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Hola. Soy Sandra y tengo 19 años. A veces, o casi siempre me da
vergüenza reconocer que me gusta esto. Quiero decir que nadie sabe
que me meto en chats eróticos desde hace años, pero en realidad
yo no lo veo tan mal. Me gusta mucho el sexo pero tengo que reconocer
que no lo practico mucho. Mi experiencia se resume en un par de polvos
alguno mejor que otro, masturbaciones diarias, algún que otro resfregón
con mi profe particular de literatura que está como un queso y
a veces me escribe poemas y el resto al cine X y mi ciberamantes que no
veas qué imaginación más placentera. Esto ocurrió
hace unos tres años en unas vacaciones. Ya no vamos tan a menudo,
pero hace unos años, cada vez que había un puente, en Semana
Santa y sobre todo en verano, mis padres, mi hermano Álvaro, mis
tíos Luis y Marta y mi primo Diego, nos íbamos de acampada
a una playa del sur. Montábamos las tiendas de campaña y
pasábamos varios días allí. Cuando éramos
niños, mi primo, mi hermano y yo lo pasábamos en grande
haciendo de la playa nuestro paraíso, jugábamos a los náufragos,
a los socorristas, hacíamos cuevas con piedras y arena o dibujábamos
grandes circuitos en la arena para jugar dentro de ellos. Éramos
la pandilla de los tres. Pero este año empezaba de un modo diferente.
Cuando llegamos a la playa y vi a mi primo me asombré porque había
crecido mucho en apenas un año, ya no era Dieguito, ahora era un
chaval de catorce años con un bonito cuerpo, no muy alto pero formado,
con el pelo ondulado cayéndole por las mejillas y una infantil
pero pícara mirada. Cuando llegamos mis tíos ya habían
acampado, Diego salió corriendo del mar a recibirnos, con el agua
deslizándose por su pecho brillante, el pelo goteándole
sobre la cara y el bañador... buff el bañador. Supongo que
yo también habría crecido para él ya que le llevaba
dos años; las últimas vacaciones con ellos yo ya tenía
pecho y unas curvas que el chico miró más de una vez haciéndome
sentir importante, ese año yo estaba más desarrollada pero...
ahora era diferente porque fue él quien esta vez cautivo mi mirada.
-Hola Sandra- su voz estaba empezando a cambiar
-Hola Diego, cuánto has crecido primo- y lo abracé.
Seguía siendo un niño, porque su abrazo me recordó
a los de años pasados, cariñoso, inocente pero desde el
cuerpo de un hombrecito. Aflojé el abrazo que intenté disimular
como inocente y me acerqué a saludar a mis tíos.
Después de acampar y ponernos los bañadores decidimos dar
una vuelta por la playa, pensé que mi hermano Álvaro vendría
con nosotros pero prefirió acercarse a un grupo de bañistas
muy monas que jugaban al bolley-playa en la arena. Habían cambiado
muchas cosas. Diego actuaba como el mismo niño que era años
pasados, su cuerpo había cambiado pero a él le quedaba mucho
todavía por aprender, Álvaro siempre había sido mi
hermano protector, sólo nos llevábamos un año y eso
hacía que tuviéramos muchas cosas en común, gustos,
curiosidades, música, amigos... descubríamos juntos la vida
y nos apoyábamos el uno en el otro para escalar por ella pero ahora
Álvaro estaba en esa edad en la que empezaban a interesarle las
chicas, como a mí los hombres, pero él lo hacía de
un modo que a veces a mí me hacía sentir excluida de su
vida; no me contaba lo que hacía y ya no siempre me dejaba salir
con él y sus amigos. No me apetecía quedarme en la orilla
con Diego a tirar piedras al agua y contar los botes que daba antes de
hundirse, ya no era divertido, quería acercarme a jugar con Álvaro
y las chicas pero mi hermano no me había invitado y yo como buena
pava era muy orgullosa. Miré a primo y le dije.
-¿Nos bañamos?
-Vale- y salió corriendo hasta zambullirse de cabeza a pocos metros
de la orilla, sacó la cabeza y empezó a salpicarme con el
agua fría para hacer más difícil mi entrada al mar.
-Estáte quieto Diego, no seas niñato- y como no paraba me
sumergí de golpe en el agua.
Nade rápido mar adentro para deshacerme del incordio de mi primo
y cuando lo hube dejado atrás haciendo absurdas piruetas en la
orilla dejé que mi cuerpo se balanceara con las olas. Me gustaba
la caricia del mar y en un impulso adolescente miré alrededor,
me quité el bañador y después de enrollarlo en mi
muñeca para no perderlo empecé a nadar desnuda en paralelo
a la orilla. Estaba alejados del campamento y el grupo de chicas que estaban
con mi hermano se veían al fondo de la playa como pequeños
muñecos de futbolín danzando. Volví la vista para
buscar a Diego en la orilla pero no lo vi. Me puse de espalda y haciendo
el muerto sobre la superficie del mar dejé que el sol de media
tarde espiara mi desnudo. Estaba cálida con los brazos extendidos
y las piernas entreabiertas, sentía las olas intentando colarse
entre mis piernas, haciéndome cosquillas, me gustaba. En ese momento
de relajación casi erótica la cabeza de Diego surgió
de las profundidades apareciendo entre mis piernas y agarrándome
los tobillos, ¡Tú eres tonto niño! grité
y me sumergí de golpe para evitar que me viera desnuda pero ya
era demasiado tarde. Él no se lo esperaba, sólo venía
a jugar como un niño, quería hacerme una ahogadilla y no
había podido porque al agarrarme los tobillos se encontró
de frente con mi desnudo. Lo miré enfadada y cuando iba a gritarle
de nuevo diciéndole que era un estúpido idiota vi como dos
lágrimas avergonzadas se escapaban de sus ojos.
-Lo siento Sandra, no sabía que.... perdóname...- y se dio
la vuelta para regresar a la orilla.
-Espera Diego, no te vayas- me había roto el corazón, pobrecillo-
ven, no te vayas.
Nadó lento de nuevo hacia mí y se paró a más
de medio metro de donde yo estaba.
-Siento, haberte gritado, es que me asusté, no te esperaba- me
miraba sonrojado sin decir nada- ¿me perdonas?
-Yo no tengo nada que perdonarte prima, perdóname tú porque...-
miró el agua que envolvía mi cuerpo desnudo y después
miró mi bañador en la muñeca...- no sabía
que estabas así.
- ¿Así, cómo Diego?- empecé a jugar con él
para ver qué le pasaba. Miré la playa, el campamento estaba
lejos y Álvaro jugaba olvidado de su pequeña hermana- dime
Diego ¿así cómo?
-Así- me señaló con un gesto de cabeza- ya sabes...-era
un niño, le avergonzaba decirlo.
-Desnuda, Diego, la palabra es desnuda.
-...ya lo sabía pero me da corte- se sumergió para que no
viera como se había puesto colorado, aproveché y me acerqué
a él.
-Has crecido mucho Dieguito, seguro que ya tienes novia.
-No todavía no...
-No, con lo guapo que eres seguro que muchas chicas quieren ser tu novia.-
me apoyé sobre sus hombros y extendí mi cuerpo hacia atrás
dejando que el sol viera mis nalgas- ¿no te lo ha pedido ninguna
chica del cole, Diego?
-No,...-titubeó- bueno una vez Carol, la de la segunda fila, me
dio un beso en el recreo cuando marqué un gol, a mí me dio
vergüenza pero nada más.
-¿Sólo te besó?
-Sí
-¿Dónde? ¿Aquí?- y le besé sensual
la mejilla. Tardó en responder
-No- me miró y se llevó los dedos a los labios- aquí
-¿Y fue así?- me acerqué y besé sus labios,
deslicé la lengua sobre ellos y se la metí en la boca, apreté
y empecé a moverla muy sensual y juguetona, él no sabía
que hacer- mueve la lengua, Diego, intenta enredarla con la mía-
y seguí pegándole el lote. Él se animó y sin
dejar de mover los pies y los brazos para no hundirse, absorbía
mi lengua y se dejaba enseñar-
-¿Te habían dado alguna vez un beso así, primo, con
lengua?
-No- susurró
-Entonces tampoco habrás visto nunca una mujer desnuda-
-No, bueno a mamá a veces y en las revistas pero de verdad no.
- ¿Quieres mirarme, Dieguito?- y sin que me respondiera volví
a hacer el cristo sacando todo mi cuerpo a la superficie del agua para
que mi pobre primito viera a la primera mujer desnuda de su vida de verdad.
Me miró de arriba abajo, no sonreía, su expresión
era una mueca de sorpresa, agradecimiento y vergüenza, me recorría
palmo a palmo con los ojos, vi que se detenía a mirarme los pechos
con los pezones tiesos por el contacto del agua y la excitación
que me daba mi primo al mirarme. Siguió mirando mi vientre y cuando
llegó al vello de mi entrepierna miró de reojo, suspiró
y me miró a la cara sin decir nada. Me moví en horizontal
hacia él, pasé una pierna por encima de su cabeza y lo dejé
entre mis piernas, de frente a mi conejito que ya estaba húmedo
y salado, no precisamente por el mar. ¿Lo ves bien ahí
Diego? y se lo acerqué más a la cara ¿esto
tampoco lo habías visto nunca verdad?, negó con la
cabeza, sudaba y respiraba tan rápido que su aliento me llegaba
al choco, seguro que te gustaría tocarlo, venga hombre, aprovecha,
e inocentemente, con miedo a que mis labios vaginales excitados y abiertos
le succionaran las manos, acercó sus dedos y acarició suavemente,
me estremecí a su contacto. En una película de esas pornos
yo había visto como un hombre le tocaba a una mujer el chocho y
después la hacía gemir dándole gusto con su picha
y con los dedos, había visto un par de veces a mis padres en su
dormitorio, una vez un chico del colegio un par de cursos mayor que yo
que se sentaba conmigo en el autobús del cole, me dijo que si le
dejaba tocarme por debajo de la falda el me dejaría tocarle los
calzoncillos. Estaba sobre el mar, el sol me caía en los pechos
y la barriga y Diego me acariciaba cada vez con menos vergüenza.
En el autobús con mi compañero, cuando me tocó un
rato noté un calor en las bragas que me subía hasta la barriga
y así aprendí que tocándome como él me daba
gusto. Ahora no era yo la que me lo daba, era como en las películas
que había visto, era Dieguito que me frotaba curioso y agradecido,
empecé a gemir y pensé que tenía que aprovecharme
de aquel momento de inocentes descubrimientos. Gemí cuando en su
exploración encontró ese botoncito que tanto me gusta apretarme
y mi cuerpo empezó a temblar, miré hacia la playa y vi que
no nos echaban en falta, miré a Diego que seguía embobado
en mi sexo y vi la cala que sobresalía a unos cien metros de nosotros.
-¿Me acompañas, primo, quiero enseñarte una cosita?-
lo besé con lengua unos segundos y nadé hacia el risco-
Llegó unos minutos después que yo y le costó subir.
Me había colocado en un recodo de forma que veíamos la playa
pero el perfil de la cala nos ocultaba y no se nos veía desde la
arena. Diego salió del agua respirando acelerado, cansado por la
nadada inesperada. Se quedó de pie mirando intentando recuperar
el aire. Lo miré. Que bonito era. El agua sobre su piel, el sol
haciéndolo brillar, el bañador... buff, el bañador
se le pegaba al cuerpo por el agua, le marcaba la superficie del calzoncillo
de red interior descubriendo una adolescencia curiosa. Estaba sentada
de frente a él y abrí las piernas para invitarlo, acércate
mi amor, se acercó y se quedó mirándome desde
arriba, aún no se había empalmado pero me miraba celoso,
¿por qué no te quitas el bañador primo?,
y empezó a bajárselo, se desprendió de él
y siguió de pie mirándome de arriba abajo. Tenía
una pija no muy grande, estaba arrugadita y una pielecilla le colgaba
delante, como a mi hermano cuando lo vi saliendo de la ducha hacía
poco, era larguita pero finita y no la tenía tiesa como las de
la peli pero a veces se le movía un poco.
-Diego, ¿se te pone dura la cuca? Ya eres un hombrecito, seguro
que ya te tocas- me pasé las manos por el chumino para relajarlo.-
¿se te pone dura y se te empina, Dieguito?
-Sí, a veces, por las mañanas,... y por la noche si me toco,
a veces veo la tele y si salen chicas guapas pues...
-Y cuando se te empina ¿qué haces?
-No sé...-bajó la cabeza avergonzado- me toco solo...
-Diego, tu eres mi primo favorito lo sabes...
-Sí...
-Me encanta verte ahí desnudo, me gusta...-quería hacerme
la experta y me seguí tocando el chocho y las tetas- verdad que
si te pido que hagas cositas para mí, tú que me quieres
me las haces ¿verdad Dieguito?
-Claro dime...- su voz sonaba temerosa pero tan inocente que le sonreí.
-Tócate para mí, quédate ahí de pie y tócate
como a ti te gusta y ver cómo se te pone durita...
Tardó en reaccionar, miró alrededor por si nos veían
y tímido e inexperto se cogió la pilila y empezó
a frotársela. Lo hacía de modo diferente que en las películas.
Las mujeres de la tele la agarran con toda la mano y aprietan de arriba
abajo muchas veces, las cucas crecen y entonces ellas tocan la punta y
las agitan hasta que el hombre gime y se los meten el en la boca o en
el chocho. Diego no se la tocaba así, él se pasaba la manita
y se apretaba la punta, ya se le estaba empinando y se la cogió
con las dos manos, no me miraba, creo que le daba mucha vergüenza.
-Ven primito, siéntate aquí y sigue, estarás más
cómodo- le hice sitio a mi lado y me obedeció sin soltarse
la pichila. Lo miré y lo besé en la boca, ya sabía
como tenía que seguir y su lengua empezó a enrollarse en
la mía- ¿seguro que nunca te ha tocado la pollita una chica,
vedad mi niño?
-No,- sólo su respuesta en gemido avergonzado fue un ruego.
-Y seguro que te gustaría que tu primita te acariciara ¿verdad?
-Si
Le retiré la mano del tolete y lo agarré. Qué maravilla,
estaba sorprendida, estaba dura, muy caliente, temblaba cuando la acaricié,
nunca había hecho algo así pero aquel tacto me gustó
así que siguiendo lo aprendido en la tele empecé a subir
y a bajar mi mano cerrada sobre su pija dura, Dieguito empezó a
gimotear y empecé a menear más rápido, la punta la
tenía muy roja y le goteaba unas gotita amirillitas, Diego gemía
y creí que le hacía daño pero no paré, ¿Te
gusta primo?, me miró y sonrió sinceramente, no podía
hablar y asintió con la cabeza cerrando los ojos y suspirando profundamente
cuando llevé la mano hasta abajo del todo y las apreté contra
los huevillos duros. Me gustaba mucho hacer aquello, era divertido, mi
primo estaba disfrutando como un loco y yo sentía mi chumino goteándose
todo. Cada vez su glande estaba más hinchado y cuando lo tocaba
Diego se removía y gemía más fuerte; me acordé
de las chicas de las pelis y como vi que seguía goteando su agujeruto
de la punta, me acerqué y con la lengua empecé a chuparlas,
Dieguito se derrumbó sobre las rocas y yo al sentir el sabor de
su cuca en mi boca y saber que eso a los machos les gusta, porque en los
chats de internet lo dicen mucho, volví a chupar varias veces y
después me la metí en la boca. Eso lo había visto.
Hay que cerrar los labios y apretar con ellos de arriba abajo, como si
fuera un chupete largo, me cabía casi toda en la boca pero cuando
subía hasta el capullito y bajaba rápido apretando, la punta
me daba en la garganta, me ahogué pero después seguí
porque Diego estaba muy empalmado y quería verlo gozar. Yo tenía
el chocho muy baboso y empecé a tocarme mientras le chupaba pero
de pronto noté una mano intentando sustituir la mía, era
Diego, le cogí los dedos y le marqué el ritmo como a mí
me gusta hacérmelo sin sacarme su polla de la boca y girando mi
culo hacia su cara, dejé que me tocara él solo, volví
mis manos a su polla dura a punto de estallar. Me la tragué varias
veces y con las manos empujaba su piel hasta abajo, apretándole
los huevos hasta que en una de mis succiones noté como los huevos
se contraían y algo, como una ola desde ellos, subía por
el rabo, lo sentí caliente subir por debajo de mis manos, no sabía
qué era pero seguro que a mi primo le estaba gustando porque gemía
mucho así que meneé las manos más rápido y
sin que pudiera reaccionar se derramó justo cuando me la había
metido entera de nuevo en la boca, me llenó la garganta y empecé
a tragar para no ahogarme, como vi que cuanto más movía
las manos y seguía tragando Dieguito más decía siiii,
mmmmm,aahhhh,siiii, continué chupando hasta que dejó de
salirle el chorro. Tenía un sabor raro pero me gustó aquello
caliente desbordándose dentro de mi boca escuchando el placer del
chico sin dejar de tocarme.
-¿Te ha gustado primo?
-Sí mucho- seguía tocándome pero más despacio.
Me senté bocarriba con las piernas abiertas y cogí su mano.
-Sé que te ha gustado Dieguito- meneé sus manos por toda
mi raja mojada- pero si quieres que vuelva a hacértelo otra vez
vas a tener que hacerme el gusto a mí- me miró inocente
incorporándose. Lo besé violentamente con la lengua hasta
la garganta y bajé su cabeza a mis tetas- chupa, Diego, como si
fuera tu mamá y quisieras comer de mí
Empezó a chupar como un bebé hambriento y cuando le apreté
la cara contra mis tersos pezones empezó a juguetear con ellos
y su lengua.
-¿Qué más sabes hacer con la lengua, primo?
-¿Cómo?- no me entendía
Bajé su cabeza hasta mi vientre, se dejaba hacer así que
seguí empujándolo y lo miré. Enséñame
lo que sabes hacer con esa lengüita, métesela a la primita
en el chumino, como en la boca, muévela dentro....
Empezó a chuparme despacio, a girar la lengua en punta sobre mi
clítoris y se atrevió a metérmela y moverla dentro,
rápido, con fuerza como yo se la había metido en la boca.
Me gustaba mucho sentir a primo lamiéndome toda, chupándome
los labios, la vulva, el clítoris. Estaba muy salida y le llevé
los dedos a la raja del chocho, no sabía si metérselos porque
yo no me los meto muy adentro y no sabía qué iba a hacerme
él pero su lengua en mi botoncito me tenía muy salida así
que aproveché mis flujos y empecé a empujarle el dedo índice
en mi vagina, el sólo lo movía cuando yo le movía
la mano así que perdí el miedo y dejé que siguiera
meneando la lengua dándome escalofrías en el clítoris
y moví con más fuerza su dedito en mi coñito. ¡Qué
gusto, mmmm!, el gemido fue incontrolado síí,
Diego, sigue así, mmmmm ¡qué gusto me das! sigue Diego,
no pares porfavor, sigue, sííí.... Me vine
en gemidos y con unos chorros que nunca había echado al tocarme
a solas, estaba agotada, pero los espasmos de mi cuerpo continuaron hasta
que me vacié. Dieguito seguía lamiéndome como un
perrito, recogiéndome toda por las ingles, secándome, me
pasaba los dedos y seguía chupando por si salía más,
me contorsionaba en sus caricias y él seguía juguetón,
inocente, descubriendo los movimientos de mi sexo cada vez que lo tocaba,
lo mira absorto, sonriendo como ante un regalo deseado. Chupaba y me miraba
para ver qué hacía yo y yo lo acariciaba por la frente,
con las piernas abiertas, atrapado por mi olor vaginal, lamiendo goloso.
Después de un tierno momento de caricias, se recostó sobre
mi barriga y susurró.
-Gracias, prima, nunca lo olvidaré.
Lo retiré de mi vientre, me incliné y lo besé en
los labios.
-Enjuágate la boca antes de volver, tienes mis ricitos pegajosos
en la lengua y hueles a conejito a gusto.
Volví a besarlo y salté desde la cala al mar. Regresé
sin mirar si Diego me seguía. Quería hacerme la experta
pero en realidad mi primo me enseñó que me da más
gusto que me toquen otros que hacerlo yo solita.
Sandra.
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