aquí empieza mi historia:
Un día muy caluroso teníamos mis compañeros y yo
2 horas seguidas de gimnasia. El profesor, que se llamaba Enrique, estaba
como un tren. Pelo moreno como el azabache y largo hasta el cuello, unos
ojazos verdes impresionantes, un cuerpo muy bien formado, alto... Todo
un sueño. Llevaba ya un año colgado por él, y en
todas las clases de gimnasia mi polla crecía como nunca solo al
verlo, cosa bastante incómoda porque con el chándal era
difícil disimular la erección. Pero vamos al grano. Ese
día nos enseñó unas figuras de hacer pirámides
y cosas así. Me sacó a mí para hacer un ejemplo,
y en la figura de ese día uno tenía que estar tras otro.
Él se puso detrás de mí y comenzó a explicar,
pero yo solo tenía mente para esa verga que en esos momentos acariciaba
mi culo. No aguantaba más, y necesitaba lamerle todo el cuerpo...
Disimulando, apreté mi culo hacia su polla, y él se paró
en seco en la explicación, y su polla se puso dura enseguida. Afortunadamente,
ninguno de mis compañeros se dio cuenta (todos unos xenófobos)
y no dijeron nada. El profesor siguió con la explicación
y luego tuvimos que poner en práctica lo que nos había enseñado.
Él me lanzó una mirada de disculpa, y enseguida vino diciéndome
que parara, que lo estaba haciendo mal, y comenzó a regañarme
ficticiamente. Me dijo que le acompañara al gimnasio, y le mandó
a un profesor que vigilara el resto de la clase. Cuando llegamos al gimnasio,
me metió en un almacén bastante grande donde se guardan
las camas elásticas, etc., y se sentó en la colchoneta que
usamos para hacer volteretas o saltos y no hacernos daño. Comenzó
de nuevo a reñirme, y enseguida me di cuenta de que él estaba
esperando una señal mía que le dijera que podía comenzar
a follarme. Lo tumbé y me puse sobre él, y comencé
moverme sobre su verga mientras nos besábamos. Le quité
la camisa, y pude ver su torso. Era velludo por el pecho, y se le podían
ver unos abdominales impresionantes, muy trabajados. Le bajé los
pantalones y se los quité, y tuve ante mí al hombre de mis
sueños con unos bóxer negros apretadísimos, que dejaban
muy poco a la imaginación. Volví a moverme encima de él.
Enrique me agarraba del trasero y hacía presión hacia su
verga. Me hice hacia atrás y comencé a frotar su verga por
encima del bóxer. Inmediatamente después, se la agarré
y comencé a mamarla, pero en la boca no me entraba más de
la mitad, ya que le medía como unos 23 cm. de largo y unos 4 de
ancho. Yo disfrutaba tanto como él, que gemía y me agarraba
de la cabeza con las 2 manos y me marcaba el paso. De repente me dijo
que parara de mamar, y me puso a 4 patas. Me bajó los pantalones
y el bóxer e intentó penetrarme. Me dijo muchísimas
veces si me dolía, y yo le decía que no.
Comenzó a embestirme como una bestia, y los 2 gritábamos
de placer como locos. Me follaba como nunca lo habían hecho, y
yo me moría de placer. Deseaba que eso no terminara nunca, que
estuvieran follando toda la vida∑ Enrique aguantó lo que
me pareció bastante tiempo, y derramó toda su leche dentro
y fuera de mí. Su polla parecía una fuente, no paraba de
echar lefa por todos lados, y él se tumbó en la colchoneta.
Yo me quedé a su lado, sentado, y en un momento en el que cerré
lo ojos, lo vi lamiéndome la verga. Me daba un poco de vergüenza
porque yo considero que la tengo pequeña (él luego me dio
que no, que para mi edad, 15 cm. estaban muy bien). Me corrí al
minuto, y me dijo que saliera fuera de nuevo y que disimulara, que le
había encantado el sexo que habíamos tenido y que lo teníamos
que repetir. Yo le dije que sí con un beso y salí de nuevo
al patio.
Si te a gustado o quieres contactar conmigo, este es mi mail: los_siete@msn.com
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