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Sucios y dulces asuntos de familia / 1ra parte |
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Hola amigos, me llamo Sole y soy una mujer casada de 37 años, que vivo en una localidad levantina a orillas del Mediterráneo, de donde soy natural. Pertenezco a una familia acomodada y respetada en la comarca, ya que
a los ojos del mundo damos una apariencia de normalidad, procurando desde
siempre que nuestras bajas pasiones no sean del dominio público,
para ello nuestras relaciones con el entorno social son de pura afabilidad
y conveniencia, pero sin otorgar excesivas confianzas a extraños.
Yo por mi parte, que no he llevado en mi juventud una vida ejemplar de
decencia y castidad, como iréis sabiendo a través mi relato,
siempre he buscado mis rollos cochinos, exceptuando los familiares, que
esos están bien salvaguardados, lejos de estos pagos donde soy
demasiado conocida; al igual que yo lo han hecho el resto de mis hermanas. Lo que aquí os voy a narrar, por extraño y fruto de una
fantasiosa y calenturienta imaginación que pueda parecer es la
pura realidad, pues a grandes rasgos es la historia de mi vida y la de
mi familia, ya que, aunque de puertas para adentro, la felicidad sexual
de todos sus miembros no nos es ajena por compartirla entre todos nosotros. Bien, empezaré por el principio, por lo que creo fue el hito que
marco el devenir de la situación actual.. Yo debía de tener
unos doce años cuando ocurrió algo que abrió mis
sentidos al mundo del placer. En medio de la noche me despertó
un ruido como de algo que en la planta de abajo se caía al suelo,
así que me levanté y bajé a ver que pasaba. Era mi
gato Luli, que jugaba con una pelota. No le di más importancia
y me disponía a regresar a mi cama cuando advertí que la
puerta del sótano estaba entreabierta, así que me dirigí
a cerrarla, pues mi padre se enfadaba mucho si la encontraba así.
Al acercarme observé que abajo había una luz encendida y
de que se oían unos jadeos humanos. El miedo me invadió
y pensé en ir a avisar a mis padres en su dormitorio, sin embargo,
una extraña curiosidad infantil me empujó a averiguar cual
era la causa de aquellos jadeos, en ocasiones gemidos como de súplica.
Bajé sigilosamente unos peldaños, hasta el primer rellano,
desde donde oculta en la oscuridad descubrí lo que pasaba: allí
estaban mis padres, desnudos los dos. Mi madre arrodillada tenía
dentro de su boca la polla de mi padre, que no paraba de resoplar, gemir
y lanzarle entre susurros insultos , le decía:
.¡¡así,
así
puta viciosa, tragátela toda
!! Ella, mi
madre, lejos de enfadarse por aquellos insultos parecía excitarse
más, pues chupaba con un frenesí enloquecido. De pronto
la respiración de mi padre se aceleró, su cuerpo pareció
convulsionarse, bruscamente se sacó la polla de boca de mi madre
y empezó a soltar enormes chorros de semen que salpicaron su cara
(he de decir que en toda mi vida no he visto una polla capaz de soltar
tanto semen como la de mi padre, y os puedo garantizar que he chupado
unas cuantas, sin temor a exagerar más de cien, pues entre mis
múltiples experiencias sexuales he practicado eso que en el argot
del Porno se llama "gangbang", o sea ,dejar que un montón
de hombres, en mi caso el record está en 16, de forma consecutiva
se vayan corriendo en tu cara y boca. Yo, que como ya habréis podido
deducir soy una mujer bastante liberal y abierta en materia de sexo; si
lo prefreís: una guarra, una puta viciosa
no me importa,
es más, me enloquecen esos apelativos cuando me usan como juguete
de placer; he llegado a practicar, y aún en ocasiones lo practico,
eso sí, en familia, el "pissing after gangbang", o sea,
después de haber sido cubierta de leche de hombre ser meada por
otras tantas pollas. Es delicioso, os lo aseguro. Mi primera vez fue en
Barcelona, cuando tenía 19 años y ya una amplía experiencia
en estas lides. Me habían invitado a una fiesta de amigos en una
Torre de Castelldefels. De pronto me vi a las 4 de la mañana yo
sola con diez tíos, pues el resto de la gente se había ido
ya. Todos estábamos bastante pasados de copas, y yo, además,
caliente como una burra en celo y ansiosa por que alguien me aliviase
aquella quemazón que sentía entre las piernas. Así
que no dudé en animar el ambiente a ver si alguno de aquellos capullos
se decidía. Entre risas uno propuso que les enseñara las bragas, no hizo falta
repetírmelo
en conclusión: acabe sin bragas en medio
de una orgía salvaje con diez borrachos, que después de
follarme por todos mis agujeritos viciosos, como fin de fiesta, y en vista
de la zorra con la que se habían topado, que no le hacía
ascos a nada, decidieron lanzar los fuegos artificiales y poniéndome
de rodillas me ordenaron abrir la boca para uno a uno ir dándome
esa leche tan rica que las nenas necesitamos para crecer. Luego con la
cosa ya descontrolada y para ayudarme a tragar tanta vitamina, uno de
ellos, sin previo aviso, empezó a mearse encima de mi, el resto
sin dudarlo un segundo se pusieron a imitarle. Me imagino que todavía
hoy se siguen haciendo pajas a mi salud, pues para inmortalizar semejante
evento, como en toda ceremonia que se precie,bodas,bautizos, etc
habían grabado toda la fiestecita en vídeo, no me sorprendería
cualquier día de estos encontrármela colgada en internet).Bien,
a lo que iba. Ella, mi madre, abrió la boca con ansiedad tratando
de tragar toda aquella catarata de leche, al tiempo que exclamaba fuera
de si: ¡!oh sí
macho mío,
la quiero toda
en la boca
dásela a tu zorra hambrienta
!! Luego prosiguieron
otra media hora más con jueguecitos de lo más depravado,
poniendo el colofón mi padre con una monumental meada de caballo
sobre mi madre, que parecía disfrutar enormemente con aquella humillación,
y por si fuera poco el pis que le había hecho tragar, el so cabrón
no contento se tomó la libertad de llenar un vaso con los últimos
chorros, ordenándole a continuación bebérselo de
un trago, algo a lo que mi madre no manifestó oposición
alguna, sólo que en vez de un trago lo hizo en dos, lo que motivó
que mi padre enfurecido le arrease una bofetada y le profiriese una retahíla
de insultos, entre los que recuerdo frases como: ¡!esto para que
aprendas a desobedecer a tu amo
furcia rastrera
¡¡
, y otras lindezas semejantes. Ella se mantuvo sumisa y arrodillada limitándose a balbucear en
un tono respetuoso: lo siento amo
he sido desobediente y merezco
tu castigo. Estaba claro que aquello formaba parte del juego. Mi padre,
un tipo de mediana estatura , de torso robusto y una polla no demasiado
larga, 17 cm (se la he medido), pero gruesa y nervuda (mis preferidas,
pues me enloquecen esos miembros dentro de mis agujeritos, sobre todo
en el culo) era el amo y, ella, con su frágil y hermoso cuerpo,
pues mi madre era y aún es una auténtica belleza (al igual
que nosotras, sus cuatro hijas, que aunque suene inmodesto, somos unas
mujeres de bandera, guapas y con unos cuerpos bastante apetecibles y esbeltos,
en fín, hechos para la lujuria) con sus tetas redondas y sabrosas,
coronadas por unos pezones de sonrosadas aureolas, que invitan a ser mamados
con la fruicción de un bebé hambriento, con su apetitoso
culo redondeado y terso, que mi padre se comía (y se come) con
auténtica devoción religiosa (algunas veces en broma le
he dicho a mi madre que debe de ser la tía con el culo más
limpio de España).con su carita preciosa de enormes ojos verdes
y expresión ingenua, era la esclava sumisa siempre dispuesta a
complacer a su dueño en cualquier deseo por depravado y sucio que
éste fuera; porque en el fondo eso a ella le producía el
mismo placer, si no más, que a él. No en vano, como pude
saber después, fue ella quien inicio a mi padre en ese mundo oscuro
y placentero, convirtiéndole en dominador porque eso era lo que
a ella le sublimaba la libido y el deseo. Tras este episodio me sentía turbada y confusa, pero a la vez
excitada. Un cosquilleo incesante y húmedo no cesaba de palpitar
entre mis piernas. Obligándome a introducir mi mano ansiosa dentro
de mis bragas por darle remedio a aquel raro estado. Con lo cual acabé
por estrenarme casi de forma inconsciente en las delicias de la masturbación.
Desde ese momento para mi se convirtió en una obsesión
el espiar a mis padres en esas secretas actividades, pues su comportamiento
hacía que pareciesen otras personas totalmente diferentes a las
que eran en la vida normal. Por las noches me mantenía en alerta,
y si oía sus pasos, sigilosamente los seguía, pues sabía
que se dirigían al sótano a practicar sus perversiones sexuales,
que como fui comprobando no eran pocas: dominación, lluvia dorada,
beso negro
y pasado algún tiempo también descubrí
que en otro escenario de sus juegos, las caballerizas y el cobertizo,
mi madre era obligada a mantener relaciones con algunos de los animales
de la finca, en concreto con dos pastores alemanes y con uno de los caballos,
ya adiestrado, pues los otros se mostraban ariscos a esos juegos Yo mientras,
me conformaba con deshacerme mi hermoso coñito virgen a pajas. Durante un año mantuve en secreto todo aquello, sin decirles nada
a mis tres hermanas, Lisa y Juana, ambas mayores que yo, de 13 y 15 años
respectivamente y Elena, la pequeña, que por entonces tenia 10
años. La primera en saberlo fue Lisa, que compartía habitación
conmigo, y que no había descubierto ni una sola de mis escapadas
nocturnas, hay que decir que duerme como un tronco. Todo ocurrió
una noche en que de vuelta de una de mis misiones de espionaje, y como
ya era habitual, me estaba masturbando como una desesperada, rememorando
lo que había visto; recuerdo que aquella noche mi madre tras ser
follada por la gran polla roja de uno de los perros, tuvo que chupársela
al otro mientras mi padre le daba a ella por el culo furiosamente, arreándole
violentos azotes en las nalgas a la vez que le decía: "¡¡así
perra, chupa chupa
dale gusto a mi perrito!!". Desde mi escondite,
tras una balas de paja, podía ver de frente la cara de mi madre,
enguyendo con ganas aquel cilindro de carne roja, gemía y gritaba
de placer, agitada por los brutales empellones que mi padre propinaba
a su culo. El animal estaba inmóvil, con los ojos fijos y vacíos.
De pronto empezó a mover su trasero como si estuviese tirándose
a una perra. De las comisuras de la boca de mi madre comenzaron a brotar
hilillos de un líquido blancuzco parecido al semen de mi padre.
Ella, lejos de retirarse para escupirlo, pareció entrar en un estado
de trance frenético, pues chupaba como si no quisiese dejar escapar
ni una gota. El perro, una vez aliviado, trató de escapar, pero
mi madre se lo impidió sujetándole con fuerza y afianzando
con desespero aquella polla entre sus labios, sin dejar de chupar hasta
que mi padre, agarrándola por el pelo y tirando con brusquedad
de ella hacía atrás, la requirió para correrse él
también en su boca. "Ahora me toca a mí
hija
de perra
trágate mi leche con esa boca de puta" , le
gritó iracundo. Bien, retomando el hilo de la narración,
mi hermana Lisa se alarmó al oir mis jadeos de placer, pensando
que me pasaba algo. -¿Qué te pasa Sole, te encuentras mal? preguntó
asustada. Retire la ropa de la cama para mostrárselo en vivo. Abrió
unos ojos como platos al ver que tenía las braguitas bajadas. -¿Para que te las has bajado?-preguntó la muy idiota. Se metió en mi cama, le ordene quitarse el pantalón del
pijama y las braguitas. -Fíjate en mí y haz lo mismo-le dije. Sus movimientos eran torpes, así que cogí su mano y la
guié, indicándole cómo y donde debía hacerlo.
Era una buena alumna, pues no tardo en pillarle el tranquillo. Y buena
cosa le enseñé, pues luego no se perdonaba ni una noche.
Aún pasaron unos cuantos días hasta que me decidí
a contarle lo de mis padres. Ella paso sucesivamente del espanto a la
incredulidad y de esta a la excitarse tanto, que esa noche fue la primera
vez que ambas acabamos en su cama tocándonos, besándonos
y masturbándonos una a la otra. Me suplicó que en mi próxima
escapada a espiar a papá y a mamá la llevase a ella. Pues
como ella dormía profundamente no se enteraba ni aunque tirasen
la casa. Acepté con una condición. -¿Cuál?-preguntó. -¡Qué asquerosidad más rica! nos reímos
las dos-Ahora quiero hacértelo yo a ti. ¿Sabe a pipí?-preguntó
con ingenuidad morbosa, como si esa posibilidad incentivase su deseo;
algo que ahora entiendo por su apasionada afición a la "lluvia
dorada". Y así fue como tuve mi primera experiencia en el sexo oral. Creo que sólo pasaron un par de días hasta que mis padres
se decidieran a una de de sus clandestinas sesiones de sexo . Lisa dormía
como un tronco, agotada después de la ya cotidiana sesión
de "guarraditas" que nos habíamos propinado. La desperté y le dije que me siguiera en silencio y que viese
lo que viese, por desagradable o impactante que pudiese resultarle, no
abriese la boca, pues si éramos sorprendidas infraganti ya podíamos
ir preparándonos. Me juró y perjuró que sí,
que sería silenciosa y sigilosa como un gato en actitud de cazar.
En cualquier caso yo ya me había encargado de ir mentalizándola
contándole con todo lujo de detalles lo que los cochinos de nuestros
amados papis hacían en esos momentos. Con toda clase de precauciones bajamos la escalera, cerciorándonos
de que mis padres estaban ya entretenidos en sus diversiones preferidas
allí abajo en el sótano. Sin embargo ese día, por
alguna extraña razón ambos estaban en la cocina charlando
en voz baja. -Llama ya- oí que decía mi madre. De pronto mi padre salió, nosotros nos quedamos petrificadas pues de puro milagro no nos vio allí agazapadas en medio de la oscuridad en el rellano de la escalera. Descolgó el teléfono y realizó una llamada de la que no pudimos entender nada ya que hablaba casi en susurros. Colgó y regreso a la cocina. Nosotras en vista de que aquella noche no iba a suceder nada regresamos
a nuestra habitación. Lisa apuntó la posibilidad de que
alguno de los animales de la finca estuviese enfermo o tal vez una de
las yeguas que estaba preñada fuese a parir y que aquella llamada
fuese al veterinario. Nos metimos en la cama, yo no podía dormir, estaba contrariada
por aquel fracaso y no lograba con ciliar el sueño. Lisa tampoco
pues me susurró: -¡Eh! ¿duermes?-dijo Aquella confesión me puso realmente caliente. -¿Y te gustó?-quise saber. ¡Joder! si le gustaba a la putita de mi hermana mayor, ¡cómo
se aplicaba con la lengua en cada recoveco y pliegue de mi chorreante
rajita! Fue tan concienzuda la limpieza de bajos que me hizo que al día
siguiente tenía los labios un poco hinchados a causa de sus mordisquitos
y chupetones. Hoy en día cuando nos montamos algún numerito
entre las dos no puedo evitar hacerle chupar mi cosita y culminarla con
una meadita, que ella se bebe chupeteándome sin parar hasta que
me la deja más limpia que una patena. Yo también le correspondo
a ella de la misma manera, pero reconozco que carezco de su habilidad
y talento para esta práctica. Lo que más nos excita en esos
momentos es revivir esa fantasía recurrente de cuando éramos
niñas, incluso utilizamos el mismo lenguaje entre inocente y lujurioso
de entonces, eso nos lleva al éxtasis total y a las orgasmos más
escandalosos. Bien amigos, aquí concluyo momentáneamente el relato de
mis andanzas sexuales, ya que esto sólo es una pequeña parte
de ellas. Pronto os deleitaré con nuevos episodios, no menos jugosos
que lo que aquí habéis leído. Si deseáis enviarme vuestros comentarios podéis hacerlo
a solezorra@hotmail.com Hasta pronto Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
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