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Hija y madre |
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Me llamo Ángela y todo el asunto comenzó cuando cumplí
los 14 años. Ante todo, debo decir que mi madre murió al
nacer yo, y crecí sola con mi padre. Mis padres eran hijos únicos,
por lo que nunca he tenido más familia que mi padre. Se casaron
muy jovencitos, (de "penalty"), él tenía 17 años
y ella 16. Cuando tenía 13 años a mi padre le destinaron
a otra ciudad. Allí no nos conocía nadie. En lo físico,
me parezco a mi madre. Al poco de llegar allí, me vino mi primera
regla y como todavía no había hecho amigas, pues era verano,
en plenas vacaciones, no había empezado al colegio. Estaba sola
en casa cuando noté que manchaba y estaba muy asustada. Al llegar
mi padre a casa, nos sentamos en el sillón, me abrazó fuerte
y me explicó todo lo que debía saber. Según me iban
creciendo los pechos, notaba que mi padre me miraba más. Al poco
de cumplir los 14 años, un día al regresar a casa, me encontré
a mi padre saliendo del baño desnudo. Estaba lloviendo y yo regresaba
a casa empapada. Llevaba una blusa muy fina y un sujetador bastante transparente,
por lo que al estar mojados se me marcaban mucho los pezones. Nos quedamos
mirándonos el uno al otro y me preguntó si había
conocido algún chico en el barrio. Le dije que no. Seguía
mirándole fijamente y a mi padre se le estaba poniendo tiesa. Le
pregunté a ver si podía tocárselo y me dijo que sí,
pero que antes me diese un baño y me pusiese ropa seca para no
coger una pulmonía. Antes de ir al baño, al pasar junto
a él le rocé con la mano y le dije: --¡Qué suave, papá! Él me retiró la mano y me dijo que lo dejara para luego. Entré en la bañera, y a los pocos minutos entró mi padre preguntándome se quería que me frotara la espalda. De niña me lo había hecho muchas veces, aunque al ir creciendo dejó de hacerlo. Le dije que sí, que me gustaba. Se puso detrás, se echó un poco de gel en la mano y comenzó a frotarme suavemente la espalda, los hombros. Luego me hizo ponerme de pie y siguió frotándome el culo, las piernas, Volví a sentarme en la bañera y siguió sus manos por mis clavículas, llegaron a mis pechos y ahí se quedaron unos momentos, mientras con uno de sus dedos masajeaba suavemente mis pezones. Éstos se iban poniendo cada vez más duros y notaba un ardor en mi sexo. Le dije a mi padre y me contestó que enseguida me lo calmaría. Seguidamente bajó su mano por mi estómago hasta llegar
a mi sexo. Pegué un bote y me dijo que estuviese muy tranquila,
que no me iba a hacer daño y que esas caricias me encantarían.
Mientras su mano seguía allí, uno de sus curiosos dedos,
encontró el botoncito erótico y empezó a masajeármelo.
Yo estaba estremecida y empecé a gemir y a jadear de placer. Al
poco papá me dijo que me había corrido por primera vez.
Que había anhelado hacer esto hacía bastante tiempo. Salí
de la bañera y me sequé rápidamente. Papá me esperaba en su habitación. Me sentí cohibida
y me abrazó fuertemente, diciéndome palabras cariñosas.
Me tumbó en la cama y me besó. Sentir sus labios pegados
a los míos, su lengua suave jugueteando con la mía, me volvió
a excitar. Bajé mis manos por su torso y agarré su pene.
Era tan suave, y estaba tan grande, y tan dura que al principio me asusté
al pensar que al penetrarme me iba a partir en dos. Papá me tranquilizó diciéndome que mamá también
se había asustado la primera vez, pero que luego le pedía
continuamente que se lo volviese a meter. Eso me tranquilizó. Se
tumbó a mi lado y me preguntó si quería saborearle.
Le dije que sí y me metió su hermosa polla en la boca. Le
fui lamiendo poco a poco y notaba como se iba hinchado más hasta
que explotó dentro de mi boca. Me tragué su semen y me gustó.
Luego me volvió a tumbar en la cama boca arriba y se puso encima
y empezó a bajar sus labios por mi cuello, hasta llegar a mis pechos.
Me los chupó, lamió y saboreó todo lo que quiso y
siguió bajando sus labios por mi estómago hasta llegar a
mi sexo. Me dijo que si con la mano me había dado placer, con la
boca iba a disfrutar más. Estaba muy caliente y según noté
su lengua por mi sexo, entrando en mi vagina, exploté. Instintivamente
apretaba con las manos la cabeza de papá contra mí cuerpo.
Veía mis jugos en su cara, en su boca. Él volvía
a estar totalmente empalmado. Se colocó entre mis piernas yse metió
de un golpe. Grité de dolor, pero me calmó con suaves caricias
y palabras cariñosas. Empezó a moverse lentamente al principio,
para ir sacando y metiendo con más fuerza cada vez. Me gritó
que se iba a correr y en cuanto sentí su semen fluir por mi cuerpo
exploté. Nos quedamos tumbados, sin aliento, durante un rato mientras
recuperábamos la respiración, él todavía con
su pene dentro de mí, sudorosos, mientras nos besábamos
suavemente. Al rato, se volvió a empalmar y entonces me penetró
por detrás, mientras que sus dedos jugaban con mi clítoris.
Fue fantástico. Posteriormente, me enseñó muchas
posturas y maneras de hacer. De esa primera vez, me quedé embarazada. Como al poco de llegar
a la nueva ciudad alquilamos un pequeño apartamento en un barrio
que según le dijeron a papá en la empresa, no era muy aconsejable
para mí, nos cambiamos de barrio. Allí nadie sabía
nada de si éramos padre e hija o éramos pareja, no nos importó
que yo estuviese embarazada. En la calle le llamaba por su nombre. Tuvimos
tres hijos y una hija a cada cual maravillosos. Han pasado varios años y en la vecindad ha cambiado bastante gente.
Tengo ahora 42 años y papá aunque era joven todavía
murió tras una larga enfermedad. Hará cosa de un par de
años más o menos, vi a una pareja, él tiene 4 años
más que yo y ella, una jovencita, besándose apasionadamente
en el portal. No le di importancia pero a los pocos días sin querer,
ya que las paredes de las dos casas están pegadas, oí que
ella le llamaba papá. Al poco un conductor borracho la atropelló y la mató. El
padre quedó desconsolado y un día según subíamos
en el ascensor empezamos a hablar. Le pregunté si quería
tomar una copa en mi casa a lo que accedió. Comenzamos a hablar
y entre sollozos, me confesó que había mantenido relaciones
con su hija durante años y que ahora no sabía qué
hacer. Yo le confesé lo mío con mi padre. Después
de eso, empezamos a mantener una amistad que ha ido convirtiéndose
en amor. Él no había tenido hijos con su hija. Les comenté
a mis hijos y me contestaron que adelante, que yo era muy joven para vivir
el resto de mi vida sola, y además mi hija me dijo que incluso
era joven para tener más hijos. Los cuatro me confesaron que ya sabían que su padre era a la vez
su abuelo, que él les había confesado todo antes de morir.
Se lo dije a Ernesto que es el vecino en cuestión y me dijo que
estaba encantado, que siempre había querido tener hijos. No nos
hemos casado, aunque vivimos juntos. Estamos a punto de tener gemelos,
dos chicos. Estamos encantados. Y en la cama... Aunque distinto de mi
padre, Ernesto es fantástico. He aprendido algunas cosas con él
que nunca había hecho con papá. Espero que os guste la historia.
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