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Un momento esperado |
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Después de leer varios relatos, y ante mi necesidad de compartir
con alguien la hermosa experiencia que viví, decidí contarle
a todos aquellos que aprecian los relatos lo que paso aquella tarde. Se
preguntarán por que esto no se lo pude contar a otra persona, y
se debe a que la hipocresía y prejuicios de la gente tildarían
de degenerado o de depravado a aquellos que se atreven a disfrutar del
sexo sin importar el parentesco. Para que entiendan lo especial de la situación les cuento que
no se trata solo de algo que paso por casualidad y todo se dio en el momento,
sino que la atracción entre mi prima y yo viene de nuestra infancia,
ya de chicos sabíamos aprovechar cualquier pretexto para apartarnos
del resto y acariciarnos o besarnos, pero por nuestra edad, el sexo no
se nos cruzaba por la cabeza, disfrutábamos de nuestro juego prohibido
y para nosotros eso era lo máximo. Con el tiempo los juegos cambiaron,
la intensidad de los besos aumentaron, y el deseo comenzaba a hacerse
sentir, acariciábamos todo nuestro cuerpo, pero todavía
ella virgen no me permitía avanzar. Recuerdo que después de una noche que se había quedado a dormir, porque se llevaba muy bien con mi hermana, al despertarme me encontré con la casa desierta y ella preparando su desayuno, en aquella época yo contaba con 22 años y ella tenia 17, me acerque para saludarla, y comenzamos a besarnos, tomo el desayuno en mis rodillas, y luego sin decir una palabra comenzamos a acariciarnos y besarnos, ( después de 8 años todavía siento esos besos ), fue la primera vez que puede quitarle algo de ropa, aunque no llegue a desnudarla completamente y tampoco me dejo llegar a mas, seguía cuidando su virginidad. El tiempo paso y yo me case, pero la buena relación que tenía
con mi prima no hizo dudar a mi mujer en ningún momento de que
algo había entre nosotros, y una tarde que estaba afiebrado con
una gripe que volteaba a cualquiera y mi mujer salió a un curso
que estaba realizando, mi prima había quedado en pasar cuando regrese
del trabajo, como acordó con mi mujer. A esta altura contábamos
con 26 años yo y ella 21, y fue ella quien tomó la iniciativa,
unas palabras quedaron grabadas a fuego en mi mente y las decía
mientras me destapaba , cuando me juego me juego, se sentó en el
borde de la cama y comenzamos a besarnos. La ropa que ella tenia me daba
fácil acceso a donde se me antoje, una minifalda suelta, y una
blusa que no tarde en desabotonar con sumo placer, sus pechos ya libres
del corpiño quedaron sobre el mío, y poco a poco se fue
subiendo a la cama hasta quedar montada sobre mi. El momento que tanto habíamos esperado estaba sucediendo, confesé
que en muchas oportunidades me había masturbado pensando en ella,
y ella me contestó exactamente lo mismo, los besos no paraban y
frotaba su sexo todavía cubierto por su tanga contra el mío
que hacia presión sobre el pantalón. Tomándola de la cintura levante un poco su cuerpo y sus pechos
fueron devorados por mis boca ansiosa, sus gemidos y sus manos en mi pelo
aumentaban mi excitación en el preciso momento en que una de sus
manos comenzaba a hurgar entre mi pantalón. Facilite su tarea dándole
un respiro a sus pequeños pero bien formada y deliciosos pechos. Ella se bajó de mi cuerpo, y se acostó, la tenia toda a
mi disposición, como tantas veces me había imaginado, toda
la blusa desordenada, sus pechos ante mi vista, una minifalda que apenas
le tapaba la tanga, y las piernas abiertas que me indicaban el camino,
de la carita ni hablar, un gesto entre inocente y libidinoso se le dibujaba
en la cara, creo que en la mía no podía disimular la alegría. Y así fue que fue acomodándome entre sus piernas, corrí la tanga a un costado y mi lengua comenzó a trabajar, nunca voy a olvidarme como se retorcía de placer y los gemidos que salían de su boca cada vez que mi lengua rozaba sus zonas más sensibles, mis dedos comenzaron a penetrarla por su húmeda vagina, dos orgasmos alcanzó hasta que decidió que era momento de cambiar de postura. Entonces me recostó y se ubicó de forma tal que no había
duda que esperaba un 69, y como a mi me encanta eso no tardé en
volver a disfrutar del sabor a mujer de mi primita, ver su cola redonda,
y firme delante de mi cara me volvía loco, y la ansiedad que me
provocaba la descargaba con mi lengua en su cuerpo, ella por su parte
me devolvía la gentileza con su boca sobre mi sexo y mis testículos.
En un momento estire mi brazo y tome el consolador con el que jugamos
con mi mujer, lo cubrí con un condón, y sin dejar de jugar
con mi lengua en su clítoris, comencé a penetrarla. La sorpresa la enloqueció, no paraba de gemir, y el placer que
le provocaba el consolador y mi lengua hicieron que olvide de lo que estaba
haciendo con su boca, para dedicarse exclusivamente a gozar, notaba como
sus músculos se contraían cuando un orgasmo la estremecía.
Entonces me acomode detrás de ella, y la acomode en cuatro patitas,
y le comí la cola mientras el consolador hacia sus delicias por
la parte de adelante, opte por no contar mas sus orgasmos, solo me dedicaba
a disfrutar de sensaciones y de la música de sus gemidos. Luego ella se acomodo en la cama, y yo acomodé mi cuerpo sobre
el tuyo, me pidió de forma que no me queden duda que quería
sentirme dentro suyo, sus palabras fueron , "cogéme",
demás esta decir que durante todo el tiempo que pasamos juntos
este tipo de palabras abundaron, yo no podía dejar de alabar su
culito, y llenarla de obscenidades que aumentaban su morbo y el mío,
pero esa palabra era una orden, un ruego, notaba como su mirada esperaba
el momento en el que la punta de mi sexo comience a perderse dentro de
ella, y ver como a medida que entraba, ella tiraba su cuello hacia atrás
y se mordía los labios, me volvía loco, así fue que
me aferre a su cintura y una vez que se acostumbro a mi sexo comencé
a moverme, a entrar y salir, a morderle sus pechos, a besarla. Me resultaba increíble estar en esa situación, la realidad
superaba a mi imaginación, pero también quería saber
con que soñaba ella y le pregunte si quería hacerlo en alguna
otra posición, y quiso montarme. Entonces me acosté y ella
se monto sobre mi nuevamente, tomo mi sexo con una mano y mirando apunto
hacia su húmeda cueva, disfrutaba ella y disfrutaba yo, saltaba
sobre mi, hasta que le dije que estaba a punto de acabar, entonces de
un salto se acomodo entre mis piernas, quito el profiláctico y
comenzó a masturbarme, me dijo que quería ver como saltaba,
y me acarició maravillosamente, hasta que en un momento que rozaba
mi glande contra su pezón, el primer chorro de leche salió
violentamente, seguido por un par de chorros mas que causaron su deleite,
al igual que ver su mano chorreada por las ultimas gotas que no tenian
la fuerza para salir disparadas como las primeras. Continuamos un rato abrazados, sabíamos que nos sobraba tiempo,
que mi esposa no llegaría hasta dos horas mas tarde, pero ella
se fue un momento antes que regrese mi mujer, antes me dijo que la había
pasado como nunca, y que no sabía después de lo que compartimos
como iba a volver a tener sexo con su novio, porque nunca la hacia llegar
a un orgasmo. Su confesión hizo que como despedida, la tumbe nuevamente
en la cama, corra su tanga nuevamente y le regale el ultimo orgasmo de
la tarde. Así nos despedimos hasta la próxima oportunidad
que tengamos. Espero que este relato que no hace mas que reflejar un momento tal cual como lo viví, haya sido de su agrado, si es así espero sus comentarios a harleyga@hotmail.com
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