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La tía y la sobrina |
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Esta historia transcurre hace ya bastante tiempo. Ella era dos años menor que yo (20) y había llegado desde el interior de la provincia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la capital de mi provincia. Yo la conocí por que era amigo de su tía, una mujer, en esos momentos, de 44 años, viuda ella, de muy buena estampa. Ana (así llamaremos a mi novia) era muy reacia a mantener relaciones sexuales, pero era muy calentona. Así es que al principio, solo se animo a agarrarme la pija y a hacerme unas hermosas pajas. Al tiempo ya me permitió que yo también se las hiciera a ella. Por ultimo, y a iniciativa de ella, un día me la empezó a chupar: lo hacia lentamente e iba aumentando la velocidad y la fuerza de succión poco a poco. Cuando me sentía cerca de acabar, suavemente le tocaba la frente, ella sacaba la pija de su boca y me hacia terminar como pocas veces recuerdo. Cierto día se molestó porque yo le hacia sacar la boca de mi pija antes de acabar. En realidad lo hacia por una cuestión de delicadeza. Pero a partir de esa vez, le acabé en la boca y ella se la tomaba toda. Para nuestras sesiones de sexo oral, casi siempre íbamos a la terraza del edificio de departamentos en el que ella vivía con su tía. Nos íbamos detrás del tanque de agua, nos sentábamos en el suelo y allí nos dábamos masa.Una noche de luna llena, con el cielo muy despejado ( es decir, con la noche iluminada casi a giorno) estábamos en nuestra acostumbrada sesión de placer, cuando alcanzo a ver que lentamente se entre abre la puerta de la terraza. Yo estaba con mi dedo metido en su concha desde atrás, y ella chupando dedicadamente. Al ver que había alguien en la puerta, me pongo rígido y eso hace que arremeta con fuerza mi dedo en su concha: parece que fue en el momento justo ya que ella también se tensó por la llegada de su orgasmo y comenzó a chupar mas fuerte. No la quise cortar, con la esperanza de que no entrara nadie. Me quede mirando fijamente la puerta y alcance a ver a una mujer que se estaba tocando las tetas mientras nos miraba. Grande fue mi sorpresa al reconocer entre las sombras a la tía viuda. Con Susana (asi llamaremos a la tía) teníamos gran confianza y muchas veces habíamos hablado de sexo entre los tres y le habíamos dado a entender que algo pasaba. Su actitud era siempre de recomendarnos que nos cuidáramos respecto del embarazo ya que ella era la responsable de Ana ante su familia y no quería problemas. La cuestión es que decidí que cada uno disfrutara de su paja tranquilamente. Al tiempo Ana tuvo que viajar a su lugar de origen a visitar a sus padres. Al sábado siguiente Susana me pide que la acompañe a una fiesta, cosa que ya había hecho en varias oportunidades con anterioridad, así es que, siguiendo con la costumbre, el sábado salimos rumbo a un casamiento. En la fiesta comimos, bailamos y bebimos bastante. Al regreso a su, casa
bien entrada la madrugada, me pidió que nos sentáramos en
el living a tomar un café y a charlar un poco. La misma comenzó
comentando cosas graciosas de la fiesta. En un momento dado me pregunto
como andaba mis relaciones con Ana, que si nos cuidábamos como
ella nos pedía, etc. Ella apeló a nuestra confianza y me dijo que con tantas cosas
que habíamos hablado con anterioridad a esta relación, que
ahora no me hiciera el tímido. Ella levantó una mano y comenzó a acariciármela
por sobre el pantalón. Se enderezo lo más que pudo y me pidió que le metiera una
mano en la concha y que con la otra le apretara las tetas. Salimos y ahí fue que me dijo que era la primera y ultima vez
que esto pasaba entre nosotros, que se debió a la bebida, y que
se yo cuantas cosas más.
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