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Y que bien duermo desde entonces |
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Recuerdo la fecha como la de mi cumpleaños porque para mí
fue un regalo como los de cumpleaños. Mi madre estaba ingresada
a punto de dar a luz a mi hermana. Yo estaba en esa edad rebelde, esa
tardía adolescencia de los 17 que se contradecía con el
mundo que habitaba mi cuerpo. Además estaba celosa. Sí.
Estaba celosa desde hacía meses. Estaba celosa desde que supe que
iba a tener una hermana. Estaba celosa desde que me di cuenta de que iba
a dejar de ser su niña. Pero aquella noche estaba siendo especial. Mi madre llevaba un día
ingresada; mi padre después de la visita, había salido con
unos amigos a tomar unas copas y regresó a casa a la espera de
noticias del hospital; aquella noche estaba siendo especial porque mi
padre había bebido y entre el alcohol y la euforia de su nueva
paternidad, estaba muy alegre; había pedido pizzas y habíamos
estado viendo una película de risa. Después nos tiramos
en la terraza a disfrutar de la estupenda noche de verano, escuchando
los grillos del jardín que rodeaban la piscina. Me gustaban los
veranos porque era la única época del año en que
lejos de los internados para señoritas de bien, disfrutaba de los
lujos de mi familia y de los caprichos materiales que mi padre siempre
me concedía para rellenar los espacios que ni él ni mi madre
ocupaban el resto del año. Mi padre había puesto la radio, al pasar delante de su cuarto
vi la puerta entrecerrada, él nunca hacía eso, siempre la
dejaba abierta de par en par. Me acerqué y la empujé levemente.
Estaba como me lo imaginaba en mis fantasías, no se había
desnudado pero estaba bocarriba disfrutando de un largo masaje en su pene.
Me quedé allí, mirándolo y note cómo volvían
a hincharse los labios de mi chocho. Me acaricié con las piernas
flexionadas y al notarme tan mojada no pude dejar de frotarme como una
desesperada. Gimió cuando su chorro se estrelló en la palma
de la mano con la que se cubría el capullo para no salpicar, se
corrió y dejó de tocarse de pronto, supongo que acostumbrado
a hacer lo mismo con mi madre, meter, cumplir y parar. Se levantó,
apuró el whisky y haciendo eses por el camino entró en el
baño de su dormitorio y se metió en la ducha. Tal y como
estaba no podía quedarme allí sin más, así
que decidí meterme en su cama y esperarlo allí desnuda.
Tardó apenas unos minutos; cuando volvió a salir envuelto
en una toalla, me encontró bajo sus sábanas. Encendí la luz de la mesilla, me senté junto a él
mirándolo y acaricié la seda del pijama. La respuesta fue
inmediata, algo se movía. Traviesa y curiosa froté más
y bajé el movimiento hasta los huevos que se le escapaban por las
perneras del short, regresé hacia arriba y apreté la caricia
sobre su capullo. Ya no se movía inquieta, ahora su polla se sacudía
intentando escapar del pijama, mi padre sonreía sin despertar,
viviendo su sueño erótico más real. Sabía
que intentar moverlo lo despertaría pero quería bajarle
el pantalón y ver cómo se empalmaba, me maravilla ver cómo
un hombre se va empalmando mientras se la toco; aflojé el nudo
del elástico y dejé que cediera, no podía bajárselos
pero podía dejar su polla al descubierto. Metí mi mano para
sacársela y al agarrarla noté su dureza, las venas ya yertas
agradeciendo el contacto de mi mano. Se la saqué y después
de acariciarla completa de arriba a abajo me dije que tenía que
hacerlo ya, antes de que se despertara, así que me incliné
y metí su sonrosado capullo en mi boca. Aquel músculo pegó
un respingo cuando tragué y siguió creciendo dejándome
saborear unas gotitas melosas mientras miraba por si se despertaba. Aproveché
y tragué cuanto me cabía en la boca pero justo cuando iba
a seguir bombeando sobre mi golosina una manos frenaron suavemente mi
frente. Se detuvo bruscamente, como fuera de sí, sacándome la polla
me giró sobre la cama dejándome a cuatro patas bocabajo
y me tomó por la cintura. Acercó su polla a mis nalgas y
con ella empezó a humedecerme desde la raja hasta el agujero del
culo, primero hurgó con la punta de su cada vez más gordo
y tenso mango y después de meterme el capullo en el chocho para
remojárselo bien apuntó a mi ano. Me la metió de
golpe, sin pensárselo dos veces, sin cuidado, enterrándose
en mí sin avisar. No pude ni gritar; me quedé sin respiración
y no escuchaba más que sus quejidos al empujar, parecía
hacerse daño pero seguía empujando violentamente. ¿La
notas ahora dándote gusto mi niña?, es lo que querías
¿verdad cariño?... ¿La sientes dentro hija, ves todo
lo que te quiera papaíto?... ¿por qué no le dices
a papi lo que sientes dentro?... ¿Te gusta eh?. Casi no lo
reconocía mientras me tomaba de aquella forma, su voz sonaba cochina
¿quieres más mi vida?....toma.... y me empujaba
con más fuerza sintiendo su tolete presionado por mi estrecho culo.
Nunca me habían hecho esto, pensaba mientras creía morirme
de dolor. Las lágrimas me bajaban por la cara y notaba cómo
mi cuerpo se abría por dentro para dejar espacio a aquella inmensa
verga que me taladraba, perdí hasta la visión unos segundos,
dejé de oír y el dolor no me dejaba ni respirar. De pronto
sin dejar de sentir el rabo de mi padre entrando y saliendo en mi culo
noté sus dedos hurgándome el clítoris, empecé
a gemir y el aire volvió a mis pulmones, ¿es esto
lo que querías verdad mi niña?¿era esto...?
mi padre jadeaba pero no dejaba de buscarme el placer entre las piernas,
conseguí pronuciar un doloroso pero morboso síííí,
papí, síííí... me desvaré
de gusto al sentirlo convencido del placer que me daba y para intentar
olvidar el dolor empecé a moverme en círculos intentando
gozar. Mi padre me cogió una mano y me hizo masturbarme mientras
él me metía dos dedos e intentaba colar el tercero, ¿te
gusta verdad, cariño? ¿te gusta lo que te hace papi?
y seguía empujándomela por detrás sin dejar de meterme
casi sin control los dedos, no llegaban hasta dentro pero me abrían
los labios los suficiente para sentirme más salida. Siguió
masturbándome sabia pero violentamente y entre sus dedos dentro
de mi joven coño y su verga desgarrándome el recién
estrenado culito de señorita de bien perdí la noción
del tiempo. No sé cuánto tiempo estuvo dentro de mí
hasta que sentí un escalofrío que me recorrió desde
la planta de los pies toda la espalda hasta llegar al cuello, empecé
a convulsionarme de un gusto que jamás había experimentado
sintiendo su polla aún dura llevándome a más, sus
manos chorreaban entre mis piernas y era tal mi corrida que mi padre no
coseguía tocarme el clítoris sin que se le resbalaran los
dedos, al sentirme gemir del interminable orgasmo y desfallecer de gusto
empezó a bombear impulsivamente metiéndome la polla hasta
el fondo del culo, sacándomela y perforando después mi chumino
boqueante; yo me dejaba a gusto, estaba exhausta y dolorida pero dispuesta
a dejarme hacer lo que quisiera a cambio de seguir disfrutando de cosas
que nadie me había hecho nunca; me cogió por los hombros
y se enterró tan dentro de mí que creí que nunca
más volvería a hablar, se golpeó contra mis piernas
abiertas con fuerza animal y aún con sus dedos dentro mi culo estimulándome
sentí una bocanada de lava caliente dentro de mí. Empezó
a gemir sufridamente y noté cómo se derrumbaba sobre mi
espalda. Tranquilo papi, sigue ahí, le susurré
girando la cabeza buscando su boca para pasar mis labios por los de él
y buscar su lengua con la mía; te ha gustado mi niña,
sí papi, mucho, nunca me lo habían hecho como tú,
quédate ahí dentro de mí cabalgó varias
veces aplastándome casi sin fuerzas y sin dejar de gemir; noté
su rabo deshaciéndose en mí, me bajaba su semen por las
piernas y su cuerpo derrumbado sobre mí se contorsionaba de placer,
sudando, mmmmm..., no podía decir más,...mi
niño, mira que quiero yo a mi padre. Esperé a que fuera él quien tomara la decisión de
sacarme la polla del coño porque sé que eso a los hombres
les gusta mucho, una vez me lo dijo Don Ramón el cura del colegio
mientras yo lo abrazaba sentada sin bragas sobre él en su sillón
de la sacristía después de la confesión. Cuando he
espiado a mis padres mi madre nunca deja que papá se la deje dentro.
Mi madre no folla casi nunca y cuando lo hace es con la luz apagada y
siempre le dice a mi padre que no le deje la polla dentro. Eso a los hombres
no les gusta, por lo menos no a mi padre ni a Don Ramón el cura
de mi colegio. A papá le gusta dejarme la polla dentro hasta que
se le ablanda después de follarme con la luz encendida, verme desnuda
en la piscina o paseándome por la casa para ponerlo cachondo, le
encanta que le pida que me acaricie cuando me baña, frotarse conmigo
en el despacho cuando salgo del instituto y voy a buscarlo, le gusta que
le toque mientras vemos la tele en el salón si mi madre no nos
mira o que se la sobe con los pies por debajo de la mesa mientras que
comemos; papi a veces se despierta por la noche cuando yo voy a su cama
y le acaricio la polla mientras duerme, le gusta que se la toque y se
la chupe hasta que se la pongo bien dura y tiesa mientras mamá
duerme a su lado y después me acompaña a mi cuarto para
asegurarse de que su niña se duerme tranquila; a mi papá
le gusta que me masturbe para él y le gusta oírme gemir
con su polla dentro de cualquiera de mis agujeros siempre abiertos para
él. Por eso a mi padre ahora le gusta más follar conmigo
y ya casi no se folla a mi madre y es que mi madre no entiende por qué
a los hombres les gustan esas cosas; y es que claro la pobre tampoco entendió
por qué mi padre ese año me sacó del internado y
se empeñó cada noche, mientras ella dormía a mi bendita
hermanita, en contarme un cuento antes de irse a dormir... y vaya cuentos
los que todavía hoy mi papi cuenta a su niña. Duermo relajadita,
relajadita. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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