|
|
||||||||||
|
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Ariadna y su tío |
||||||||||
|
Desde la primera vez que hicimos el amor, y durante los siguientes dos
años, Ariadna y yo fuimos noviecitos de mano sudada ante todo el
mundo (o, como verán, casi todo el mundo), y novios y amantes de
verdad en nuestro paraíso secreto. Cogíamos todos los días
que podíamos (dos o tres veces por semana), e hicimos muchas travesuras.
En verdad, lo aprendí todo de ella, y desde entonces muy poco he
añadido a mi arsenal. Incluso, pasaron casi tres semanas para que
volviera con Lupita, con quien durante esos dos años cogí
dos o tres veces al mes, cuando me pedía que cuidara a sus críos,
instaurándose la costumbre de pagarme con cuerpomático.
Lo de Lupita era delicioso, pero Ariadna, sin duda no tan guapa y veinte
años menor, sabía más y era más experta...
y era mi chica. Dos años, porque reprobé aposta el tercero
de prepa. De hecho, fue Ariadna quien me obligó a volver con Lupita, para
que así no tuviera yo, según dijo, celos de su Tío
ni de nadie más. Pero cuando volví con Lupita, obligué
a Ariadna a narrarme cómo había empezado con su Tío,
y así como me lo contó, se los cuento: Como sabes, yo soy feroz lectora, y desde muy chiquita me hice de mis
propias ideas acerca del sexo. Durante el primer año de secundaria
me aislé por completo del mundo, haciendo lo posible apenas para
no perder el año, y siguiendo cuanta guía teórica
caía en mis manos, me dediqué a explorar mi cuerpo y a masturbarme,
y no haré larga la historia. Al terminar el año hice una
reflexión profunda y decidí que antes de ser virgen muchos
años más, hasta casarme, cual se acostumbra en este pinche
pueblo (aunque cada vez hay más trasgresoras, hay que reconocerlo),
debía "activarme". Mi precoz lectura de Lolita, me había indicado el camino. Para
mí estaba claro que Lolita había empezado todo, y no su
puto y supuesto "seductor". Lo malo para ella fue que perdió
el control y cayó totalmente en sus garras, cosa que, en mi caso,
habría que evitar. Mi Humbert-Humbert sería, lo decidí
tan pronto tuve claro lo anterior, mi tío Lorenzo, hermano menor
de mi madre, quien tenía entonces 31 años y era un vago
de puta madre. Según él, era escritor, pero no daba golpe
y vivía con su madre, mi abuela, quien, como sabes, es una agradable
viejita, que ya no camina y apenas oye. Lencho, yo lo sabía, había
tenido muchas novias, pero ninguna se quedaba, y en mi casa estaba mal
visto, "por hippie", decían mis padres, aunque yo desde
niña acostumbraba pedirle sus libros, o simplemente tomarlos. Así
fue que leí Lolita y otros instructivos textos, sobre todo los
de Xaviera Hollander, mi ídola: yo me dije que de grande quería
ser como ella, pero empezaría antes. Llegadas las vacaciones leí
y leí, y soñé y soñé, y finalmente
puse fecha: una semana después de mi cumpleaños, de mis
trece, lo haría, y pensé en los detalles. Así fue. Pedí permiso para dormir, como tantas otras veces,
en lo de la abuela, en su cuarto de visitas, que estaba al lado de la
habitación de Lencho, mi tío. Era un viernes y supuse que
llegaría tarde, y así fue. Yo estuve espiando el momento
en que mi abuelita se durmiera, y dándole media hora más,
me pasé al cuarto de Lencho y preparé la escenografía:
saqué Las edades de Lulú, que había leído
recientemente, y me quedé en camiseta, sin sostén, y pantis.
Por aquel entonces había empezado a obsesionarme con mis medidas,
y según mis registros, eran de 76-55-69, con 1.43 de estatura:
nada mal, una perfecta Lolita. Con el libro abierto a mi lado, una mano
en la concha, y semitapada, fingí quedarme dormida... es decir,
dejé de leer y lo fingí cuando lo oí llegar, apenas
pasada la media noche. Entró a la recamara y, por lo visto, estuvo mirándome con
cuidado, hasta que me despertó tocándome el hombro desnudo.
Yo sentí una descarga de energía y de miedo, porque sabía
lo que debía pasar. Abrí los ojos, y cuando me dijo "hola",
le contesté que lo estaba esperando. "¿para qué?",
preguntó. "Para que tu, mi tío favorito, me hagas,
como regalo de cumpleaños, lo que le hicieron a Lulú".
Se me quedó viendo de hito en hito, y volví a decirle: "si
no lo haces tu, lo hará cualquier otro, y a ti te quiero, y me
gustas, y se que me vas a cuidar". Todo eso lo dije sin levantarme,
reclinada en un codo, y con él sentado ahí al lado, al alcance
de mi mano. Lencho, tu lo conoces (no, sólo le vi los pies, contesté
yo, el narrador), bueno, Lencho, ya te digo, 31 años, jeans descoloridos,
huaraches o tenis, camisa de manta, chaleco chiapaneco guatemalteco, alto
y flaco, de bigote, facciones afinadas, lentes a la John Lennon, aire
ausente, cigarrillo sin filtro en los labios, todo el tiempo, en fin,
ya lo conocerás, puso su mano sobre mi hombro y empezó a
acariciarme, entonces yo, urgida y curiosa, moví mi mano hacia
su pene, pero él me pidió que me quedara quieta, que me
recostara y lo dejara hacer. Yo nunca he sido muy pasiva, así que
le dije que lo que fuera, pero que me dejara verlo antes. Entonces se
paró, cerró la puerta con seguro y se desvistió rápidamente,
mostrando una verga tremenda, que me asustó, y razón había,
porque es desmesurada, por eso me gustan tu y Luis, para variar y porque
el placer no debe ser dolor (la besé en ese momento)... o no siempre.
Bien, lo vi con los ojos como platos, lo vi pensando que en unos minutos
lo iba a tener dentro, lo vi con miedo, con el miedo que no había
tenido al decirle lo que le dije. Pensé incluso en rajarme, pero
no había llegado tan lejos para eso, así que hice de tripas
corazón y me quedé quieta, como él me había
dicho. Lencho se acercó, me bajó la braga y me abrió
las piernas. Otra vez pensé que ya tenía dentro ese trozo
de carne, pero no, aún no. Por lo pronto empezó a tocarme,
a acariciarme las piernas, los pechos sobre la blusita que aún
llevaba puesta, los labios vaginales, hasta que poco a poco me fue haciendo
olvidar el miedo. Entonces, sin haber tocado lo que yo quería que
tocara, el clítoris, se paró, y con voz ronca, preguntó
"¿te has masturbado?" Yo sólo asentí y
él me dijo: "hazlo, quiero verlo". Yo le hice caso, meneándome
el clítoris de la forma que había aprendido, y cuando empecé
a agitarme, a temblar, él se echó sobre mí sin decir
nada, me abrió los labios, y guiando su mastodonte, lo metió
de sopetón mientras con la otra mano me cerraba la boca. Yo sentí
una gran desgarradura, que me partía en dos: creí que me
lo había ensartado entero pero no, porque apenas estaba pasando
el dolor cuando dijo: ahora espérame, voy despacito, aguanta...
y aguanté como toda una hembra, porque cada empujón que
daba me dolía hasta el alma, y hasta que la sacó, un siglo
después, así fue. Entonces vi mi sangre y empecé
a llorar, dije que así no lo había pensado. El me consoló y dijo: "va otra vez, pero si no quieres, no
te la meto, sólo pídela si la quieres". Yo pensé
"¿cómo habré de quererla, al menos hoy, si todavía
me duele?", pero cerré los ojos, y él empezó
a lamerme los labios y tan adentro como podía, y al principio sentí
alivio en lo que para mí eran quemaduras, pero pronto empecé
a sentir el cosquilleo conocido y agradable, y parece que él se
dio cuenta, porque empezó a succionarme el clítoris, cosa
que como tu sabes, me vuelve loca. Cuando estaba por venirme quise gritar
que me la metiera, pero preferí estallar en su cara, y gemir profundamente,
para no despertar a la abuela. El, con paciencia, volvió a empezar,
y esta vez sí le pedí que entrara, y lo hizo, no se si con
mayor suavidad que la anterior vez, pero sí sentí, aunque
aún adolorida, el placer de sentirlo dentro, y luego su suave muelleo
sobre mi, cargando su peso en mi humanidad. Fue delicioso, aunque no me
vine, máxime cuando él, al salir, me masturbó hasta
que alcancé el segundo orgasmo de esa noche. Y desde entonces, es mi amante, soy su Lolita. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Las mas jovencitas de la red Descarga las mejores fotos y videos de la red
|
||||||||||
|
¿Escribes
relatos eroticos? Mándamelos
por mail y los publicaré
|